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Este jueves un relato: En los zapatos de otro














--Por la cara con la que me mira, me doy cuenta de que no me comprende.
Lo sé, es difícil ponerse en mi lugar, no es algo que a usted se le presente todos los días en consulta, pero es que sentirse mujer en este cuerpo de hombre es algo muy doloroso.  La incomprensión ante mi problema es manifiesta. La gente me rechaza, Francisco lo peor es lo de mi familia. Nunca pensé que mi madre, la que me trajo a este mundo,  no entendiera mis razones para cambiarme de sexo.  Ella lo supo siempre, me castigaba cuando me paseaba por la casa con sus tacones siendo un niño y cuando jugaba a maquillarme  con las pinturas que le cogía de su bolsa de aseo. ¿Y usted? No me dice nada. Claro, le pareceré un monstruo por la vida que he llevado hasta ahora, pero no tenía otra manera de ganar el dinero suficiente para operarme. No se puede hacer una idea de la cantidad de perversos que disfrutaban de mi doble sexo.  Soy la fantasía de hombres y mujeres, ¿a que no se lo podía imaginar? Pero ya no puedo más, es el momento de abandonar esta cárcel que me tiene presa, necesito que me haga ese informe, que diga que no  tengo problemas psicológicos y que de una vez por todas me operen.

El doctor sonríe, le dice que no se preocupe, que le entiende. Andrés se relaja en el asiento.
El médico abre el cajón de su mesa y extrae un papel de informe, al levantarlo  queda a la vista su antiguo carnet de identidad y lee María Francisca  Luengo Fernández. 


Más en casa de Gastón 

Comentarios

Teresa Oteo ha dicho que…
Vaya, sí que le entendía bien y tanto!
Qué bueno el final! y el tema de lo más apropiado.
Es triste que haya gente tan intolerante y retrógrada...
Me ha gustado mucho madrijuevera.
Un beso grande.
Mar ha dicho que…
Mª José,
genial giro, brusquísmo el que da tu relato al final! Supongo que a este doctor no le costará empatizar con este paciente. Me parece una decisión tan difícil! Qué valentía la de esas personas que deciden cambiar de sexo!
San ha dicho que…
Pues si que le entendia sí, ese giro me ha gustado. Supo elegir doctor sin duda.
Besos.
Neogéminis ha dicho que…
Casualmente hoy vi algo de un informe en que la hija/o de Cher contaba todo lo que debió padecer cuando decidió cambiarse de sexo. Creo que no debe ser nada fácil aceptar semejante decisión, más cuando los padres intentaran negar lo que seguramente sería muy visible, porque algo tan importante y determinante no surge de la nada. Las señales deben de surgir desde muy temprano.


Un abrazo
Natàlia Tàrraco ha dicho que…
Nada como haber pasado por lo mismo, empatía total.
Total incomprensión sobre el tema que expones en mucha gente. Nos nacen con un sexo, luego puede suceder que el cerebro nos diga que somos otra cosa, y el instinto y el corazón.
Adelante, a ser lo que se quiere y siente, las señales salen a flote desde temprano, madre, padre, familia, supuestos amigos, se empeñan en negarlo, en ocultarlo como una verguenza. !Ya era hora Andrés!, Andrea, bonito nombre.
Lo has contado magistralmente María José. Besito.
Marta C. ha dicho que…
¡Uf, esta semana nos está tocando reflexionar sobre los grandes conflictos entre las personas TODAS y una sociedad llena de prejuicios! Este que tú planteas afecta a lo más intimo de la persona, su identidaad. También el médico se equivocó con su identidad, la del carnet. Besos.
Ismael Pérez de Pedro ha dicho que…
el mundo está lleno de prejuicios, a veces dudo de si estamos hechos para vivir en sociedad, saludos
censurasigloXXI ha dicho que…
Pues eso digo yo siempre, cada cual, mientras sea su deseo y no obligue nadie a actuar igual, pues bravo por él o ella.

Un abrazo, compi! cafelito para todo el día y con hielitos.
Matices ha dicho que…
Pues me alegro, ese matiz hará que su vida cambie y de eso se trata de conocer para saber, es triste, si, pero es así. Nadie se merece vivir una vida que no le pertenece más si se puede solucionar...

Besos!!
Any ha dicho que…
Ah justo que por acá estamos estrenando la posibilidad de adecuar el documento de identidad a lo que elijamos, hombre o mujer. Y tanto tiempo que ha llevado, lo han conseguido al fin. Que se debe sentir uno muy mal en la cola para votar por ejemplo, con tacos y minifalda, mientras el de la mesa llama "Carlos Gonzalez!" y todos se dan vuelta y lo miran como si fuera extraterrestre.
Claro, como no iba a entenderlo el médico ... si el habrá pasado por lo mismo. Me sorprendió la vuelta final, muy bien pensada.
Que cada uno viva su vida como quiera y trate de ser feliz, que de eso se trata.
un beso
ANTIQVA ha dicho que…
Que triste que todavia haya paises en donde la homosexualidad este considerada un crimen...

Ufffffff

Un abrazo, amiga
G a b y* ha dicho que…
Ojalá algún día, tantos prejuicios se extingan. Al final, el sexo no hace a la persona, y la calidad de uno, va en otros asuntos y comportamientos que nada tienen que ver con este en particular.
Me ha gustado mucho como enfocas el tema, y ese final inesperado, que pone al médico exactamente en sus mismos zapatos.
Un gusto leerte y compartir un jueves más!
Besitos al vuelo:
Gaby*
Anónimo ha dicho que…
Y tanto que lo entendía, no hay ningún problema que afecte únicamente a una sola persona. Sentimientos de mujer en un cuerpo de hombre o sentimientos de hombre en cuerpo de mujer. Grave en cualquier sociedad donde aún están marcadamente definidos los roles de género.
Un fuerte abrazo.
Fabian Madrid ha dicho que…
Me encanta el final sorpresivo. ¡Cuántas historias habrá que no conozcamos...! El sacarlas a la luz, a lo mejor hace más fácil la vida de algunas personas. Felicidades
Carmen Andújar ha dicho que…
Desde luego que le daría el informe.Un final muy sorprendente, en este caso se puso realmente en los zapatos del otro.
Un abrazo
Leonor ha dicho que…
Tuvo suerte al encontrar en la consulta a este médico. Hay mucho intolerante. La sorpresa del final explica ese total entendimiento.
Un beso.
Luis Rodriguez ha dicho que…
Eso es realmente estar en los zapatos del otro, pero de un modo extremista. Me encantó la forma que vas planteando los problemas de la protagonista. Hemos coincidido (en parte)con el mismo tema para exponer la idea de los zapatos del otro. Excelente y muy sorpresivo.
Seguiré el recorrido nos veremos en la zapatería en cualquier momento!
Manuel ha dicho que…
Desde luego la mejor manera de meterse en los zapatos de otro es usar el mismo numero y teer los mismos gustos en "calzado", aunque a veces los mas semejantes son los que menos comprenden.
Un beso
Alfredo Cot ha dicho que…
Una vuelta de tuerca más y parecía que la rosca ya estaba completada.
Curiosa situación, para pensar, no es tan fácil, ni tan obvia.
En casa del zapatero, no siempre hay zapatos de palo.

Buen texto, envolvente y con perla en el interior.
Besos
Juan Carlos ha dicho que…
Je, hay veces en la vida profesional que uno empatiza más de lo que la gente cree.
Muy buen relato María José.
Besos.
Sindel ha dicho que…
Genial!!! Una historia actual tan bien contada.
me pregunto por qué es tan difícil aceptar a los que piensan o sienten diferente. Si lo único que buscan es su felicidad.
Yo estoy de acuerdo con esto, me parece mejor que quién lo sienta lo muestre, y no como tantos casos donde lo encubren y terminan lastimando a mucha gente querida cuando la olla se destapa.
El final impecable, y sorprendente.
Un abrazo.
Cristina Piñar ha dicho que…
Me he quedado más que sorprendida con ese final. Normal que el médico entendiera tan bien al paciente, ¡si resulta que había pasado por lo mismo! Creo que de otra manera le hubiera sido difícil ponerse en los zapatos de esa mujer atrapada en cuerpo de hombre, no es algo sencillo de entender, la verdad. Un beso.
Gastón Avale ha dicho que…
sin dudas fue una de las situaciones que pensé al proponer el tema... la bisexualidad, la carcel del cuerpo en cuanto a la elección sexual... un tema intrigante, real y sincero! un beso maria josé, un relato muy lindo!
rosa_desastre ha dicho que…
Cuanto dolor cabe en unos zapatos, cuanta incomprension o cuanta maldad, cuanta hipocresia, cuantas puertas cerradas... No es facil ser lo que los demas quieren que seas.
Un besazo
Ardilla Roja ha dicho que…
Hola, María José:

La verdad es que yo me volveria loca si mañana me despierto en un cuerpo de hombre. Imagino lo doloroso que ha de resultar la vida encerrada en un cuerpo que no es el tuyo. Admiro la valentía de los transexuales.

Buen relato con sorpresita final. Me ha gustado.

Un abrazo.
Ceci ha dicho que…
¡Qué buen final! Fue una suerte que a tu protagonista le tocara en consulta un médico que comprendía lo que era calzar zapatos que no se corresponden con uno, y que bien podía ponerse en los zapatos del paciente, cosa rara!, nadie se merece menos que eso! Estupendo Ma. José, te mando un gran beso
Encarni ha dicho que…
De verdad que esto no es ponerse en los zapatos del otro, esto es directamente cambiar de zapatos porque los que trajo de por vida no son de su número; menos mal que los puede cambiar.
Voy con retraso como siempre :)

Un abrazo.
Lupe ha dicho que…
Cada jueves que pasa me asombro un poco más de lo que dan de si los temas que nos proponen. Muy fuerte el que nos relatas en tu participación. Afortunadamente para ellos/as las cosas van evolucionando a mejor.

Un placer leerte, Mª José (aunque tarde, llego)

Un abrazo. (Otro para el mejor guía de Córdoba)

Lupe
Tyrma ha dicho que…
En este caso no hacía falta ni cambiarse de zapatos, los dos saben la de rozaduras que pueden provocar...con calcetines incluso.
Muy bueno, María José, debe ser realamente conflictivo vivir en un cuerpo equivocado.
Un beso, amiga.

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