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Este jueves un relato: En los zapatos de otro














--Por la cara con la que me mira, me doy cuenta de que no me comprende.
Lo sé, es difícil ponerse en mi lugar, no es algo que a usted se le presente todos los días en consulta, pero es que sentirse mujer en este cuerpo de hombre es algo muy doloroso.  La incomprensión ante mi problema es manifiesta. La gente me rechaza, Francisco lo peor es lo de mi familia. Nunca pensé que mi madre, la que me trajo a este mundo,  no entendiera mis razones para cambiarme de sexo.  Ella lo supo siempre, me castigaba cuando me paseaba por la casa con sus tacones siendo un niño y cuando jugaba a maquillarme  con las pinturas que le cogía de su bolsa de aseo. ¿Y usted? No me dice nada. Claro, le pareceré un monstruo por la vida que he llevado hasta ahora, pero no tenía otra manera de ganar el dinero suficiente para operarme. No se puede hacer una idea de la cantidad de perversos que disfrutaban de mi doble sexo.  Soy la fantasía de hombres y mujeres, ¿a que no se lo podía imaginar? Pero ya no puedo más, es el momento de abandonar esta cárcel que me tiene presa, necesito que me haga ese informe, que diga que no  tengo problemas psicológicos y que de una vez por todas me operen.

El doctor sonríe, le dice que no se preocupe, que le entiende. Andrés se relaja en el asiento.
El médico abre el cajón de su mesa y extrae un papel de informe, al levantarlo  queda a la vista su antiguo carnet de identidad y lee María Francisca  Luengo Fernández. 


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