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Mostrando entradas de abril, 2011

¡Sorpresa!

¡Sorpresa!¡Sorpresa!


Ayer recibí por correo el libro El crack del 2009 que auna relatos de muchos escritores bago la batuta de Noemí Trujillo, que ha realizado una excelente labor, no sólo con el libro, sino con la organización del evento Villapoética celebrado en el mes de Marzo.
Este libro es un conjunto de relatos de autores que ponen el punto de mira de sus plumas en la situación de crisis económica que vive España y otros paises occidentales. Es un libro que se puede calificar de crítica social y de costumbres, asi reza en las primeras frases que inician el prólogo. Cuento con la suerte de encontrarme entre esos 49 autores junto a maestros como Lorenzo Silva, Ramón Alcaráz... y compañeros de viaje, y algo de maestros,  como Carmen Andujar, Lola Buendía, Mar Solana, Juanma Sosa... Mi relato se titula Venganza y fue un micro que colgué aqui, en este blog, en un jueves. Si alguno está interesado en leer estos magníficos relatos cortos puede pedirlo a la propia Editorial

Ahora os dejo, que…

Ana María Matute recibe el premio Cervantes

Este jueves un relato: Mi radio

He de confesar que no soy persona que se entretenga escuchando la radio. Nunca se me ocurre ponerla y tan sólo, en algunas insomnes noches  me he acordado de ella, y por imitación de mi marido, que la escucha a todas las  horas de la noche, o por lo menos la tiene debajo de la almohada siempre y encendida, la he sintonizado consiguiendo que en lugar de vencer el insomnio, me ponga de los nervios y me desvele aún más. Escarbando en mi memoria radiofónica, ligada a mi infancia, me vienen a la mente algunos recuerdos de distinto sabor y color. Amargo y negro el que tengo de algo que creo se llamaba carrusel deportivo, que mi padre escuchaba los domingos por la tarde si estábamos en a todo volumen y si estábamos en la calle dando un paseo con la radio pegada a la oreja. Si el ganaba su equipo, fenomenal, si no lo hacía, la tarde de domingo se convertía en una pesadilla.
 Dulce y dorado el de la canción del Cola-Cao. Me encantaba aquello del negrito del Africa tropical, que muy bien no sabí…

El dia del libro: Bajo los tilos

Cuando en la entrada anterior os regalé la flor por el día del libro, tambien pensaba regalaros el primer capítulo de mi novela Bajo los tilos. El poder hacerlo le ha llevado tiempo a mi amigo Manuel del blog  Manu_Thais un día y como siempre  lo ha conseguido.
Os lo dejo  aquí y en la en la parte superior de la columna de la derecha. Si alguien quiere leerlo y le gusta, le haré llegar el resto.
Gracias lectores, espero vuestras opiniones.


Primer Capítulo

Crónica de una ausencia no anunciada

El seis de abril hice mi última entrada en este blog. Ha sido una ausencia no planificada; aunque dias antes había visto, incluso comenté con algunos bloggueros, como algunos blogs en los que las ausencias por una u otra causa se hacían manifiestas, en ningún momento pensé dar este parón, pero las cosas surgen como quieren no como planeamos. El trabajo fue la primera causa que me mantuvo sin poder participar después de aquel a cuatro manos. Asistí a un congreso en Sevilla que me ocupó desde el jueves al sábado. Nada más terminar el congreso, cogí un AVE a Madrid, que me plantó en la reunión de blogueros del kilómetro 0, que seguro ya conoceis por las entradas que se han hecho en cada blog, por las fotos que han colgado y por el video que hizo Maat. Yo, tan sólo compartí unas pocas horas, pero las suficientes para confirmar lo que ya sabía de cada uno. Una cena cordial y entrañable con gente que se entiende mediante las palabras y que a veces le cuesta encontrara las adecuadas para expr…

Este jueves un relato a cuatro manos

Caras, rostros...


Tambaleándose por el pasillo caminó hacia su compartimento. Abrió la puerta y en su rostro se dibujó la decepción. Había otra mujer, sentada junto a la ventanilla. Ya era mala suerte...
Cuando la vio en el dintel de la puerta del compartimento, María, se alegró. No quería compartir viaje con un hombre, estaba harta de ellos. Unos mentirosos, embaucadores de serpientes, como bien le había advertido más de una vez su madre, que en paz descanse; sin que ella, llevada por la soberbia de la juventud, le hubiera hecho caso.
Cada noche subía a aquel tren, al mismo vagón, y se acomodaba en el mismo compartimento. Desierto. Porque a ella le gustaba estar sola, viajar sola, abrir su libro, dejarse llevar por sus pensamientos, pero en soledad. Un breve saludo, un comentario intrascendente con aquella joven y Lidia se arrimó al ventanal. Miró hacia la oscuridad del exterior. Quiso ver más allá de las tinieblas, pero sólo encontró la frialdad del cristal que besaba su frente. Intent…