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Entradas

Jueveando con el western: «Domingo cerrado»

  El aire pesaba como plomo sobre la calle principal. Jack Miller sentía el sudor frío resbalándole por la nuca hasta perderse bajo el cuello de la camisa. Tenía los dedos a escasos centímetros de la culata de madera  del revólver. Era el momento de convertirse en leyenda.  Cruzó la calle buscando la penumbra de la cantina. Necesitaba un último trago de whisky,  ese fuego líquido que, según él, ayudaba a morir —o a matar— con cierta dignidad. Al empujar la puerta se encontró con la madera firme y un cartel: «Domingo cerrado».  No había pianista, ni curiosos, ni cantinero limpiando vasos. El escenario de su gran final estaba vacío. Buscó a Tomás «el Rojo», su enemigo, pero la calle era un desierto de polvo y madera. Entonces oyó el órgano. El sonido llegaba desde la iglesia. Se acercó y miró por el ventanal. Tomás estaba sentado en el último banco, la espalda relajada, cantando los salmos con una entrega casi insultante. Como si no tuviera una cita con la muerte....
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¿Y si hubiera sido yo?

  El suceso ferroviario en Adamuz (Córdoba) ha despertado una sensación de vulnerabilidad colectiva. Lo que sentimos no es solo tristeza por las víctimas; es un fenómeno neurobiológico llamado  identificación narrativa . Cuando el escenario de la tragedia es «el de siempre», nuestra ilusión de seguridad se rompe y la amígdala toma el control. Analizo qué ocurre en nuestro cerebro cuando el riesgo deja de ser una estadística y se convierte en algo personal: ¿Y si hubiera sido yo?   Hay tragedias que no se quedan en las noticias. Entran en casa. Se sientan en el sofá. Viajan con nosotros al día siguiente.   La tragedia ferroviaria ocurrida en Adamuz (Córdoba) no nos resulta lejana. No es un tren abstracto. Es  ese  tren. El que cogemos para ir a trabajar, a ver a la familia, a dar una charla, a volver a casa. El de siempre. El cotidiano. El que jamás pensamos que pueda fallar.   Y entonces aparece la pregunta, incómoda y persistente: ¿Y si hubiera sido y...

Jueveando con líderes espirituales: Jesús de Nazaret

  J esús de Nazaret estaba sentado al borde del camino, como si esperara a alguien. Pensé que sería un buen momento para conversar con él. Si era verdad quien decían que era, debía aprovechar la ocasión. Me acerqué y me sonrió. —Quería preguntarte si podría hablar con tu Padre. —¿Con Dios? —Sí, pero de una forma directa, sin intermediarios. Sacó un móvil del bolsillo de la túnica, viejo, con la pantalla rota. Lo desbloqueó y me lo puso en la mano. —Habla —dijo—. —¿Y si no contesta? —Siempre está disponible. Marqué. Dije mi nombre con torpeza y, al oír la voz al otro lado, me sobresalté. El teléfono se me cayó al suelo. Jesús lo recogió con calma. —No pasa nada —dijo—. Al principio siempre impresiona. No es mala gente. Me devolvió el móvil. Yo respiré hondo y añadí: —Soy la misma de antes. —Lo sé —respondió—. Te escucho. Jesús sonrió. Yo bajé el móvil, tapé el auricular y le devolví la sonrisa. Entonces se acercó y me susurró: —Vale, pero si hablas con Él y te cambia la vida, luego ...

Escribir a cuatro manos

  Escribir los dos últimos libros de Pepe Pepino no ha sido solo un proyecto literario.  Ha sido, sobre todo, una experiencia compartida. Todo empezó como lo hacen las cosas importantes: jugando. Inventando historias sobre ese personaje verde que tuvo que abandonar su planeta,  respondiendo preguntas inesperadas, dejando que la imaginación hiciera su trabajo. ¿Y si Pepe fuera muy curioso? ¿Y si existiera un club secreto? ¿Y si los adultos no lo supieran todo?... Escribir a cuatro manos —una grande y otra pequeña— obliga a algo muy valioso:  escuchar de verdad . Escuchar cómo mira el mundo alguien que aún no lo da por sentado. Qué le hace reír, qué le inquieta, qué le parece injusto o cuándo una historia ya no interesa y hay que cambiar de rumbo sin dramatizar. Mi papel ha sido acompañar a la creatividad inabarcable de un niño. Luego, dar forma, ordenar, cuidar el ritmo… y, sobre todo, no estorbar. La imaginación infantil no necesita correcciones constantes;...

VUELVO AL LUGAR DE SIEMPRE

  Autorretrato. Mi fuerza interior (Collage analógico) Han pasado meses, incluso años, desde la última vez que escribí aquí. Durante ese tiempo, viví en silencio muchas palabras. Acompañé procesos personales, caminé con otros desde mi consulta, enseñé, creé collages… y por supuesto, seguí escribiendo. Ha  cambiado  mucho  mi físico (la edad no perdona) y más aún mi forma de ver  y sentir lo que pasa a mí y a los míos y a mi  alrededor. Sin embargo,  mi blog, este lugar donde solía encontrarme con vosotras, quedó dormido. Hoy quiero volver. No con promesas de constancia, sino con la necesidad honesta de reconectar. Vuelvo para hablar de lo que me atraviesa como escritora, psiquiatra, profesora, mujer, madre y abuela, de lo que no siempre se dice. Aquí compartiré de nuevo relatos, fragmentos de novelas, pensamientos, imágenes, emociones y vivencias. Aquí os contaré las novedades de mis libros antiguos y nuevos.  Este blog se llama  Lugar de enc...

FELIZ AÑO 2024

  7 meses sin escribir en el blog y vuelvo como en años anteriores con deseos de compartir que esta comunicación ocasional no se termine. Hasta ahora no lo he conseguido, quizás este 2024 sea el año que haga posible que remonte, o no, este blog, pero no me voy a preocupar.  Ya no quiero más culpas, ni malos rollos conmigo misma sobre lo que hago  o dejo de hacer; por eso, este año no voy   a hacer balance de lo que me ha sucedido.  Ha sido un año más VIVIDO, con sus subidas y bajadas, lo normal, y por eso me siento FELIZ.   Este año me voy a DESPEDIR  con deseos, a los que vosotros podéis ir añadiendo los vuestros hasta que formemos una cadena que nos UNA a todos. Sí, porque los deseos UNEN y si no que se lo digan a la escritora, Mayte Esteban, que en su novela Deseos a Medianoche lo deja muy claro ;-) : MIS DESEOS SON PARA MÍ Y PARA VOSOTROS De SALUD                           ...

FATAL EQUIVOCACIÓN

La batalla de las Navas de Tolosa. Horace Vernet (Siglo XIX)           La mañana del lunes 16 de julio de 1212 amanecía fresca, a pesar de que el tórrido verano castigaba las tierras jienenses. A sabiendas de que el enemigo musulmán les había tendido una emboscada para que quedaran atrapados entre montañas, el ejército cristiano se dirigió al oeste a través del Puerto del Rey para atravesar la sierra y, más tarde, dirigirse al llano en el que se celebraría la batalla. Se situaron unos frente a otros en el extenso valle, disponiéndose los ejércitos tal como era habitual. Los cristianos, con 10.000 hombres, en tres líneas de cuerpos de ejército: la del centro, la del flanco derecho y la del izquierdo. La primera línea, ocupada por los ultramontanos y voluntarios; la segunda, por las órdenes militares, milicias urbanas y caballería pesada castellana; y en retaguardia, los señores, obispos y reyes. Los almohades, con 20.000, situaban en primera...