jueves, 17 de enero de 2019

Este jueves un relato: Collage temático





 




Una mano de sedosos y finos dedos me desentierra del oscuro lugar en el que me guardan. Recibo una bocanada de aire fresco.  
Ella me desliza con delicadeza de abajo hacia arriba y luego me deja reposar en la parte superior de su muslo tras colocarme en la posición exacta que desea.
Me domina la impaciencia. 
Risas, palabras vacías, más risas y yo, alerta, expectante hasta ver qué sucede. 
Me rozan diferentes dedos  que me sacan de mi letargo y me vuelven loco. Crezco casi un palmo. Cruce y descruce de piernas. Palabras obscenas, divertidas, ardientes, febriles, caricias que no cesan. Me aprietan, oprimen y comprimen. Juguetean conmigo. ¡Uf uf…,¿qué será de mí? No puedo aguantar más frenesí. De pronto, cuando menos lo espero, un fuerte tirón y una larga uña me desgarra. 
Siento un intenso dolor. ¡Cielo santo! ¡Pobre de mí! Me rompo. Soy todo hilachos que terminan por desprenderse. Caigo con lentitud en el asqueroso suelo donde me pisotean de manera repetida unos pies que no paran de moverse. Y allí, roto, manoseado y ultrajado, tomo conciencia de lo dura que es la vida de un liguero. 
Más inspiración en el blog de Neogeminis

Retos lectores del mes de Enero




Reto lector 2019 12 mese/12 libros Biblioteca Municipal de Córdoba.
Enero: Un libro de menos de 100 páginas
«Paradero desconocido» de Kathrine Kressmann.
Una novela en la que en muy pocas páginas y de manera epistolar asistimos a una amistad que parece indestructible pero que no lo es. Nada persiste en el tiempo y menos cuando existen avatares bélicos de por medio.
La novela comienza en 1932 cuando se separan dos amigos que se tratan como hermanos: uno alemán, Martin, y otro judío, Max, dueños de una galería de arte en California. La separación viene dada cuando Martin regresa a Alemania para criar a sus hijos en su país de origen. 
Desde primera hora se escriben cartas en las que comentan no solo cómo marcha la galería de arte sino también lo que acontece en Alemania desde la ascensión al poder de Hitler.
La amistad es algo sobrevalorado y podremos comprobarlo carta a carta. 
Un desenlace inesperado llena de valor a esta pequeña obra de arte que retrata de manera magistral el enfrentamiento  entre víctimas y verdugos y cómo es fácil intercambiar los papeles. Os la recomiendo.


 
Reto 2019 12 meses/12 escritoras/12 países: Grupo de Facebook Sofá, manta y libro.
Enero: España



 
«Nada que no sepas» de María Tena. 
Esta novela ha sido XIV Premio Tusquets Editores de Novela 2018. 
Me adentré en ella porque me llamó la atención la sinopsis que en algo me recordó al tema que yo trataba en mi novela Bajo los tilos. 
Y así ha sido. Se trata, una vez más, de reconocer que no conocemos a nuestros padres. 
Esta novela, narrada por la protagonista, trata de la búsqueda de respuestas a un hecho sorpresivo que la marcó: la huida apresurada de Montevideo (Uruguay) de su padre, su hermano y ella a España, tras el fallecimiento de su madre. Esta búsqueda se inicia, en el momento actual, con el regreso a Montevideo de la protagonista, tras una crisis matrimonial. Allí encontrará las respuestas a muchas de sus preguntas, descubrirá aspectos de sus padres que nunca hubiera sospechado, paseará por sus lugares preferidos, y también, se reencontrará con amigas y amigos de su infancia y adolescencia feliz, que la devolverán a esos años y llenaran ese inexplicable vacío afectivo que siempre la acompañó tras la huida de su mundo (fiestas elegantes, celebraciones frecuentes, días de playa...) por la muerte, inesperada e inexplicable, de su madre. 
Me ha gustado mucho y me ha hecho reflexionar, de nuevo, sobre lo poco que conocemos a cuantos nos rodean.
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sábado, 5 de enero de 2019

Retos lectores de una hipomaníaca

Otro año más comienzo un reto, lo malo es que no sé  si llegaré hasta el final. Hasta el momento creo que tengo el record de no haber terminado ninguno de los que he empezado. Sin embargo, cuando vi este de la Biblioteca Pública de Córdoba (12 meses/12 libros), me pareció que era bastante asequible (igual el día que lo vi estaba demasiado positiva ;-), me envalentoné y aquí estoy, formalizándolo en el blog, puesto que luego haré un comentario sobre lo que he leído.
 
El reto de enero, a simple vista, me pareció muy cómodo. Se trata de leer una novela corta. El problema ha sido encontrar una de menos de 100 páginas. Menos mal que lo he comentado en mi página de Facebook y, enseguida, me han dado los títulos de bastantes novelas cortas. Voy a ver de qué tratan y escogeré una de ellas. Además voy a ir pensando el de febrero, esa novela que he querido siempre leer y no he leído. Por el momento no se me ocurre ninguna. 
Mucho me temo que a este paso, las propuestas del mes se van a constituir en sí mismas en otro reto. 

Debo de estar un poco hipomaníaca porque me acabo de apuntar a otro reto letor, el del grupo de Facebook: Sofá, manta, libro.
Me ha parecido original y muy interesante. 

No sé si los terminaré, pero de ilsuión también se vive y más en esta Noche de Reyes.


Nos vemos por aquí y si te apetece te apuntas a alguno de estos  retos y vamos comentando.

miércoles, 2 de enero de 2019

Este jueves un relato: El futuro en números




Después de haber pelado las uvas, mientras escuchaba los cuartos del reloj de la Plaza del Sol, Carla decidió que este año no las tomaría. Era la primera vez, desde que ella recordaba, que no iba a cumplir con el rito de las campanadas.
—Solo son patrañas —murmuró—. ¡Maldita suerte la que me trajo comerlas el año anterior!
Se levantó y, con el plato en la mano, se encaminó hacia la cocina. Las tiró a la basura y después volvió al salón. Apagó la televisión y abrió el ordenador. 
Mientras viajaba por diferentes blogs en los que todos se felicitaban y explicitaban cientos de deseos y de propósitos para el Año Nuevo, Carla pensó en lo triste que era su vida. Tenía 52 años y estaba sola. Su marido la había abandonado en verano después de un viaje que realizó a Cancún organizado por la empresa en la que trabajaba. Allí conoció a una joven que lo volvió loco, en el sentido literal y formal de la palabra. Su marido le había jurado amor eterno, por su marido ella había sacrificado sus ansias de maternidad —no le gustaban los niños—, su marido  criticaba a los compañeros que eran infieles... Su marido, en fin, un hijo de su madre, pero la única familia que tenía desde que sus padres habían muerto.
Suspiró.
De repente, Carla se tropezó con un blog en el que había una entrada titulada «Los matemáticos no son gente seria». Un profesor de matemáticas recopilaba curiosidades sobre el número 2019. Leyó sin entender muchas de ellas, como la de: «2019 admite 16 representaciones como suma de tres productos cíclicos». «¿Qué querrá decir esto?», pensó, asombrada. Cuando llegó al final de la entrada, leyó: «2019 es un número feliz». La razón de ese hecho tampoco la entendía: es feliz porque si se suman los cuadrados de sus dígitos y se repite el proceso cuantas veces sea necesario, si en algún momento obtenemos un 1, hemos terminado. Lo releyó varias veces hasta que se enteró y, a continuación, siguió buceando en Internet hasta que dio con una lista de números felices. En ella, comprobó que cuando conoció a Ricardo, 1993; cuando se casó, 1997; cuando la abandonó, 2018; cuando falleció su madre, 2002, y su padre, 2006, o cuando perdió el trabajo, 2007... todos eran números infelices. 
No tenía arreglo. Era normal que se sintiera así y además aunque 2019 fuera un número feliz, ella no tenía nada qué celebrar. 
Volvió a echar una ojeada a la lista de números. Le llamó la atención que el año de su nacimiento, 1967, sí era un número feliz. Con júbilo, notó que su corazón palpitaba un poquito más rápido de lo habitual y que una mueca, parecida a una sonrisa, se dibujaba en su boca. 
No estaba tan mal. Y mirándolo desde una perspectiva más positiva, en conjunto, tampoco habían estado tan mal sus 52 años de vida. Podía decir que había vivido una buena vida, con sus altos y bajos, como es la vida, una montaña rusa. Lo contrario es la linea recta, la de la muerte.
Un escalofrío le recorrió el cuerpo. 
Se levantó, fue a la cocina, abrió el frigorífico y cogió otras doce uvas. Las puso en el plato, las peló y miró la hora; faltaban cinco minutos para que dieran las campanadas a la hora de las Islas Canarias. 
«¡Por si acaso, era mejor no faltar a la tradición!».




martes, 1 de enero de 2019

Comenzamos el 2019





Desde que abrí este blog en el año 2009 no he faltado a la cita de despedir el año y dar la bienvenida al año nuevo. 
Ayer no lo hice. 
Las razones deben de ser inconscientes porque durante todo el día estuve pensando en sentarme delante del ordenador y hacer la entrada. La posponía en aras de preparar la casa, la cena, enviar unos Wassaps, hablar por teléfono... Cuando acordé ya no había tiempo. Como decía deben ser motivos anclados en esa parte de nuestro cerebro a lo que relegamos lo que nos hace daño y por eso intentamos olvidarlos. Este año no estaba siendo malo hasto que lo fue y aunque me repita que eso nada tiene que ver con el año de que se trate, algo en mi cabeza no ha querido ni despedirlo. 
Decía Freud que se madura cuanto el Yo se fortalece, cuando aumenta nuestro consciente y disminuye nuestro inconsciente. En pocas palabras: cuanto más nos conocemos. Y en un acto puramente freudiano esta mañana me he puesto al teclado, al menos, para dar la bienvenido al 2019. Lo que deparará este año, nadie lo sabe, pero yo sí sé que quiero vivirlo, disfrutarlo en sus múltiples instantes y compartirlo. Ante todos, compartirlo con mi familia, mis amigos, mis conocidos y con cualquiera que quiera acercarse a esta ventatina, a este Lugar de encuentro. 
Este blog nació por un ilusionante proyecto: el de dar voz de mis escritos. Durante estos últimos años ha decrecido sobremanera el número de entradas y he estado a punto de cerrarlo en múltiples ocasiones. Luego, me echaba para atrás pensando que mientras estuviera embarcada en esta aventura literaria, este lugar de encuentro, testigo de tanto, debía seguir. 
Así que aquí estamos un año más.
Y para seguir con la tradición, la primera entrada de este año es mi mejor deseo para este 2019 que hoy comienza, que  podamos VIVIRLO y COMPARTIRLO.
¡Feliz 2019!

martes, 18 de diciembre de 2018

Mi nieto cumple 3 años

Hace tres años, a esta misma hora que escribo esta entrada, ya sabíamos que Alberto venía de camino.   
Este último año ha sido duro en muchos aspectos y él, con su sonrisa, nos ha mantenido y mantiene a flote.
Alberto sigue siendo, ante todo, un niño feliz, que disfruta con todo.

Alberto se hace mayor y es maravilloso poder ver su evolución día a a día. Solo por eso ya me siento muy afortunada. 
Tiene un poder especial para mantenernos contentos a todos. A cada uno le da lo suyo, lo que necesita,  para que nos sintamos bien y reparte besos unos besos que da gana de abrazarlo y achucharlo sin parar.
Como es lógico cada día aprende más y aunque el colegio le gusta, le cuesta despegarse de su mamá. Por otro lado, a su profe, Sam, la tiene cogida bajo el brazo y lo llama "mi príncipe". Es muy sociable y se lleva bien con sus compañeros, menos cuando le quitan la moto azul, que es la que a él le gusta (ja,ja,ja)
A su mami, la adora y si papi no ha llegado a casa, no puede dormirse. 
Está completamente entusiasmado con la Navidad. Este año ha colocado su propio Belén.

El otro día, me dijo que si yo sabia el móvil de Santa (antes me había comentado que Papa Noel se llama Santa) para que lo llamara y le pidiera los regalos que él quería. 
Las luces, los juguetes, los Nacimientos, los árboles de Navidad, las calles iluminadas..., lo fascinan. Cuando entramos en algún Centro Comercial no hay quien lo despegue de los juguetes. Se los conoce todos, aunque sus preferidos siguen siendo los coches de bomberos, de policía, los tractores y los aviones. Últimamente hemos dejado un poco atrás los camiones de basura. (;-)
Ver su carita, cuando delante de sus ojos están todos los juguetes de los dibujos animados que ve, no tiene precio. 
Su pasión son los trenes y viajar en ellos. Este años hemos viajado con él a Francia y a Madrid (el metro le llamó mucho la atención) y ha sido toda una experiencia ver lo bien que se porta. 

En el Museo del ferrocarril (Madrid)

Alberto, como cualquier niño, también tiene rabietas,  pero sabe salir de ellas (más o menos y según el día), que es muy importante. Está aprendiendo a decir "por favor", "gracias" y a pedir "perdón"; cuestiones fundamental para adquirir el inicio de su valores morales.
Pero sobre todo me gusta cuando me dice que "me quiere", entonces me lo como a besos, aunque en realidad lo estoy haciendo siempre.   


Sí. A Alberto, le encantan los cuentos. Y es un fan de Pepe Pepino. Cada vez que vamos a una librería coge el que le gusta, se lo pone debajo del brazo y dice con voz cantarina: ¡me lo llevo! Con su mami va a la biblioteca pública y le gusta sentarse en una mesita y pasar las páginas y ver las ilustraciones. Creo que cuando sepa leer va a descubrir un mundo que le va a entusiasmar.
No escribo en este blog desde julio, pero hoy merecía la pena este pequeño recuerdo para esta personita que cumple 3 años y que es el amor de mi vida.
¡Felicidades, Alberto!, y gracias, hija mía, por habernos dado este ángel.
Que la vida te sonría siempre como tú le sonríes a ella.



martes, 17 de julio de 2018

Aquello que fuimos







AQUELLO QUE FUIMOS
Hay momentos en la vida en la que nos toca vivir situaciones desagradables, lamentables, de esas que leemos en los periódicos, vemos en la televisión o nos susurran al oído por miedo a comentarlas en viva voz. En definitiva, esas de las que nunca hubiéramos deseado ser la protagonista. Ante semejante situación, las personas nos solemos defender de tres maneras posibles. En un extremo tendríamos la más sana, desde una perspectiva psicológica, que sería encarar el problema, cargar con las consecuencias y buscar soluciones para seguir adelante, para sobrevivir. Por desgracia, esta no es la más frecuente, pero sí las que se sitúan en el otro extremo. Una de estas es la represión, es decir, el olvido. Se trata de esconder en lo más profundo de nuestro cerebro ese hecho traumático para que no se nos represente a diario y podamos seguir con nuestra vida más o menos normal; en este caso se trataría de una huida psíquica. La otra sería huyendo físicamente, en el sentido literal del término: «Alejarse deprisa, por miedo o por otro motivo, de personas, animales o cosas, para evitar un daño, disgusto o molestia».  Estas dos últimas son las que más utilizamos porque en un principio, y digo en un principio, son las que menos desgaste personal nos producen. Lo malo, viene con el paso del tiempo, en el que los fantasmas se agrandan, lo reprimido se escapa de su escondrijo y la culpa lo inunda todo para llenar de desasosiego a la persona. Entonces es cuando nos planteamos el error que hemos cometido y la manera en que podemos subsanarlo. 

Y de todo esto y más trata la nueva novela de la escritora cordobesa, Pilar Muñoz. Sí. La novela nos plasma la vida de dos mujeres, de dos mundos diferentes, de dos épocas diferentes, de cómo afrontan hechos vitales traumáticos y de cuáles son las consecuencias de sus actuaciones. 

Blanca es una joven de nuestro tiempo a la que la sacude, como un relámpago en una noche estrellada, un hecho que la va a marcar para siempre y que le hace huir de su entorno, alejarse del problema con la vana idea de empezar una nueva vida en otro lado. 

Fuensanta es una mujer que en nombre del amor ha sufrido lo indecible sin atreverse a plantarle cara al terror del maltrato y penando y pagando las banalidades de un hombre, que hace recaer sobre ella todas las culpas y consecuencias de su mala vida. Una madre que sufre por sus hijos, que sabe lo fácil que es desviarse del camino recto; sobre todo, con un padre que los alienta y hasta los instruye en las malas artes. 

Dos vidas separadas en el tiempo pero que confluyen en un determinado momento con un protagonista masculino, Victor. 

Como antes decíamos las decisiones pesan y al final, si no son las correctas carcomen la conciencia y nos obligan a aceptar de pleno aquello que antes no queríamos ni ver. Sobre esa base, se va desarrollando esta novela de corte intimista, de pequeños detalles, que la autora nos va dejando entre sus párrafos para que reflexionemos sobre lo que está bien y mal, sobre la importancia de tener una visión objetiva de las cosas, sobre el papel que cada uno cumple en su individual y única biografía, sobre lo que hacemos y el porqué lo hacemos o sobre por qué no hacemos lo que deberíamos hacer. 

Sin duda, todo trazado sobre una trama magníficamente compuesta por la autora, con la excelente la prosa a la que la escritora nos tiene acostumbrados, con personajes secundarios que te llegan al alma, que no olvidarás, como por ejemplo el de la abuela Herminia, y con un desenlace que nos lleva a creer en la bondad del ser humano.

En definitiva, una excelente novela, con una preciosa portada, que te hace pensar, con la que vivirás otras vidas y con las que disfrutarás y, por supuesto, que te recomiendo que leas. 

La puedes adquirir en Amazon, tanto en formato de papel como en digital. 


Este jueves un relato: Collage temático

    Una mano de sedosos y finos dedos me desentierra del oscuro lugar en el que me guardan. Recibo una bocanada de aire ...