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Vampirismo: ¿Por qué nos atraen los vampiros?

Continuando con el tema del vampirismo intentaremos responder a la primera cuestión que me planteaba, sobre la ambivalencia que la mayoría de las personas sienten por el tema del vampirismo
Cuando una persona se enfrenta a este tema se mueve, casi siempre, respecto a sus sentimientos en las clásicas biopolaridades amor-odio, atracción-repulsión, deseo-temor. El vampiro es una ser que vuelve de entre los muertos y la muerte es uno de los grandes problemas del hombre.
La inmortalidad es un deseo humano, es burlar a la muerte y terminar con la finitud que contingenta su realización personal. Pero además, querer que los muertos vuelvan a nosotros se genera por tres tipos de sentimientos: por amor, odio o culpa.
Cuando perdemos a alguien repasamos mentalmente lo que han sido para nosotros y nuestro afecto se mueve entre esos sentimientos. Quien ama a una persona, la odia en la misma cuantía de ese amor (cara y cruz de la misma moneda), y la culpa, acompaña siempre a nuestros deseos reprimidos de muerte hacia alguien. ¿Cuántas veces nos sentimos culpables por haber deseado la muerte de alguien cercano a nosotros? ¿Cuántas veces hemos sentido miedo cuando nuestra fantasía ilimitada de deseo de muerte se cumple y pensamos que vendrán desde el más allá para vengarse?
E.T.A. Hoffman (1776-1822) influyó en la literatura por su capacidad para impresionar a los autores románticos alemanes y franceses —entre otros Baudelaire, Nerval, Gautier y, posteriormente, Thomas Mann. Es indudable que sus visiones son un antecedente de los horrores narrados por Edgar A. Poe y Gustav Meyrink. En su célebre cuento Vampirismus, relata que Aurelia, una bella y silenciosa joven, hija de una madre terrible y prometida del conde Hipólito, acarició la idea de la muerte de aquélla, y cuando, en efecto, bajo circunstancias poco comunes la baronesa muere, es estremecida por una angustia indescriptible. “¿Hay en el mundo algo más espantoso que verse reducido a odiar, a aborrecer a nuestra propia madre?” Por una parte, en su fuero interno, Aurelia consideraba la muerte de su madre como una bendición, y por otra se veía atormentada por nuevas aprensiones, hijas de la culpabilidad, que amargaron su recién adquirida y celebrada libertad:“...reveló que, justo después de este suceso, la había asaltado un espantoso presentimiento de la idea abrumadora y siniestra de que la difunta surgiría un día de su tumba para arrancarla de brazos de su marido y arrastrarla al abismo”.
El mismo S. Freud, puso como ejemplo diversos cuantos de Hoffmann para explicar el concepto de lo siniestro: “Tomemos lo siniestro que emana de la omnipotencia de las ideas, de la inmediata realización de los deseos, de las ocultas fuerzas nefastas o del retorno de los muertos. Es imposible confundir la condición que en estos casos hace surgir el sentimiento de lo siniestro. Nosotros mismos –o nuestros antepasados primitivos- hemos aceptado otrora estas tres eventualidades como realidades, estábamos convencidos del carácter real de esos procesos. Hoy ya no creemos en ellas, hemos superado esas maneras de pensar; pero no nos sentimos muy seguros de nuestras nuevas concepciones, las antiguas creencias sobreviven en nosotros, al acecho de una confirmación. Por consiguiente, en cuanto sucede algo en esta vida, susceptible de confirmar aquellas viejas convicciones abandonadas, experimentamos la sensación de lo siniestro, y es como si dijéramos: De modo que es posible matar a otro por la simple fuerza del deseo; es posible que los muertos sigan viviendo y reaparezcan en los lugares donde vivieron”
En este sentido, con ese "no muerto viviente" nos asaltaran esos ambivalentes deseos que nos hacen que psicoanalíticamente nos movamos en un terreno resbaladizo y por ello nos atrae tanto. Lo prohibido nos fascina y lo mismo puede decirse de la seducción que nos produce esa figura mítica, el vampiro, en la que se reúnen el mito de la inmortalidad y la eterna juventud, sin olvidar sus superpoderes, como se dice actualmente.
Pero, ¿es esta la verdadera razón de que este tema esté tan de moda?
Con perdón de Freud y de todos los que trataron el tema desde su perspectiva psicológica, ha sido culpa de la industria del cine (Hollywood) que el vampiro haya pasado de ser un monstruo terrorífico a un ser enormemente erótico, con su palidez translúcida y sus grandes connotaciones sexuales.


Un ser cuyo comportamiento es puro simbolismo, desde el morder hasta el lugar preferido de esa mordida, el cuello, sin olvidar lo sexys que son sus colmillos. El vampiro no ataca a las mujeres, sino que las posee. Sin olvidar, por supuesto, que cada vez nos los representan más humanos… Y qué decir de las vampiras que son lo más parecido a la caracterización de la mujer fatal, con todas sus connotaciones.
Si queréis profundizar en el tema de los vampiros de cine entrar aquí: http://www.unmundodecine.com/2008/09/vampiros-en-el-cine-y-en-serie.html


Os confesaré que mi vampiro preferido es este :) Angel, el vampiro con alma, interpretado por David Boreanaz
Seguiremos otro día...


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