No miraban al suelo: miraban una grieta en el mundo. Se abría entre dos trozos de asfalto, justo donde terminaba el círculo de sus zapatos. No era profunda, pero dentro no se veía tierra, sino otra mañana. Una plaza distinta, con un sol demasiado brillante para ser real. Alguien dijo que sería humedad. Otro, que sería un espejismo producto del calor. Entonces la grieta empezó a moverse. Dentro, un niño cruzaba la plaza con una mochila azul. Caminaba deprisa, como si llegara tarde a algo importante. Cuando levantó la cabeza, miró directamente hacia ellos. Un hombre con corbata clara se llevó la mano al pecho. —Ese soy yo —murmuró riendo—, pero no recuerdo ese día. La mujer de pelo rizado y jersey oscuro vio una casa con una ventana abierta que le recordaba a la suya. El de barba reconoció a una mujer a la que no se atrevió a llamar. Otra se vio empujando el cochecito de su hijo por una calle que no era la...
Pepe Pepino fue el primer cuento que escribí para mis nietos sin saber siquiera si algún día los tendría. Aquel personaje verde, con cabeza de pepino y venido del espacio, atrapó el corazoncito de los niños…, incluido el de mi primer nieto, Alberto, que nació poco después de que el libro se publicara. Este cuento siempre nos ha unido y ambos teníamos pendiente una continuación. El nacimiento del segundo libro, Las aventuras de Pepe Pepino en la Tierra , fue un juego entre él y yo. Queríamos inventar una historia para nuestro personaje favorito que tuviera humor y mucha imaginación. Así inventamos un planeta para Pepe, una historia de destrucción y de emigración y su llegada a la Tierra, donde por fin encontraba un hogar. En ese segundo libro, Pepe aterrizaba en nuestro mundo y aprendía a vivir en él gracias a Clara, Sergio y Luis. Con ellos descubría cómo es la vida en la Tierra, qué significa tener amigos y cómo, aunque vengamos de mundos distintos,...