El aire pesaba como plomo sobre la calle principal. Jack Miller sentía el sudor frío resbalándole por la nuca hasta perderse bajo el cuello de la camisa. Tenía los dedos a escasos centímetros de la culata de madera del revólver. Era el momento de convertirse en leyenda.
Cruzó la calle buscando la penumbra de la cantina. Necesitaba un último trago de whisky, ese fuego líquido que, según él, ayudaba a morir —o a matar— con cierta dignidad. Al empujar la puerta se encontró con la madera firme y un cartel: «Domingo cerrado». No había pianista, ni curiosos, ni cantinero limpiando vasos. El escenario de su gran final estaba vacío.
Buscó a Tomás «el Rojo», su enemigo, pero la calle era un desierto de polvo y madera.
Entonces oyó el órgano. El sonido llegaba desde la iglesia. Se acercó y miró por el ventanal. Tomás estaba sentado en el último banco, la espalda relajada, cantando los salmos con una entrega casi insultante. Como si no tuviera una cita con la muerte. O como si Dios hubiera llegado antes.
Jack esperó un poco más, con la mano aún cerca del arma, aguardando a que el destino recuperara el sentido común. Pero el himno no cesaba. Al final, con un suspiro que le supo a derrota, soltó la tensión de los hombros y guardó el revólver.
Sin el calor del whisky, sin público y con su enemigo más ocupado en el perdón divino que en el plomo, la venganza le pareció un traje que le quedaba grande.
Se dio la vuelta y emprendió el camino a casa, comprendiendo que sin testigos ni aplausos, incluso las leyendas se quedan sin historia.
© María José Moreno, 2026
Este jueves: A modo de wester en el blog de Mónica

Una muerte se evitó por no tener público y ese licor ardiendo por sus venas.
ResponderEliminarUna buena puesta en escena.
Besos 😘🦋
Hasta donde llega el narcisismo jajaja. Gracias por acompañarme.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarCiertamente,
ResponderEliminar.estuvo muy de moda por los cines, hace tiempo. Un género de aventuras que en mi casa nos gustaba a todos.
Haces yb buen texto, con un final apropiado y bueno. La vengaza es tan estéril como nefasta. Me gusta tu aportación.
Un abrazo.
Muchas gracias por visitarme y leerme. Un género que formó parte de mi infancia y que aún me deja un buen sabor de boca.
EliminarCreo que hasta las típicas mujeres del Oeste estaban en la iglesia, tomándose el día libre.
ResponderEliminarSalvo por el pianista, convertido en organista.
Un abrazo.
Es lo que tienen un pueblo pequeño en donde todos hacen de todo. Gracias por tu visita, querido amigo.
EliminarJajaja qué bueno el relato, esa venganza fallida del domingo. Muy original. Bss ;)
ResponderEliminarEl domingo está hecho para el Señor, no sé cómo no lo sabia jajaja
EliminarGran final.
ResponderEliminarMuchas gracias por venir y comentar. Un abrazo
EliminarAmiga Maria José, bom dia de Paz!
ResponderEliminarBonito desfecho deu ao conto, sem as velhas vingancas do oeste antigo.
Tenha dias abençoados!
Beijinhos fraternos
A veces el destino se cruza en nuestro camino impidiendo viejas venganzas. Un abrazo
EliminarQué bueno, María José! Le has dado una vuelta de tuerca al género que nos deja paladeando y asintiendo en la moraleja. Muy original aporte. Un abrazo y muchas gracias por sumarte
ResponderEliminarGracias a ti, por esta convocatoria. Ha sido un placer recordar este género que tantos recuerdos me trae de mi infancia.
EliminarMuy buena ambientación y muy buen final.
ResponderEliminarBesotes!!!
Gracias, amiga. Y encantada de verte por mi casa en este reencuentro que espero sea para mucho tiempo. Besos
EliminarMuy buena historia, con dejes geniales como ese de "Domingo cerrado". La sentencia final es demoledora "Sin testigos y aplausos las leyendas se quedan sin historia". Menos mal que Jack no sabía de redes sociales...
ResponderEliminarUn saludo
Si hubiera habido redes sociales se habría enterado de que el domingo cerraban. ;.)
Eliminarpuede ser que el duelo, era una ocasion de entretenimiento para el publico, como ver gladiadores en roma.
ResponderEliminary sin ese publico, se pierde la magia la razon de ser del acto en si mismo
En efecto. El duelo cumple muchas misiones y aunque las principales fueran la venganza o la justicia, sin duda, una de ellas era el entretenimiento. Al menos, eso se vislumbraba en la películas del género. De todas maneras en este caso, se creo en el personaje una herida narcisista que lo llevó al alejamiento.
EliminarHas hecho un final genial apoyado en una frase rotunda, los domingos tampoco en el Oeste, se mueve un alma, jajaja.
ResponderEliminarNo hay más salir a la calle en domingo, al menos en nuestra bendita y preciosa ciudad. Ni un alma. Besotes, amiga.
EliminarEs lo que tiene el oeste: que había reglas hasta para algo tan cafre y despiadado como los duelos. Por lo visto, había que esperar a que fuera lunes sí o sí, porque el domingo es sagrado y hasta los pistoleros más pintados van a misa a comulgar.
ResponderEliminarEso parece. Domingo cierra todo e incluso tienes que dejar tus dedo de venganza para otro día. Gracias por leerme y venir a comentar. Un abrazo
EliminarEl relato me parece una vuelta elegante y melancólica al mito del duelo del Oeste. Me gusta cómo la tensión se construye para luego desinflarse en silencio, sin disparos, sin gloria, mostrando que muchas veces la épica necesita público para existir. La imagen del enemigo cantando en la iglesia, ajeno a la venganza, es una reflexión muy humana: cuando se apagan los testigos y el ruido, incluso los sueños de grandeza se revelan frágiles y un poco vacíos. Genial. Un abrazo
ResponderEliminarGracias por el análisis tan certero que haces del relato que coincide con mi intención al escribirlo. Un placer tenerte en este lugar de encuentro en el que las palabras importan. Im abrazo
Eliminar¡Me ha encantado cómo está narrado tu relato, María José! Estoy de acuerdo en que las leyendas se forman en base a los rumores que crean los espectadores de las hazañas, y luego son los bardos y cuentacuentos quienes añaden sus licencias. Eso sí, si la venganza requería tener público... está claro que le quedaba grande.
ResponderEliminarUn besazo
Pobre hombro, qué frustración sintió y que herida emocional más grande. Me alegra mucho que te haya gustado. Un fuerte abrazo, amiga.
EliminarMe encanto la historia María José, pobre Jack estaba listo para terminar como héroe pero no se esperaba que los domingos es el día de descanso. Muy original la historia, felicitaciones.
ResponderEliminarQue tengas un buen día
Saludos