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Se nos va 2017, bienvenido 2018







El año pasado me despedía de todos vosotros expresando que no quería hacer balance del año que había pasado, tan solo exponía mis deseos para todos en el año venidero. 
Esos deseos, en mi caso, se han cumplido en su mayoría (con algún que otro sustillo ;-), aunque imagino que no habrá sido así para muchos de los que entráis en mi blog.

La vida es un duro camino empedrado y tropezar en una de esas piedras nos toca unas veces a unos y otras a otros. Lo que es completamente cierto es que antes o después todos vamos a dar con una, bien grande, que por más que queramos esquivarla se va a constituir en un acontecimiento con trágicas consecuencias. 

Sin embrago, muchas de esas piedras podemos y debemos sortearlas porque estamos sanos, llenos de amor, rodeados de la familia, de amigos, de compañeros, de posibilidades,  de cosas buenas..., en definitiva porque estamos VIVOS (lo único importante). 
Nunca debemos olvidar esto. 
En ocasiones, tropezamos con una piedra pequeña, sin importancia real y vital (tan solo la que nosotros le damos), pero que nos llevan a un proceso de autodestrucción, lleno de lamentaciones, de victimismo, de mal rollo..., del que nos es difícil escapar. 

La vida es lo que es, no da para más. 

Un año nuevo solo son 365 días (o 366, si es bisiesto) de posibilidades, de oportunidades de que algo nos suceda. 

Lo malo nos puede llegar, no lo adelantemos.

Lo bueno debemos desfrutarlo a diario, vivirlo a tope. No lo enturbiemos con falsos disfraces.

¡Os deseo un 2018 VIVIDO!






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