Ir al contenido principal

¿Dónde se ha ido la niñez?





Recibo con estremecimiento la noticia del fallecimiento de una niña de 12 años de un coma etílico. La pequeña hacía botellón. Entre unos pocos se bebieron una botella de ron y otra de vodka. La niña cayó redonda al suelo tras perder el conocimiento y los amigos asustados, en lugar de llamar al Summa, la llevaron en un carrito de supermercado hasta el Centro de Salud. Media hora tardaron en recorrer la distancia desde el descampado en el que estaban hasta el centro médico. Media hora vital para la niña...
Ahora, pasados unos días, las voces claman, como siempre, por un culpable o culpables. Lo más fácil es decantarse por los padres. De hecho, en los periódicos ya se anuncia a bombo y platillo que la niña ya había sido llevada en dos ocasiones a su casa por la policía, en franca intoxicación etílica. Pero, ¿en realidad son ellos los culpables o son los chivos expiatorios que siempre tenemos que buscar para acallar nuestras conciencias ante este tipo de noticias? 
En mi novela, La fuerza de Eros, Raquel López, una niña de 12 años, por un mal uso de las redes sociales entra en contacto con alguien que dice ser una persona que puede ayudarle a resolver sus problemas, cuando en realidad es un depredador, un pedófilo, que quiere aprovecharse de la vulnerabilidad de la niña. Esto, que retrato a modo de ficción, está basado en hechos reales. Pasa más a menudo de lo que imaginamos. Y los padres no sospechan nada. Los padres creen que sus hijos nunca harían esas cosas y menos siendo unos niños. Sí, niños. A los doce años aún se es un niño, en concreto, estaría en lo que venimos en llamar: segunda niñez.

¿Y qué hace un niño o una niña bebiendo hasta caer inconsciente? ¿O chateando con gente desconocida? ¿O manteniendo relaciones sexuales "consentidas"? 
¿Qué está pasando? ¿Por qué adquieren tan pronto un rol de adulto? ¿Dónde se ha ido la niñez? 

Desde el punto de vista psicológico, la segunda niñez, que va desde los 7 a los 12 años es una etapa de afirmación de la identidad, en la que se tiene que formar un Yo maduro y responsable y donde se da paso de la moral heterónoma (la que se da en los individuos que no cuestionan las normas que provienen de una determinada autoridad) a la moral autónoma, en la que ya se es capaz de juzgar la norma, independientemente de quien la dicte, según su bondad o maldad, y se basa en el respeto mutuo y la reciprocidad. Este cambio de concepción de la moral es un paso importantísimo para el desarrollo psicológico del futuro adulto. El niño tiene que pasar a tomar sus propias decisiones sobre la base de haber acatado antes las que los adultos le han mostrado como más adecuadas. Y aquí creo que es donde reside el problema. Un problema que no es solo de los padres, sino de la sociedad en general.
¿Qué estamos enseñando a nuestros niños? ¿Qué valores le está inculcando esta sociedad de dos caras en la que nos ha tocado vivir? Responder estas cuestiones es introducirnos en un terreno pantanoso con arenas movedizas que  amenazan con tragarnos. 
La clase política roba y no se castiga, en el colegio acosan y maltratan a niños y al final quien tiene la culpa es la víctima, se cacarea en todos los ámbitos que el niño no debe tener móvil, pero se lo damos para acallar nuestras conciencias y así poder vigilarlo mejor, saber con quien se wassapea, dejamos que nos mientan porque así vivimos más felices —ojos que no ven corazón que no siente—... Todo mejor que encarar los problemas de frente, utilizando una buena comunicación, afrontando de manera eficaz las diferentes situaciones, hablando, abrazando, besando, aguantando... a nuestros niños.
Los padres de la niña fallecida sabían que su hija bebía y no lo impidieron. Los amigos de la niña fallecida sabían que estaban haciendo algo mal y por eso no acudieron a la ayuda que hubiera sido más eficaz, por temor al castigo, que sin duda ahora pesará sobre sus conciencias para siempre (ojalá). ¿Y el adulto que les compró las bebidas? Según la ley los niños no pueden hacerse con el ron y el vodka. Se piensa que un adulto se los compró. ¿Ese adulto no sabía que estaba haciendo mal o le daba igual que unos niños consumieran alcohol? Y si no fue un adulto, sino que fue en un establecimiento que pasan la vista gorda y sirven alcohol a menores? ¿Cómo ese sujeto o sujetos no está entre rejas? 
¿Quién o quienes son los culpables?
Ahora llega el momento de la verdad. El momento de que con la mano en el corazón reconozcamos que todos somos culpables. Por acción o por omisión, TODOS somos responsables de lo que le estamos haciendo a nuestros niños. Y si no le ponemos remedio, hechos como este u otros similares, se repetirán más veces. 
Les hemos robado la niñez y tenemos que devolvérsela. Ellos son el futuro de nuestra humanidad. 

Entradas populares de este blog

¿Qué sucede cuando el ˝me gusta˝ sustituye al comentario?

Hace mucho tiempo comenté, en este mismo blog, que entrar en la redes sociales era como salir de paseo por tu ciudad. Cuando lo haces, vas a cruzarte con distintos tipos de personas: los desconocidos, con los que no interacciones, pasas a su lado sin inmutarte, sin mirarlos siquiera y sin sentir curiosidad por lo que son y representan; los conocidos, a los que saludas con un gesto de la mano, de la cabeza, con un adiós; los enemigos,  de los que huyes para no entrar en enfrentamiento y los amigos en su más amplio sentido, desde los amigos de la infancia y juventud, a los que hace muchos años que no ves y te alegras cuando te los encuentras, departes durante un rato, le preguntas por la salud, por la familia, en dónde vive, en qué trabaja, cómo les va... y luego te olvidas de ellos, hasta tus amigos (en el amplio sentido del término) que ves a menudo y lógicamente entras en conversaciones más interesantes, que las puramente protocolarias. 
Como decía las redes presentan este mismo patró…

Cuando una novela no te gusta

La palabra gustar, del latín gustare, en su 3ª acepción hace referencia a «agradar, parecer bien»; tiene algunas otras entre las que se encuentran la 6ª, «que se desea, se quiere o se tiene complacencia en algo», o la 4ª, «que al tratarse de una persona se dice de ella que es atractiva». De cualquier forma, empleamos en el lenguaje común la palabra gustar considerables veces, a lo largo del día. En un restaurante es normal que nos pregunten si nos ha gustado la comida; si vamos al cine, al salir, seguro que hablaremos de si nos ha gustado la película; si vamos de compras, solemos preguntar a nuestro acompañante si le gusta la prenda que nos estamos probando, o cuando nos preguntan: ¿te gusta el fútbol? Respondemos sí, no o depende de quién juegue; en mi caso particular solo veo los partidos de la selección española.… Es decir, a lo largo de nuestra vida, nos vamos decantando por aquellas cosas, personas, situaciones…, que nos gustan y, también forman parte de nosotros, todas aquellas …

Cuando destruyen una parte de ti

A veces las circunstancias que te acompañan por la vida —dependiendo del temple afectivo que tengan— te hacen tu tránsito por ella, más fácil o, como en esta semana, bastante complicado.  En medio, como decía, de una dura semana han ocurrido dos sucesos que me han sacudido un poco mi panorama literario. En mi email había dos mensajes uno encima del otro. En el primero, algo frecuente pero que me sigue haciendo mella, que no me deja indiferente y contra el que continúo sin armas con las que atacar. Google me alertaba, una vez más, de que mi novela Bajo los tilos, aparecía en una  página de descargas llamada La Cantera de las descargas.  En el segundo, Penguin Random House, me comunicaba que tras la compra de ediciones B, se procederían a trasladar los stocks de libros a unos almacenes en Barcelona pero  se había hecho un análisis sobre mi novela Bajo los Tilos y después de dejar ejemplares suficientes para abastecer el mercado 18 menes, el resto, un total de 800 ejemplares serian DEST…