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EL PODER DEL GRUPO

El desánimo corre imparable, como si de un río a punto de desbordarse se tratase, entre los escritores que un día constituimos el autodenominado grupo de escritores/autores independientes.
Cuando llegué a las redes sociales como escritora independiente que acababa de publicar en Amazon y buscaba lectores me encontré con parte de la llamada Generación Kindle (pues algunos ya habían publicado con editorial) y con otros muchos, que como yo nos pegábamos a quien nos acogiera en su seno buscando un poco de calor con el que poder combatir el frío de la soledad del escritor novel. 
Recuerdo con añoranza las interminables sesiones en las que exponíamos en comentarios nuestros miedos, anhelos y desvelos y siempre aparecía una cara amiga que tenía la palabra oportuna para no hundirte en ese mar turbulento que era Amazon y la autopublicación. 
En aquellos años, os hablo del 2010 constituíamos un grupo más o menos homogéneo de personas con un interés común en el que cada uno aportaba su grano de arena en la búsqueda de lectores. 
¡Y los conseguimos! 
Los lectores se unieron a nosotros en esta aventura, nos conocieron, nos apoyaron, nos leyeron, nos encumbraron y con ellos logramos nuestros sueños. Eso nos sucedió a muchos, pero no a todos, como es lógico pensar. 
Con el paso de los meses, de los años, el mal rollo, la individualidad, la envidia..., hizo que el grupo se desgajara en microgrupos y eso también lo sufrieron nuestros lectores, que fueron apartándose de aquel grupo primigenio y señalándose por uno u otro autor en base a las preferencias por sus escritos, por su persona, a su simpatía, simplemente una cuestión de química.
Es cierto que algunos de ese grupo, entre los que me incluyo, firmaron con editoriales; es cierto que cada uno tenía un motivo para hacerlo y es cierto que en general, muchos no estamos contentos con los resultados. Pero no creo que ahí esté solo el problema, ni que perdiéramos nuestro número ASIN y nos cayéramos del Top de Amazon y tuviéramos que comenzar de desde cero, como años atrás, ni que los lectores hayan vivido como una traición el que perdiéramos nuestra independencia.
Creo, sinceramente, que lo que a nuestros lectores les gustaba era formar parte del grupo, se identificaban con él, tenían un rol que cumplir, unos intereses, unos objetivos y una meta. 
Eso nunca volverá.
Ahora, estamos solos con nuestros escritos ante un lector cada vez más exigente y eso nos asusta. Estamos solos, pero rodeados de personas en las que apenas confiamos y eso nos asusta, nos vuelve paranoides. Estamos solos ante nuestras acciones, acciones que nosotros mismos hemos escogido en libertad y nos asusta. Estamos solos ante un futuro incierto y nos asusta..., y así podría estar enumerando cientos de situaciones.
Sin embargo creo que es el momento de coger el toro por los cuernos. 
Lo que tuvimos no volverá.
Necesitamos un ámbito nuevo en el que desarrollarnos y ese no puede ser otro que el de nuestras palabras. 
Escribir, escribir y escribir, de esa manera los lectores volverán a nosotros.

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