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Sábados Literarios de Mercedes: "He tenido un sueño"



Un leve temblor seguido de un escalofrío me sacaron del profundo sueño. Lo primero que advertí fue una sensación de tirantez en la espalda. Estiré con dificultad el brazo hasta aquella zona y aprecié una pequeña elevación, como un suave montículo en un aplanado valle. Cerré los ojos y me dormí.
Al poco, una desagradable impresión me volvió a sacudir. La tirantez había desaparecido pero se adivinaba algo extraño en esa zona. Me incorporé y salté apresurado de la cama.
Me planté delante del espejo para contemplar pasmado como unas enormes alas grises enmarcaban mi figura. Cerré los ojos con fuerza. Quería que desaparecieran. Uno, dos…, cinco segundos.
Al abrirlos me hallaba de pie en el estrecho alfeizar de la ventana, de un piso muy alto. Miré hacia abajo y todo se desdibujó envuelto en el torbellino fabricado por mi temeroso cerebro. Un espasmo en el estómago y una arcada me recordaron  mi pánico a las alturas; me pegué al cristal como una lapa, intentando asirme a un inexistente agarre.
Llevaba años viviendo bajo tortura del miedo y el martirio del pánico. Tan sólo, la tranquila soledad, remanso de paz en la incesante angustia que atenazaba mi relación con el mundo y sus pobladores, me proporcionaba momentos de satisfacción. Necesitaba volver a la seguridad de mi cama.
Un gran pájaro se acercaba a mí con sus alas blancas extendidas e inmóviles provocando que mi corazón se disparara en una salva incontrolable de latidos; también me asustaba todo lo que volaba. A pocos centímetros de mi cara se detuvo bailando una bella y pausada danza. No podía dejar de mirarle. Me hipnotizó.
Sin saber cómo empecé a imitarle. Agité las alas, suavemente al principio y luego, con energía. Al poco, volaba escoltado por una bandada de aves, siguiendo a la danzarina de níveas alas.
Una maravillosa sensación de libertad me invadía, a medida que surcaba el aire y me arropaban las nubes, contemplando la belleza que se extendía a mis pies. Los ocres interrumpidos por los verdes y dorados; los azules confundidos con los blancos y los marrones salpicados de variopintos colores conformaban un arcoíris de exultante hermosura.
Bajamos en picado y nos acercamos revoloteando a los juegos de los niños, a los besos de los amantes, a la felicidad de los padres, a la diversión de los amigos…Me encontraba entre humanos y no sentía miedo; circundaba el mundo, y la ansiedad no me oprimía. Por primera vez, en mucho tiempo, era feliz.
Desperté, en mi cama, con una amplia sonreía.
He tenido un sueño en el que me sentía libre.
He tenido un sueño que me devolvía a la vida.
He tenido un sueño o, ¿era realidad?
 

 
Más sueños en el blog de Gustavo nuestro primer conductor del año 2010

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