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Diario de un médico residente

Consulta Externa de la Unidad de Cirugía de la Cadera: Hoy hemos hecho un milagro (Caso real)

Justo antes de que entrara “Manolo” a la consulta, mi adjunto me cuenta su caso: Manolo es un hombre de 40 años que tuvo la mala suerte de tener un grave accidente de tráfico y se fracturó la cadera izquierda hace 1 año. La fractura era tan compleja que hubo que extirparle la cabeza del fémur y colocarle una prótesis. La intervención fue un éxito y se le dijo que podía volver a caminar con ayuda de un andador a las 48 horas. Después se le dijo que caminara con ayuda de una muleta, y que lo hiciera sin ninguna ayuda al mes de la intervención. Y ya hace un año y Manolo no ha soltado la muleta.

Pero Manolo parece ser que tiene un coeficiente intelectual, digamos…”breve”. Según dice mi adjunto, “a Manolo le falta media hora para estar completo; un hervor”. Es un hombre que no ha salido nunca del pueblo, casero, sencillo, rústico en definitiva. Un hombre de camisa de cuadros y pantalón de pana. Y creyente, muy creyente.
- ¡Pasa Manolo! – gritó con energía mi adjunto al tiempo que abría la puerta. Y Manolo metió la cabeza con timidez, e inmediatamente después adelantó su muleta, que entró en la consulta antes que el resto de su cuerpo. Con torpeza, caminó lentamente hasta sentarse en la silla.
- ¿Cómo va eso Manolo? ¿Tiramos la muleta a la basura ya, o no?! – preguntó mi adjunto con la misma energía.
- Noooo, no me encuentro seguro. Me falla la pierna. Sin la muleta me caigo, no puedo andar. Es imposible. – Manolo hablaba al médico mirando al suelo, como un niño que rinde cuentas frente a su profesor.
- Manolo, hace un año del accidente y de la operación. Ya es hora de que andes por ti mismo. No necesitas la muleta, créeme. Anda, siéntate en la camilla. – Diligente esta vez, Manolo se levantó de la silla y, ayudado de su muleta inseparable (y casi podrida), se dirigió a la camilla, y allí se sentó con sumo cuidado de sujetar su pierna inservible.
- ¡¡Muy bien Manolo. Ahora ponte de pie!!. – Diciendo esto, alzó la voz y ambas manos hacia delante, como un predicador, de tal forma que la bata se le abrió y parecía un superhéroe o un santo. Manolo se puso en pie al oír el grito, como un soldado en el momento de pasar revista y contempló la imagen espléndida del cirujano con la bata al viento y las manos señalando al cielo.
- ¡¡¡Y ahora…tira la muleta al suelo!!!. – Los gritos de mi adjunto ya se oían en la consulta de al lado. Manolo, con la cara desencajada, hizo caso y arrojó la muleta al suelo, creando un gran estruendo.
- ¡¡¡¡¡Manolo!!!!!!! Camina!!!!!! – Y el buen hombre, increpado por los gritos, adelantó un pie, y luego el otro, dando dos pasos de robot, con los brazos rígidos, como para mantener el equilibrio. Y después dio un paso algo más humano, y luego otro, y otro más, y caminó normalmente. Mientras tanto, mi adjunto cada vez alzaba más la voz: - ¡¡¡¡Camina, camina!!!.
- Y con un tono algo más calmado, le dijo: - ¿Ves como puedes caminar, Manolo?
– Y Manolo se giró hacia el cirujano y con lágrimas en los ojos empezó a gritar:
- ¡¡¡¡ME HA CURADO, ME HA CURADO, MILAGRO, MILAGRO!!!!
- Esto no viene en los libros, - susurró mi adjunto…

Comentarios

maria jose moreno ha dicho que…
¿Has descubierto que los milagros existen? Buen comienzo.
Un beso playero
LUNA ha dicho que…
Y es que la fé mueve montañas!!!!! Muy gracioso, efectivamente hay muchas cosas que no vienen en los libros, sobretodo cuando dependen de la voluntad.
Buen relato. Un beso
antonio medina ha dicho que…
Si ya has aprendido a hacer milagros... ya puedes empezar con los imposibles... que tambien salen.
M. Iglesias ha dicho que…
Uhmm, quizas el imposible hubiera sido haberle prescrito rehabilitacion despues de ese mes postoperatorio..........
Enhorabuena por la descrpcion del acontecimiento :-)

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