Mis queridos Mar, Natalí, Quien sabe, Tésalo, Celia, Gustavo, Balamgo, Jose Ignacio, Tag, Ardilla, Julia R, Teresa Cameselle, Yonki, Mar Solana, Mari, Verónica, Mimí, Alfredo, Nada, Susana, Cas, María Liberona, Igraine, Rosa, Mar, Sussurros y Carmen Andujar.
Con retazos de vuestros relatos he realizado este patchwork. Mi entrada número 100, en agradecimiento a todos por vuestra participacion. Seguro que reconoceis vuestras palabras, aunque me he permitido en algunas frases cambiar el tiempo verbal para su adecuación. He construído un relato que sigue manteniendo el tema de esta semana.
Como he utilizado frases de vuestra propiedad si alguien no está de acuerdo, por favor, que me lo haga saber.
Un beso, para todos. Habeis sido unos excelentes acompañantes. Hasta siempre
Nunca segundas partes, fueron buenas
Con su descolorido bolsón de viaje colgado al hombro cruzó la calle Mayor saludando, tímida, a los pocos que no cambiaban de acera cuando la veían acercarse. Ella se queda pensativa unos segundos, quizás un minuto, dos... Con la cabeza hacia el suelo, las manos abrazándose, fija la mirada en los adoquines, el pie derecho rematando la colilla que alguien dejo mal apagada allí para que se consumiera sola. Su belleza crecía y al alcanzar la juventud, su cuerpo, de proporciones exquisitas estaba perfecto y hermosamente desarrollado. Aquella mujer de curvas apresuradas, redonda perfección y mirada fulminante de gata en celo, llevaba prestada la sonrisa, y de azul, ese trozo de cielo que se cuela indiferente por la ventana. De unos cuarenta, ojos grises, pelo en mechones tirando a dorados, y enigmático, según se esperaba de su profesión...
Un golpe de viento se adentró frío, apropiándose del calor. Cómo se rió de sus palabras aquel mal nacido, que la hirió de muerte en el amor. Te recuerdo, tu facilidad para incumplir promesas, tu tendencia a desaprovechar oportunidades, ¿y me pides una segunda?... Abrió con gran nerviosismo. La sensación que sintió fue formidable, la visión de otro mundo le hizo continuar. Estaba a un paso de concretar sus sueños y se sentía paralizada. Miles de cuestiones nublaron su razonamiento. A pesar de tener este poder debería renunciar tajantemente a usarlo si en verdad quería jugar con lealtad. Miles de decisiones ahora vistas con la perspectiva del tiempo las tomaría de otra forma, amores de los que debería haber huido en cuanto los encontré, amigos a los que herí o me hirieron. Conciliando pasiones y odios, euforias y depresiones, horrores, manías, pánicos y ascos. Siento que se me va la vida pensando pero no actúo y cuando lo hago o tomo la decisión de hacerlo ya es demasiado tarde y no hay marcha atrás.
Empezó a impacientarse y más al ver que un tipo sentado en la barra no le quitaba ojo. Cuando sus miradas se cruzaron por tercera vez, el desconocido se puso en pie y se acercó, extendiendo su mano. Este se ha encariñado conmigo. El hombre que la miraba resultaba muy atractivo. Moreno de piel y pelo, los ojos de color azul mar intenso, con largas pestañas y una sonrisa de niño travieso. Justo lo que ella buscaba. Necesitaba una segunda oportunidad.
Salí sin mirar hacia atrás, fuera el sol me daba de pleno sentía su calor, la energía que me proporciona seria mi fuerza para marcar mi nuevo rumbo. Durante toda la noche, no dejé de darle vueltas a mi hallazgo. Dios, ese final sería tan sublime… me entregaría a él con el alma en las manos y el corazón sangrante. Enfilé la última curva antes de llegar al cruce y de repente algo me golpeó la cabeza, después la espalda y tras varias sacudidas se apagaron las luces del vehículo y todo se detuvo. En pocos minutos llegó la ambulancia, al subir la chica en la camilla se despertó unos segundos. Su cara reflejaba todo el miedo y el dolor que sentía. Si tan sólo pudiera volver a ver tus ojos una vez más, contemplar tu carita una vez más, revivir aquellos momentos…
































