Como todos años, desde la muerte de su padre, Enrique pasaba temporadas en la gran mansión de Eduardo Moran. Le gustaba porque estaba llena de habitaciones, pasadizos y puertas ocultas y tras llevar un tiempo en ella su alma se serenaba. Este año, llovía a mares cuando llegó. El criado lo esperaba con el paraguas, sacó su maleta del coche y lo cubrió hasta la casa. —La cena será a las 9 —le comunicó Mientras deshacía la maleta y pensaba qué ponerse, oyó un crujido intenso que confuncido con un ruido del trueno. Se sobresaltó. Al poco, un relámpago iluminó la habitación y cuando miró para la zona de la puerta, de dónde procedía el ruido, sus ojos se toparon con un anciano, vestido con un traje de otra época, bastante andrajoso, con los pelos canosos y tiesos, que fumaba una enorme pipa sin echar humo. Asustado, reculó, y terminó sobre la cama. El viejo s e le acercó. —¡Ja!,¡Ja!,¡Ja!..., así que tú eres el nuevo heredero que viene a visitarnos. —¿Qué dice? ¿Qu...
Blog de María José Moreno