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Este jueves un relato: Un giro inesperado







Mi vida no es vida desde que Lola se marchó una mañana muy temprano, antes de que saliera el sol, o como yo le decía cuando madrugábamos, antes de que pusieran las calles. Mi existencia es un caos. No voy a trabajar, no duermo, he perdido el apetito, ni siquiera me apetece ver los partidos de fútbol con los que tanto disfrutaba. Paso todo el día pegado al cristal de la ventana, esperando como un tonto a que ella regrese.
Cada dos por tres, vuelvo a repasar nuestros diez años juntos. Pienso en los paseos que dimos o en los viajes que hicimos, las comidas compartidas, los ratos de juego, la cama... ahora tan vacía. Me sumerjo en un mundo de nostalgia del que a duras penas salgo, para dirigirme de nuevo hacia la ventana. No sé que será de mí. Hoy se cumplen dos meses desde que Lola se fue y no sé cómo rehacer mi vida.
Un ruido en la puerta me saca de mi ensimismado y repetitivo monólogo interior. El corazón me brinca tanto en el pecho que creo que me puede estar dando un infarto.
¿Y si es ella?
Me levanto del sofá de un salto y voy corriendo a la puerta de la calle. La abro.

Ahí está. Delante de mí. Con sus ojos color miel y su pelo largo, rubio. Me mira con esa  mirada que siempre me pone cuando ha hecho algo mal y quiere que la perdone. Me abrazo a ella. La acaricio y le digo que no tengo nada que perdonarle. Que sin ella no soy nadie, que es el amor de mi vida, que hasta que la encontré vagaba como un zombi. Lola me lame la mejilla y apoya su cabeza en mi hombro. Entonces, con la ternura que la caracteriza, me susurra un tenue: guau.

Más giros inesperado en el blog del Pepe: Desgranando momentos

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