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Este jueves un relato: Obsesiones




Alejandra mira el reloj; aún queda media hora para el almuerzo. Vuelve al tema que estudiaba desde que se levantó a las cinco de la mañana; demasiados folios y el día del examen se acerca. Debe hacer un examen perfecto. Su meta siempre es obtener la mejor nota.
Al poco, sin esperarlo, siente un pellizco en el estómago, su corazón se dispuso en la meta para correr un  derbi que, sin duda, ganará de la velocidad que ha tomado, y la inquietud en las piernas le hace levantarse de la silla. Frota sus entumecidos y flacos glúteos. Camina por la habitación. Se planta delante del espejo del armario. La imagen gorda y deformada que le devuelve la luna de cristal, le causa mucho dolor. Se gira con brusquedad, no quiere ver ese monstruo. Odia su cuerpo. Palpa su vientre y le parece algo más hinchado de lo habitual. Recala en los huesos sobresalientes de sus caderas y se tranquiliza al sentir las elevadas y secas prominencias; en ello estaba cuando su madre abre la puerta y le dice que la esperan para comer.
Se sienta y mira con asco el plato de comida que tiene delante. No puede comer; si lo hace, su barriga se hinchará aún más, piensa en silencio. A pesar de todo come alguna  patata, la ensalada y algún que otro trozo de filete. Su madre la observaba a hurtadillas, le han aconsejado que la dejen tranquila en las comidas.
Antes de que su madre pronuncie la famosa frase de “no pones nada de tu parte para curarte”, se levanta y se encierra en el baño. Respira hondo, una vez, dos, tres…; pone las manos en el estómago pesado y lo nota abultadísimo. «Por lo menos he engordado medio kilo», se dice.
Se coloca de rodillas al lado del wáter y mete dos dedos en su boca hasta tocarse la campanilla y vomita lo que ha comido. Se lava los dientes, las manos y se echa agua en la cara para refrescarse. Ahora sí se encuentra relajada, en perfectas condiciones. Va hacia su cuarto, cierra la puerta y regresa al estudio. Suspira. Una intempestiva lágrima cae en la página del libro. La limpia con el dorso de la mano y se concentra. 

«Debo ser la mejor».

Relato reeditado, revisado y corregido.
Más relatos sobre Obsesiones en el blog de Leonor

Comentarios

Leonor ha dicho que…
Una cruel obsesión para muchas muchachas influenciadas por las modas. Lo malo es que parece que el problema , y tú lo sabrás mejor que nadie, no se queda ya entre los adolescentes.
Yo voy a cenar y no me sentiré culpable.

Un beso y gracias por participar.
Neogéminis Mónica Frau ha dicho que…
Qué terrible situación que atraviesan estas jóvenes, sobreexidas por ellas mismas y quizás su entorno para ser las mejores, las más lindas... y lejos están de sentirse así. Muy triste y complejo de tratar, me imagino.
=(
Un abrazo
Cris Mandarica ha dicho que…
Muy buen relato María José, todo en exceso es malo, hasta la autoexigencia. Y qué decir de esa enfermedad... Biquiños!
Juan L. Trujillo ha dicho que…
¿Que fue de aquella campaña promovida hace tiempo con motivo de una semana de la moda en Madrid, por la cual las exigencias para el peso y las medidas de las modelos, fuesen acordes con la realidad de la mujer media?.
Las jóvenes (y no tan jóvenes) ven preciosos modelos expuestos en esqueléticos cuerpos y añoran ser como ellas.
Si Rembrandt levantara la cabeza.
Brillante y aleccionadora entrada.
Un abrazo.
Impactante relato, me gusta tu forma de escribir María José, pero no me gusta el trasfondo del mismo.
Carmen Andújar ha dicho que…
Por desgracia hay más cass de los que deseariamos de este tipo, y acaban como acaban. Esto si que es una verdadera obsesión.
Muy bien relatado.
Un abrazo
rosa_desastre ha dicho que…
Debe ser terrible padecer esta enfermedad y terrible el papel de los padres, la impotencia, y ese bombardeo constante asegurando que la belleza perfecta para triunfar en la vida se consigue quitandose kilos....aaaiisssss.
Un beso
El Demiurgo de Hurlingham ha dicho que…
El tema es serio, sin dudas. Y es más complejo de lo que parece, más de lo que se plantea. Tal vez influya la familia, como la madre con esa acusación. Y también se da en los hombres. Philip Dick, uno de los grandes escritores de ciencia ficción, tuvo anorexia. Según las biografías que leí, el desencadenante fue el divorcio de sus padres.
Mayte Esteban ha dicho que…
Tiene que ser duro sentirse así, pero casi más sentirse en la piel de la madre, esa impotencia de ver que por más que intentes quitar la venda de los ojos de tu hija, no puedes.
Muy buen relato
Yessy kan ha dicho que…
Las actitudes culturales y sociales con respecto al aspecto físico son los culpables de esta emfermedad que esta auto-destruyendo la juventud. Muy impresionante tu relato. =)
Un beso
José Vte. ha dicho que…
Tremendo María José. Esta obsesión-enfermedad es terrible. Es algo en lo que las autoridades deberían de tomar más interés. La publicidad, las películas, el estilo de vida que lleva a querer ser como el famoso o la modelo de turno está haciendo un gran daño a muchas jóvenes (también a cada vez más chicos) de escasa autoestima.

Lo has contado de manera cruda y real.

Un abrazo
Mercedes Gallego ha dicho que…
Terrible realidad. Ha costado vidas y lo seguirá haciendo. Muy bien reflejada.
Sindel ha dicho que…
Un tema durísimo que afecta cada vez a la sociedad, la obsesión por la imagen y la delgadez extrema a cualquier precio, sumado a la presión auto impuesta por ser siempre la mejor. Una clara visión de una persona con problemas de imagen y obsesiones de todo tipo. No creo que llegue a buen puerto si no asiste por ayuda seria pronto. Me ha impresionado tu relato, es que lo veo mucho en el hospital donde trabajo y es tremendo los daños que ocasiona.
Un beso enorme.
Alfredo ha dicho que…
Un asunto delicado perfectamente expuesto, sin sentencias, sin conclusiones... ¿sin solución?
Besos
G a b y* ha dicho que…
Durísima realidad, muy bien contada, por otra parte. Pones de plano, un mundo personal, obsesivo, con toda la carga emocional que implica. Mucho para pensar, hay muchas "Alejandras" exprimiéndose la vida.
Besos!
Gaby*
Tracy ha dicho que…
Esa obsesión es de las que hay que temer, ¡qué horror! y qué pena que abunde tanto...
Juan Carlos ha dicho que…
Tenía un estereotipo sobre la clase de personas a las que podía ocurrir lo que tan bien narras hasta que mi hija Nuria estuvo ingresada por problemas digestivos. Allí conocí a una chica que lo sufría y que, como entiendo en tu relato, era una chica inteligente, muy váilda.
Besos.

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