Cuenta
la leyenda que a primeros de siglo XX llegó a Lisboa un barco procedente de
Buenos Aires en el que viajaba una niña de ocho años, de cabello azabache y
ojos negros, profundos como la noche. La niña regresaba con sus padres a
Córdoba, emigrantes por unos años en el país amigo.
Cuenta
la leyenda que la niña se hizo mujer de excelsa belleza, mirada penetrante y boca finamente perfilada, que gustaba de pasear con sus amigas y llamando la
atención por dondequiera que pisaba.
Cuenta
la leyenda que un famoso pintor la vio una tarde de primavera por la calle y
quedó prendado de su belleza y, aunque hacía poco que la joven había abandonado los juegos infantiles,
la convenció para que fuera a su estudio y posara para él.
Cuanta
la leyenda que se Cupido lanzó una certeza flecha que atravesó sus corazones.
Cuenta
la leyenda que la parca acechaba al artista desde hacia tiempo entre los quejidos
de la soleá, fandangos y misticismos y, que cuando descubrió a su amada la retrató de tal manera que reflejara su desgarro por la vida que se le escapa y la belleza de una mujer especial, la mujer cordobesa.
De
esa historia de amor nos queda La chiquita piconera y las canciones populares
que ensalzan la belleza de esa mujer morena, con los ojos de misterio y el alma
llena de pena...
Ella
Teresa López, él Julio Romero de Torres.
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