Estamos hartos de ir siempre juntos. Nuestra protesta, vaya por delante. Y que no nos cuenten la milonga de que en la Edad Media disfrutamos de una gran difusión ya que nuestra presencia hacía que todo se contemplara desde otra perspectiva al provocar una detención, una pausa; eso sí, calificada de menor, que para mayor ya estaba “el independiente”; ese que siempre se sigue, se aparta o se hace suspensivo. Por supuesto, para callarnos cuando protestamos nos dicen que somos como una ventana abierta. Abierta, ¿a qué, señores? A todo de tipo de explicaciones, enumeraciones y ampliaciones. ¡Puaf! Y para colmo, con la moda anglosajona, ni siquiera nos utilizan en el inicio de la epístola. Queremos ser independientes, alegres, múltiples, combinados y diversos, como nuestros compañeros de puntuación. ¡Qué vida más triste! ¡Qué nos separen! Total , para lo que servimos. Aunque... pensándolo bien, cuando nos juntamos con el paréntesis conformamos esta feliz carita. Por es...
Blog de María José Moreno