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Este jueves un relato: El apego a un objeto




La clase no era grande. Las paredes color vainilla se adornaban con cartulinas multicolores en las que nosotros habíamos escrito  frases y pegado imágenes recortadas de las revistas; los pupitres de color verde, nuestro baby de un blanco impoluto por la mañana, cuando salíamos por la tarde no se sabía ni de qué color era. La edad no puedo precisarla; con seguridad entre los seis y los diez años. Era la academia de preparatoria del ingreso en el bachillerato de la señorita Juanita. Soltera, bastante mayor de edad, o por lo menos así la veía yo y amante de la enseñanza, a la que había dedicado su vida.
Un jueves por la tarde apareció  una chica joven, con una cola de caballo que nos asombró a todos porque le llegaba hasta donde la espalda pierde su lindo nombre. Era la señorita de labores, la señorita Pilar, la que nos enseñaría a hacer vainica, cordoncillo, cadeneta, punto, crochet…todo lo que yo había visto hacer a mi mamá y que imitaba cuando me sentaba en una silla bajita a su lado, sin conseguirlo. Ahora era mi oportunidad. Deseaba que llegara ese día de la  semana para la clase de labores, ella siempre nos animaba y lanzaba exclamaciones de admiración cuando concluíamos un trabajo que resultaba  difícil. 
Lo mejor fue hacer el álbum en el que con mucho cuidado fuimos poniendo las muestras realizadas a lo largo del curso. Ella nos confeccionó unas lindas pastas de cartulina donde con tinta china rotuló “Labores” y nuestras iniciales. En cada hoja poníamos la muestra de costura y ella escribía el nombre,  luego pegaba unas preciosas calcomanías y lo que más me gustaba  con un algodón, impregnado con el polvo de lápices Goya, rodeaba unos moldes de cartulina dejando maravillosas estelas de colores pastel. Las cubría con papel transparente para que no se estropearan. 
Me enamoré de las labores y de esos lápices Goya. Creo que ambos amores y mi maestra la señorita Pilar, me  introdujeron en  el campo de la estética, de la creatividad, del todo se puede conseguir con esfuerzo, de la enseñanza empática... quizás sean responsables de lo que hoy soy. 
El álbum siempre ha estado conmigo, aunque las calcomanías se han puesto amarillas por el paso del tiempo; los Reyes Magos que son muy listos y lo saben todo me trajeron una caja de 24 colores pastel que me acompañaron hasta que mi hija se enamoró de sus bellas tonalidades. 
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Así era mi caja y tenía una fina capa de algodón que los cubría.

Comentarios

  1. Hola, María José.

    Aunque soy bastante mayor que tú, también guardo con cariño parecidas "labores" a las tuyas, incluso algunas las tengo enmarcadas porque, a día de hoy, son un gran tesoro, sobre todo, por los recuerdos que reviven cuando las contemplo.

    Tu relato...precioso.

    Un abrazo.

    Maat

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  2. Tengo tres hermanas, María José y palabras como filstiré, cordoncillo, punto de cruz, cadeneta, bodoques, quedaron grabadas en mi memoria más remota a fuerza de oirlas. Eran otros tiempos y se enseñaban otras cosas. La asignatura de labores, como la de urbanidad y otras, desaparecieron arrasadas por el paso del tiempo. No veo la caja pero me la imagino igual que tus labores. Detallista y primorosa.
    Un abrazo.

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  3. ¡Qué lindos recuerdos!..precioso el álbum y preciosa la manera en que vas enhebrando tus anécdotas!...

    Te dejo un abrazo juevero. =)

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  4. Hola María José:
    Pues qué bonito recuerdo. No todos los objetos a los que nos apegamos tenemos la oportunidad de conservarlos por tanto tiempo. A veces nos queda solo el recuerdo. Pro a vos, como en mi caso, las cosas de la vida os han permitido mostrarnoslo.
    Un saludo a la señorita Pilar, allá donde esté hoy día.
    Wendy

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  5. María Jose, están impregnadas de añejos perfumes escolares, tus palabras.
    Nunca me gustaron las labores, de hecho no recibí clases de eso, pero los lápices GOYA, una maravilla aunque se les rompiera la punta enseguida, olían a madera.
    De aquellos Goya a estos lujosos pasteles, en medio una vida que ama lo creativo, por algo será ¿culpa de la seño Pilar? Y culpa de ti misma que has sabido
    y querido entestarte por placer, por curiosidad, en ese camino gratificante.

    Me he visto con la bata blanca, en mi caso a cuadritos verdes, gracias a tus palabras puntada a puntada.
    Besitos y hasta pronto.

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  6. Madre mía, yo aborrecía las labores. No tenía paciencia y no terminaban nunca, recuerdo que la maestra me las daba a final de curso para que las acabara en verano ¡¡¡menudo calvario los dichosos mantelitos de vainica!!!!

    Todavía tengo el trauma...

    Un besito, compi.

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  7. Por Dios!!!, ese álbum es una verdadera preciosidad!!!, las maestras de antes inculcaban a parte de conocimiento otros valores, el mimo, el cariño, el orgullo por lo bien hecho, muchas gracias por enseñárnoslo, estas cositas no se deben perder mi tocaya preciosa!!!, acabo de hacerme una promesa a mi misma, si algún dia tengo nietos, voy a inculcarles estos valores y compartir con ellos la realización de manualidades de este tipo que luego puedan guardar como una joya, y verás que he dicho nietos, da igual el sexo, a mis hijos a los dos les he enseñado las mismas cosas, que como decía mi abuela, el saber no ocupa lugar, miles de besosssssssssssssssssss

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  8. Yo recuerdo, tengo tres hermanas, cuando mi madre y sobre todo mi abuela, les enseñaba a hacer esas labores, a los chicos no, nosotros bastante teniamos con irnos a jugar al fútbol y a ensuciar la ropa y romperlo todo.
    Eran unas labores de lo más delicadas y preciosas. Está muy bien el conservarlas como el tesoro que son.

    Un abrazo

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  9. "..ella siempre nos animaba y lanzaba exclamaciones de admiración..." me conmovió esa frase, porque esa gente que nos enseñó de ese modo, fue la que nos dejó huella.
    Un relato autoreferencial impecable, entrañable y conmovedor, para quienes también recibimos ese aprendizaje. Hoy disfruto del crochet, del tejido, etc. y fue porque entre mi madre y esas maestras de labores, me inculcaron también el amor al arte en todas sus manifestaciones.

    Esos objetos, hablan de ti, tanto o más que tu relato, por lo tanto resultan una buena ilustración para tu precioso relato.

    besos y abrazos

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  10. Que buen recuerdo! Nunca fui buena para este tipo de labores. Recuerdo haber empezado una alfombra (bordada en lanas de colores sobre cañamazo) en cuarto o quinto grado. Llegó séptimo grado y mi alfombra aun no estaba terminada ... por ahí debe andar todavía, medio apolillada supongo.
    Es muy bonito tu álbum, habla de una niña prolija y con sentido de la estética.
    un beso

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  11. hoy he salido a pedalear...la indumentaria que utilizo para tal evento...por cierto, hoy me duele too el cuerpo...srán los años, la tripita, el tabaco?...bien, la indumentaria me la regaló mi hermana hace tiempo.no sé cuánto. pero si atendiera a los cosidos que le he hecho, seguro que hace siglos...aunque cabe la posibilidad de que mi culotte sea de mala calidad...no lo sé...pero, a lo importante...cada cosido que le he hecho, está hecho con hilo de diferente color...y lo peor...que esos bordados que muestras o esos cosidos o lo que sean, por que no entiendo un carajo...te puedo asegurar que están mejor que mis cosidos...lo cual es una vergüenza, pues no debiera de ser posible que una niña cosa mejor que yo, ya todo un hombretón, o eso creo...
    medio beso.

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  12. Ese álbum y esas labores son una preciosidad María José, yo también conservos algunas que hice en el bachiller
    por cierto que un mantel que adorné con punto de cruz está oxidado dónde llevaba los alfileres sujentándolo y no se los quité a tiempo pero aún así lo conservo.

    Tu relato es de los que nos hacen revivir momentos inolvidables, un lujo leerte.

    Un beso.

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  13. ayysss que bello escrito de verdad que me ha encantado pues me ha hecho recordar que yo también tengo guardados mis primeras pinturas, mis primeros encuentro con las acuarelas y los lapices de colores que maravilla todo un mundo infinito por descubrir y amiga aún lo estoy haciendo y no me termino de sorprender

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  14. Muy bonito el albún. Yo también tuve uno de esos; pero el tuyo es más chulo, se nota que esa profesoraa le iba el dibujo y la pintura.Los pasteles dejan siempre una huella preciosa en el papel y esas plantillas así lo reflejan.
    Un abrazo

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  15. Que buena idea tuviste al poner las fotos, es increíble que uno conserve como tesoros esas cosas, es que en realidad para nosotros lo son.
    Me enamoré de tus lapices, siempre me gustaron las cosas que dieran color a la vida.
    Muy tierno tu relato María José, gracias por compartirlo.
    Un abrazo enorme.

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  16. ¿Como no sentir apego por un trabajo así? Lo que enseñó la señorita Pilar fue mucho más que ha realizar labores y todo desde el cariño y la valoración del esfuerzo de cada uno. Precioso y tierno este recuerdo.
    Un abrazo MªJosé

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  17. Yo tuve algo parecido a ese álbum, María José. Todas teníamos que hacer aquellas muestras en clase de Labores. Todavía tengo algunas muestras repartidas por mis cajas de tesoros.

    Un abrazo

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  18. Me quedo con dos palabras mágicas de tu relato "enseñanza empática" Dos palabras que juntadas, como lo has hecho, dicen y suponen tanto, tanto.
    Cada vez que la enseñanza es empática hay resultados, cada vez que es doctrinaria hay traumas, prejuicios.
    Me encantó leerte. Besos María José.

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  19. una belleza... no tengo dudas amiga. felicitaciones por lo del libro! cuanta alegría! ya me la imagino! un besito!!

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  20. A mi me encantaba y me encanta el olor de los lapices de colores, siempre me trae buenos recuerdos de la infancia. Y tus labores también me han recordado a ese espacio de tiempo que todavía nos acompaña.
    Un abrazo.

    PD: Me encanta la noticia de tu libro y de tu nuevo look :)

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  21. Me has traido un poquito de todo con tu relato, mis "goya"...me encanta utilizarlas. Y me has recordado a la Hna. Consuelo y su clase de "pretegnología" (el palabro ya se las trae) que no era mas que... Labores. Supongo que desarrollar nuestra creatividad depende en parte a la dedicación de los buenos docentes.

    Enhorabuena por los cambios...
    Besos

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