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Este jueves un relato: Partes traseras

¿Inocencia o sadismo?

Aquella tarde, tras una bronca con su mujer que le recriminaba su poca atención hacia los niños, Andrés, armado de paciencia, sacó a pasear a Carlitos, su hijo de cinco años. El pequeño, quiso sacar tajada de la singular ocasión y consiguió que su padre que le llevara al salón de la chuchería. Después de media hora en establecimiento salió con una enorme bolsa de golosinas, de la que enseguida comenzó a dar cuenta.
Padre e hijo caminaban en dirección al parque cuando una escultural mujer ceñida en un minifaldero traje de cuero negro se cruzó con ellos. El niño embobado con la piruleta de fresa, que lamía sin descanso, no acertó a ver cómo los ojos de su padre, a punto de salirse de las órbitas, seguían a la joven y cuando ésta los hubo superado, enfocó la mirada, como si tuviera anteojos, directamente a su respingón y apretado culo. Al punto exclamó:
—¡Dios mío, vaya culo!
Al instante el chico le preguntó:
—Papa, ¿has dicho culo?
El padre, azorado al sentirse descubierto, respondió lo primero que se le vino a la cabeza.
—No. ¡Qué va, hijo mío!, has escuchado mal. He dicho búho.
—Papá, ¿qué es un búho?
El padre con resignación y sin olvidar lo que acaba de ver, le respondió:
—Hijo mío, un búho es un ave con los ojos muy grandes y redondos, con unas patitas con las que se agarra a las ramas, está despierto por la noche y dice: ¡uh,uh,uh!
—Papá, ¿los búhos tienes buhas?
—Sí, hijo.
—Papá, ¿cómo son las buhas?
—Las buhas son más pequeñas que lo búhos, tienen también los ojos grandes y redondos, con unas patitas con las que se agarran a las ramas, están despiertas por la noche y dicen: ¡uh,uh,uh! —dijo con paciencia.
El niño le miró y tras un nuevo lametón en la piruleta, continuó su interrogatorio.
—¡Ah!, y…papá, ¿los búhos y las buhas tienen buhitos?
—Por supuesto —contestó taxativo el padre intentando cortar la conversación.
—Y...papá, ¿cómo son los buhitos?
El padre resopló, forzó una sonrisa y respondió:
—Los buhitos, son aún más pequeños que las buhas y tienen unos ojos grandes y redondos, con unas patitas con las que se agarran a las ramas, están despiertos por la noche y dicen: ¡uh,uh,uh!
—¡Ah!...y… ¿los buhitos tienen buhititos?
Andrés no pudo aguantar más aquella absurda sarta de preguntas sin fin, se volvió hacia su hijo y le gritó:
—Carlitos, he dicho CULO. ¿Te enteras? C U L O, C U LO.



Más relatos en casa de Gustavo

© MJMoreno 2010


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