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Este jueves un relato: Quisera encontrarme con...




Era la tercera vez que miraba le reloj en escasos minutos.
—Las siete y aquí no aparece ni Dios. No sé cómo he podido aceptar esta extraña invitación en esta cafetería tan pija.
Miró una vez más la tarjeta, con su nombre completo, el lugar de la cita, pero si firma.
—No tengo arreglo. Me monto unas fantasías yo sólo que vaya chasco que me llevo luego…
—¿Baldomero? —pregunta una chica joven y bien vestida que llevaba en la mano una invitación similar a la suya.
—Sí, soy yo.
—Soy Mercedes Lozano. Encantado de conocerte —dice apretando con fuerza la mano que Baldomero le extendía—. ¿Puedo sentarme?
—Por supuesto que sí y además veo que a ti también te ha llegado la misma tarjetita que a mí.
—Me han citado a las siete en este lugar y me refería que habría un chico que reconocería por…
—Sí, por la puta mancha en la cara que me dejó la cigüeña.
—Bueno, no lo decía de esa manera, pero sí nombraba tu angioma. Voy a pedir un refresco, ¿quieres algo?
—No aún no me he terminado el cacharro —dice señalando el vaso largo que tiene delante—. Pues, en mi tarjeta dice que vendrá una señora de unos cincuenta y tantos años y que se llama Berta. De manera que aún falta alguien.
—Esa soy yo —dice Berta con una cara sonriente— y vosotros sois Baldomero y Mercedes ¿A que sí?
Berta ocupa la silla que quedaba libre y pide una botella de agua sin gas.
—Estoy a plan. A mi edad no podemos permitirnos algunos lujos —dice señalando el cubata de Baldomero.
—Bueno…y digo yo. ¿Qué tenemos nosotros en común para que nos hayan citado aquí a los tres? Yo es que voy para detective —anuncia Baldo muy ufano— y me intriga mucho esta cita.
—El caso es que tengo la idea de haberme cruzado con vosotros en algún instante, pero no sé donde —dice Mercedes.
—Eso mismo me sucede a mí. Me sois como muy familiares —pronuncia Berta.
—Hola a todos. ¿Me hacéis un hueco? Me gustaría hablar con vosotros.
—Pues no sé, señora —respondió Baldomero impulsivo—. Es que a nosotros nos han citado aquí…
—Os he citado yo. Necesito hablar con vosotros.
—Ah, pues en ese caso ¡coño!, siéntese por favor —dice el chico levantándose por una silla.
—Baldomero, tienes que moderar tu lenguaje, si quieres llegar a ser detective, necesitas dar una imagen más serena, que la gente confíe en ti. Fíjate en Mercedes, ella es psicóloga y observa con atención, antes de sacer conclusiones, aunque sufre porque se siente culpable y Berta, mi querida Berta, sigue sin encontrarse. Llegar a los cincuenta trae sus complicaciones ¿verdad?
—No entiendo. Nos citas para hablarnos de algo que ya conocemos, pero no acierto a adivinar cómo lo sabes tú —pronuncia Mercedes enfadada.
—Mi amada Mercedes, yo te creé, durante días, semanas, meses, ocupaste mi mente de día y de noche. Te inventé una vida, un amor, Miguel, una tragedia, Marina, y un psicópata que te persigue, Marcos. Todo salió de mi mente… Berta, fuiste mi día a día, mis cincuenta años reflejados en tus anécdotas, fuiste parte de mí…y Baldomero, mi infeliz y gafoso joven, te concebí una nueva vida con la que intentar salir de la tuya tan desgraciada…
—Muy bien, o sea que eres nuestro Dios —dice Baldomero.
—No, sólo vuestra autora.
—Mira por dónde. Pues me alegro de conocerte, porque tengo bastantes cosas de las que quejarme —dice Mercedes—. Me engatusaste con una trilogía, me dijiste: en la primera sufrirás; el verdadero amor, para la segunda novela y el final…¿Y me dejaste sufriendo porque por medio se metió esta cincuentona?
—Oye chica más respeto que yo no te he faltado —responde Berta—.Ya ni siquiera ocupo una neurona de su cerebro. Se terminó con el cenizo éste.
—Y una mierda, Ya estoy hasta los huevos de que echéis el sanbenito de gafe. Al final me lo voy a creer.
—Bueno, tranquilidad, si os he citado no es para que peleéis entre vosotros. Ninguno es más que otro. Para mí sois todos muy queridos, y tan sólo quería advertiros de que…
—Nos vas a liquidar a todos —dice Baldo.
—Se te ha ido la inspiración —dice Mercedes interrumpiendo.
—¿Y eso que es? —pregunta Baldo. Porque si hay que buscar a esa Inspiración, yo la encuentro seguro. Me acuerdo de que en el edificio donde vive mi madre, Cándida, hay una chica que se llama así.
—¿Cómo? Tío, estás chalado —responde Berta.
—Si os he citado aquí, vuelvo a decir, es para pediros en primer lugar que dejéis de atosigar mi mente, os suplico que os vayáis durante un tiempo de vacaciones, olvidadme, no vengáis a visitarme en los momentos más intempestivo, porque me creáis culpa cuando no soy capaz de sacaros adelante. En segundo lugar, Baldo, no hace falta que busques a Inspiración, esa está conmigo y hasta ahora no me ha fallado y lo tercero la continuidad de vuestras vidas está asegurada, con tranquilidad, sin prisa pero sin pausa, como se suele decir. He de aprender aún mucho. Me dicen que soy muy buena en los diálogos, pero yo quiero algo más y necesito estudiar y cultivarme en otras parcelas.
Todos alegraron el gesto, felices de que sus personajes no se perdieran entre las viejas hojas de unos cuadernos o en las pocas entradas de un blog y sus vidas siguieran adelante.

—Bueno, por fin te encontramos. Esta vez nos los has puesto difícil.
Todos miraron extrañados a unos señores con batas blancas que cogían de los brazos a su autora.
Miren ustedes, esta señora es una loca empeñada en que es escritora y que habla con sus personajes. Se ha escapado de la clínica y llevamos toda la tarde buscándola —dice el más alto.
—Pero es verdad —grita ella—Yo los inventé, Baldo, Mercedes, Berta…
—Mira que tienes labia, siempre acabas convenciendo a pobres infelices. Disculpen ustedes, dicen a los señores que están en la cafetería. Veras si al final vas a tener algo escritora por lo embaucadora que eres. Se la llevaron en volandas ante la estupefacción de los presentes. Cuando el camarero llegó a la mesa con la cuenta comprobó que estaba vacía. Habían desaparecido como por arte de magia. En realidad, todos se marcharon con la loca a ocupar sus respectivos lugares en su creativo cerebro.

Mercedes es la protagonista de mi novela La Caricia de Tánatos.
Berta, la conoceis del blog como Anecdotas de una de cincuenta y...
Baldomero es el protagosnita de ViIda y milagros de un ex
La loca: soy yo
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