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EL último viaje de Elena (II)




Ahora, sin embargo, estaba aterrada, aunque el miedo disminuía a la vez que aumentaba la distancia entre ella y el asunto que la había forzado a tomar la decisión más importante de su vida.
En la agencia de viajes le habían reservado una habitación en un hotel cercano a Barajas. Hasta él llegó en un taxi y con una única maleta por equipaje. Se metió en la cama sin cenar. Llevaba una semana con insomnio. De un lado, la ansiedad que le provocaba el viaje que iba a emprender, y de otro los acontecimientos que acaecieron, suponían un lastre del que difícilmente podía librarse. Amanecía cuando se levantó harta de dar vueltas en la cama, sintiendo una arcada seca como única manifestación exterior del miedo que la asfixiaba por dentro.
Se vistió con un conjunto de pantalón y chaqueta que había escogido por su comodidad, tal como le habían recomendado para un viaje largo en avión; y cuando se miró al espejo para ponerse algo de maquillaje, comprobó que a pesar de las ojeras su cara seguía siendo agraciada y las arrugas le habían respetado hasta el punto de que solamente unas imperceptibles líneas atravesaban la frente y el entrecejo. Al pasar los dedos por ellas, le vino la imagen de la primera vez que las notó y del estremecimiento que sintió al darse cuenta de que enfilaba la recta final de la vida sin haberla vivido como ella hubiera deseado. A sus cincuenta y cinco años huía, pero no del suceso que la golpeó, sino de sí misma, de su vida de falsedad y aburrimiento, de todo lo que había querido aparentar en los últimos treinta y seis años sin llegar a creérselo ni ella.
Era la última oportunidad. En la nota que le dejó a Tomás antes de partir escribió: “No sólo es culpa tuya”.


A las ocho de la mañana se sentó en un taxi que en quince minutos la dejó en la puerta de la terminal. Se sabía de memoria los pasos que tenía que seguir, pero viajar sola le producía una gran inseguridad. Comprobaba de manera obsesiva que la cremallera del bolso estuviera bien cerrada y no perdía ojo a la maleta, no demasiado grande, donde había metido alguna ropa con la que comenzar su nueva vida.
Cuando entró en la zona de embarque, quedó sorprendida de la cantidad de tiendas. El hecho de llevar encima todo el dinero de la cuenta corriente compartida con Tomás le hacía sentirse poderosa. Sin embargo, por más que buscó no halló nada que fuera de su agrado. Al fondo vio una librería. Una sonrisa iluminó su serio rostro. Una revista y alguna novela eran lo mejor para ayudarle a soportar las ocho horas y media que duraban el vuelo.
Elena descubrió en la lectura una forma de escape a una rutinaria vida. Cuando sus hijos se fueron de casa, el vacío fue tan inmenso que creyó morir, unas veces de nostalgia y otras de aburrimiento. Gracias a La casa de los espíritus, de Isabel Allende, que por casualidad su hija dejó olvidada en el dormitorio, se sintió transportada a otra dimensión. Desde entonces, cuando comenzaba a leer una novela dejaba de ser ella y se identificaba hasta tal punto con la protagonista que a partir de ese instante era ella la que reía, odiaba, amaba, disfrutaba del mayor placer o se ahogaba en un mar de lágrimas.
El sol entraba como una lengua de fuego por los grandes ventanales de cristal invadiendo de luz y calor la sala de embarque del vuelo de Iberia 6251 con destino Nueva York. Aún faltaban treinta y cinco minutos, según marcaba el panel situado sobre el dintel de la puerta. Varios niños corrían nerviosos de un lado a otro sin que sus padres pudieran sujetarlos. En la cuarta fila de asientos, algo alejada de la puerta, se sentaba Elena intentando leer. Sus ojos se posaban en la página, aunque era incapaz de entender lo que veía. Su mente se encontraba en otro lugar.
Cuando vio que la gente se levantaba para acceder al avión, hizo lo mismo. En la cola, comprobó una vez más que llevaba la tarjeta de embarque en el bolsillo exterior del bolso y miró por enésima vez el número del asiento. Mientras esperaba nerviosa que le llegara su turno, repasó mentalmente el plan de viaje. Sintió un pellizco de angustia en el pecho al recordar que nunca había montado en avión y su corazón se aceleró de nuevo.
—La tarjeta y el pasaporte, por favor —le pidió la azafata.
—Tome —dijo Elena.
—Gracias y buen viaje.
Se introdujo por el túnel y el corazón comenzó a palpitarle con fuerza una vez más al ver la puerta que daba paso al interior del avión. Ya no había vuelta atrás. Dejaba una vida para empezar otra.
—Bienvenida a bordo. ¿Cuál es su asiento?
—El 11 A —dijo de memoria.
—Debe ir hasta donde se encuentra mi compañera —le indicó el sobrecargo.
Elena agradeció la información y allí se dirigió obediente. La azafata le dijo cuál era y ella se sentó. Se abrochó el cinturón a la espera de conocer al compañero de viaje mientras jugaba nerviosa con las manos y hojeaba, sin mucho interés, su revista.
Una chica alta y guapa con pelo rubio, largo y liso, vestida totalmente de blanco recorría el pasillo mirando los números de asiento. Elena deseó con todas sus fuerzas que fuera su compañera de butaca y cuando comprobó que así era sintió que todo saldría bien. La incertidumbre desapareció y volvió a sonreír.
—Creía que no llegaba a tiempo —dijo mirando a Elena—. El tráfico está cada vez peor. Era imprescindible que cogiera este avión y he tenido que presionar al taxista para que tomase un atajo. Pero ya estoy aquí, que es lo que importa. ¿Viajas mucho? —le preguntó.
—No. Es la primera vez que monto en avión. Sólo he viajado en tren, y poco.
—Yo estoy todo el día de un lado para otro por motivos profesionales. Es muy cansado.
Continuará


Comentarios

josealfonso martínez ha dicho que…
Uy...! Cambio: hastío por libertad, en qué quedará todo esto?
Un beso.
LUNA ha dicho que…
Tengo el corazón en un puño.... Valiente? Inconsciente, Aventurera, Fugitiva?....
Besitos
Ardilla Roja ha dicho que…
¡Jolin que nervios!

Estoy como Luna. No sé si es una fugitiva que huye del crimen que ha cometido, si lo hace para que no la maten a ella, si va a reunirse con un amante...

A ver que nos cuentas en la siguiente entrega.

Besos
maria jose moreno ha dicho que…
Josealfonso
Elena quere cambiar de vida...¿qué sucederá?

Luna
Yo creo que Elena es por primera vez en su vida valiente.

Ardilla Roja
Tu romanticismo te acerca un poco más a la verdad.

besos a todos y gracias por estar aqui
Adelaida Ortega Ruiz ha dicho que…
La trama se complica, se pone más interesante, más trayente si cabe.

Espero ansiosa la parte siguiente.

Un beso y felicidades por la nueva entrada.
maria jose moreno ha dicho que…
Gracias, Adelaida por pasearte a leer esta segunda entrega. La proxima sera la definitiva. Creo que el final os sorprenderá. Un beso
mar ha dicho que…
¡Que ganas de seguir hasta el final!
La intriga va a poder conmigo, pero si nos auguras un final feliz esperaremos un poquito más.
Un beso de Mar
Nancy ha dicho que…
Hola, hola. Vengo de leer la primera parte y ahora la segunda. Tengo tremenda gripe y mis ojos lloran ante la pantalla, pero me tienes atrapada con tu relato a la espera del desenlace.
Estaré pendiente, desataste más mi curiosidad ante las respuestas que has dado.
Apapachos.
p.d.
Qué linda bienvenida la de tu blog.
maria jose moreno ha dicho que…
Mar
No te digo nada del final...solo que sera una sorpresa...jaja ;-)
Besos
Nancy
Espero que te mejores de la gripr. Que fastidio en mi casa la cogió my hija y estuvimos expectantes y aún seguimos a ver quien es el proximo. Cuidate mucho y aprovecha para descansar.
El gif de bienvenida se la copie a una seguidora de este blog porque me gustó mucho, por supuesto le añadi mi propio texto.
Un beso y cuiadte mucho
M.Iglesias ha dicho que…
Una huida hacia adelante con el DVD como disparadero......., cuant@s quisieran tener ese valor y desde luego las posibilidades de hacerlo.
Un beso y seguiremos esperando :-)
Adelaida Ortega Ruiz ha dicho que…
Hola!! Entré por si estaba ya la parte III. jeje.

Saludos.

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