La mañana amaneció gris y fría. Otra más sin atractivo ninguno. Al saltar de la cama noté sobre mí la losa de la melancolía. Esa que te aprisiona y te lleva al profundo pozo de la desesperación. Y, de nuevo, se me representó la idea que barruntaba en mi cabeza de manera constante, pero esta vez me atrapó en un bucle del que no pude escapar. Como si mi voluntad se hubiera esfumado, caminé autómata al cuarto de baño y abrí el cajón donde guardaba el espejo de aumento. Lo extraje y lo tiré con violencia sobre las baldosas del suelo donde se rajó en unos pocos cristales. Con mano temblorosa cogí el trozo más grande y afilado. Lo acerqué a mi muñeca. Con decisión rajé la piel hasta llegar a las venas y al instante, el caliente y espeso líquido rojo comenzó a fluir. Ahogué un grito de dolor y me dejé caer en el suelo, esperando que la plácida muerte me transportara en sus alas a una mañana azul y cálida. 0910304799770
Blog de María José Moreno