jueves, 25 de mayo de 2017

Los colores de nuestro silencio




El color del silencio
Octavio Esteva Navarro
https://artecanario.es/galeria-virtual/mixtas/el-color-del-silencio-1712.html




Nos reunimos este jueves para escribir de LOS COLORES DE NUESTRO SILENCIO, los siguientes jueveros

María José Moreno: Lugar de Encuentro
Carmen Andújar: Mezclando arte
María Perlada: Algo más que palabra
Charo: ¿Quieres que te cuente?
Campirela: Campirela
Molí del Canyer: Molí del Canyer
Yessy Kan: Manifestkan
San Galisan: Y nacimos casualmente
Alfredo: La plaza del Diamante
Diva de noche: Divagaciones nocturnas
Roxana: Soñando uno de tus sueños
Tracy: Tracycorrecaminos
Mónica: Neogéminis
Mamceci: Notas desde el fondo de mi placard
María Liberona: Entre versos y narrativa
Miralunas: Veredas y adoquines
Matices: 100 folios
El Demiurgo de Hurlingham
Rhodea Blasón
Mirna Gennaro






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Los colores de mi silencio



El color del silencio
Octavio Esteva Navarro
https://artecanario.es/galeria-virtual/mixtas/el-color-del-silencio-1712.html


Cierra la puerta del dormitorio con suavidad. Me concentro en escuchar sus cautelosos pasos alejarse. 
Él cree que duermo, pero nunca lo hago. 
Conozco a la perfección cada uno de sus movimientos antes de huir. Huir de una relación complicada, un compromiso no aceptado, un cariño mal entendido disfrazado de rutina que el tiempo ha marchitado como hace con todo lo que toca, un mundo de mentiras en el que se ahoga y al que no es capaz de renunciar. Y yo muero por dentro cada vez que se aleja de mí, con una pregunta en los labios que nunca me atrevo a pronunciar: ¿Volverá?
Los fantasmas del abandono colorean mi mundo de silencio. Se extienden como pesadas manchas de aceite  sin que los pueda conjurar, al mismo tiempo que mis lágrimas humedecen, como cada día, la almohada. 
El rojo con el que se disfraza el demonio del deseo por lo prohibido; el verde de la envidia hacia esa otra mujer que legalmente lo acogerá entre sus brazos y lo besará sin culpa ni remordimiento; el amarillo de avaricia por seguir aferrada a lo que nunca será mío, nada más que por poseerlo circunstancialmente;  el rosa de nuestros mejores momentos compartidos, siempre con azules mentiras que quisimos disimular para no enturbiarlos, sin conseguirlo completamente. Mentiras y más mentiras que nos han llevado a esto y de las que no podemos escapar. 
Escucho otra puerta cerrarse. Lo último perceptible antes del desconsolador silencio. 
Se fue, se fue, ya se fue definitivamente... Y yo me quedo despierta entre los colores de mi silencio.
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domingo, 21 de mayo de 2017

Este jueves un relato: Los colores de nuestro silencio



El color del silencio
Octavio Esteva Navarro
https://artecanario.es/galeria-virtual/mixtas/el-color-del-silencio-1712.html



Acabo de finalizar la lectura de una novela titulada El color del silencio de Elia Barceló. Tras su lectura, muy grata por cierto, me quedé pensando en el título que, casualmente, me llevó a leerla y si había cumplido con lo yo esperaba. 
En efecto, así ha sido. La trama nos acerca a cómo puede ser el color de los secretos, de las palabras no dichas y guardadas para hacer daño, de la palabras omitidas pero sentidas, de la palabras que se quedan entre los labios esperando la ocasión..., o simplemente, de esos momentos de reflexión, que amparados en el silencio se nos tornan en infinitud de colores según nuestro estado de ánimo, nuestras esperanzas y fantasias o el propio devenir que nos masca. 

Y de todo esto versará nuestro próximo jueves. Escribamos en poco más de 350 palabras cómo son Los colores de nuestro silencio.

Las normas ya las conocéis.

¡Os espero a partir del miércoles por la noche con vuestro colores particulares!
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lunes, 1 de mayo de 2017

Celebrando el Día del Libro de 2017 con los jóvenes

Comienzo a escribir en esta plantilla en blanco de blogger una nueva entrada y recuerdo lo que pensé la última vez que lo hice: «tienes que escribir más en el blog, lo tienes abandonado, es una pena...» y lo que me prometí: «escribir algo todos los días». Esta promesa no la he cumplido. 
Mi última entrada es del 19 de marzo. ¡Ha transcurrido un mes y medio! Soy un desastre.
Lo cierto es que tiempo no me sobra, pero no creo que esa sea la causa, sino la apatía y la hipobulia de la que a veces nos dejamos llevar. Siempre andamos tirando de un carro demasiado lleno y «el caballo» a menudo, se cae o se despanzurra. Por suerte, tras la tormenta viene la calma y las «promesas» se renuevan con la ilusión de cumplirlas.

Hoy me acerco para dejar constancia de mi celebración del Día del Libro. Este año no fui a Sant Jordi en Barcelona. El pasado, sí estuve y fue una experiencia nueva y diferente. Lo pasé muy bien aunque terminé agotada (creo que es lo que decimos siempre todos los escritores que vamos de fuera). Este año, como os decía antes, no estaba en mi mejor momento y lo dejé pasar. Pero no dejé de celebrar el Día del Libro, esta vez, con los alumnos de bachillerato de mi ciudad.

Me ofrecieron, un año más, participar en una charla con los alumnos del Colegio del Carmen de primero de bachillerato, cuya libro para leer este trimestre era La caricia de Tánatos. Como siempre fue un placer atender las cuestiones que la lectura les había suscitado. También estaban muy interesados en la autopublicación en Amazon y de camino les hablé de nuestra preocupación por la piratería. La piratería generó bastante discusión y desconcierto en ellos cuando le hablé de cifras. Y, sin duda, el tema princeps fue el del Mal, de eso se trataba. Hablamos de ese Mal que tenemos tan cerca que asusta mucho más porque es real y se interesaron por conocer de qué trataba el resto de la trilogía. Antes de que nos diéramos cuenta se acabó el tiempo, vinieron las fotos y las preguntas personales, que siempre existen. Contenta, satisfecha y deseando de regresar el año que viene. 










El día 24 de abril, estuve por primera vez en las aulas del Instituto Medina Azahara con los alumnos de bachillerato y esta es la crónica que han publicado en el blog del instituto sobre ese día:

«El día 24 estuvo en nuestro instituto la psiquiatra y escritora Mª José Moreno para hablar sobre la primera parte de su Trilogía del mal, La caricia de Tánatos, al alumnado de Bachillerato, que previamente había leído la novela.
María José Moreno nació en Córdoba en 1958, donde reside. Escritora, psiquiatra y profesora titular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Córdoba, se inicia en el ámbito de las publicaciones con artículos científicos y libros en el campo de la psiquiatría. En el año 2008 irrumpe en la literatura de ficción, con un relato titulado Cosas de Catedráticos, que fue galardonado con el Cuarto Accésit en el II Certamen Internacional de Relato Breve de la Universidad de Córdoba. Al año siguiente, inaugura Lugar de Encuentro, su propio blog literario, que cuenta con más quinientos seguidores y trescientas mil visitas, donde publica sus relatos cortos. La Trilogía del mal, que está alcanzando un considerable éxito editorial, cuenta con tres obras, en las cuales la autora vierte su experiencia como psiquiatra: La caricia de Tánatos, que se centra en el maltrato psicológico; El poder de la sombra, sobre la mente de una asesina en serie, y La fuerza de Eros, acerca de la pedofilia. Otras novelas suyas son Bajo los tilos, Vida y milagros de un ex y, para el público infantil, Pepe Pepino.
La escritora presentó su obra y explicó que la mente humana es compleja, por lo que, a veces, en las personas de apariencia más inocente se aloja el mal. La mejor manera de hacerles frente es, según la autora, ser fuerte y partir de la convicción de la propia valía. Alertó contra el maltrato psicológico, muy frecuente en las parejas, que los jóvenes confunden a veces con el amor entregado. También explicó que escribe porque lo pasa muy bien y recomendó a los jóvenes que comienzan a escribir que perseveren. Su experiencia hizo muy amena la charla,  salpicada de preguntas formuladas por el auditorio a las que contestó de forma cercana con un gran conocimiento de la materia. El alumnado quedó muy satisfecho y deseoso de continuar leyendo los dos restantes volúmenes de la trilogía.
Agradecemos a Mª José Moreno que haya hecho un hueco en su apretada agenda para venir a nuestro centro y esperamos contar con su presencia en próximos cursos».

¡Por supuesto que pienso repetir!
Próximamente podré disfrutar de encontrarme con alumnos de otras poblaciones (Nula y Castellón) como parte de mi participación en el Festival Castellón Negro. 
Nuestros futuros lectores están entre los niños y la juventud. Nuestro empeño debe estar en ello, en convertirlos en lectores y con ello contribuiremos a que sean «mejores» en todos los sentidos. 

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lunes, 20 de marzo de 2017

Recuerdos de mi infancia: La festividad de San José







Seguro que conocéis una canción popular que dice:

José se llamaba el padre,
Josefa la mujer
y tenían una hijita que se llamaba María Jos
é...

Esta canción me la han cantado muchas veces porque en mi familia se daban todas estas circunstancias aunque a mi padre siempre lo llamaron, Pepe, y a mi madre, Pepita, que para el caso es lo mismo. Lo interesante y curioso de este hecho, más allá de la burla colegial, se reflejaba sobre todo en la celebración del día San José, que en aquellos tiempos siempre era fiesta. Celebraciones que recuerdo como  los mejores y más dulces momentos de mi infancia. 
Mi padre era funcionario del extinto INP (Instituto Naciones de Previsión) pero además era practicante, al igual que mi madre. Los dos ponían inyecciones y los dos tenían unas manos maravillosas, y no solo por lo que dijeran los afectados sino que yo puedo dar fe de ello. Estaban muy demandados por lo que puedo confesar que mi infancia estuvo ligada a traseros en pompa esperando que las diestras manos de Pepe o de Pepita pincharan sus prietas  carnes con antibióticos, complejos vitamínicos, analgésicos...etc. Y es que en aquella época los tratamientos buenos siempre eran a base de inyecciones. Es más, si el médico te recetaba pastillas, es que tenías poca cosa. En cuanto la enfermedad era importante te chascaban una caja de inyecciones, como mínimo. Ahora que lo pienso, también estaban muy de moda los supositorios y esos sí que me gustaban poco. Como os habréis imaginado yo no alumbraba en el momento del pinchazo pero sí que me gustaba ver cómo hervían las jeringas y las agujas en los estuches metálicos. Estuches que me han acompañado durante toda mi vida. 

Aunque penséis que he perdido el hilo, no es así. Todo está relacionado. Como la gente estaba muy agradecida (nunca llegué a entenderlo bien, pues además de que te hacían daño luego regalabas con gusto y satisfacción..., quizá el truco estuviese en que más que en agradecimiento fuera en prevención, para que los tratasen bien en su siguiente tanda de pinchazos ¡ja,ja,ja!) por lo bien que mis papis les ponían las inyecciones, cuando llegaba el día de San José les regalaban unas tartas buenísimas. Se ve que entonces no existía miedo a engordar ni a que te diagnosticaran de síndrome metabólico y a no ser que fueras un diabético diagnosticado, todo el mundo se premiaba y regalaba pasteles, dulces y tartas. 
Si cierro los ojos puedo ver con claridad la mesa de madera oscura del comedor llena de tartas. Y cuando digo llena es llena. La mesa era cuadrada y grande y en el día de San José se cubría de tartas de nata, de yema, de merengue, de bizcocho borracho... Había tantas, que por la tarde venía mucha gente (familiares, amigos, vecinos...) a casa para celebrar nuestro día y os aseguro que todos se marchaban con el estómago lleno y un trocito más para el día siguiente. 
En realidad no me importaba que me cantaran la canción porque yo estaba muy orgullosa de ser esa hija, María José, de Pepe y Pepita. Mis padres. Los mejores. 


Mis padres en el día de su boda con mi abuela, Carmen, y mi abuelo, Cesar
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sábado, 18 de marzo de 2017

Como diente de león de Pilar Fernández Senac

Como diente de león 
Pilar Fernandez Senac
Malbec Ediciones
326 páginas
2016
Cuando la autora me ofreció su libro para que lo leyera acepté como tantas veces he hecho porque entré en Google y me gustó mucho su portada, luego pude leer la primera página y eso me decidió aún más a pesar de la inmensa lista de novelas que tengo esperando turno. Un turno que no es estático pues las adelanto o atraso en función de los comentarios que leo de personas especializadas. El caso es que cuando me llegó a casa con una bella dedicatoria por parte de la autora me reafirmé en mi decisión y como pude la adelanté en esa lista para leerla cuanto antes.
Diana, la protagonista de esta novela, a la pregunta de su hija sobre, ¿qué son los dientes de león? contesta que «trocitos de nubes que han echado raíces». Leí varias veces esta frase porque me gustó mucho sin saber que la propia frase encerraba en sus ochos palabras la intensa trama de esta novela.  Claro que esto lo averigüé cuando concluí su lectura.
De tal manera que cuando esas nubes (nuestros deseos, esperanzas, futuro, nuestra propia vida...) peligran no les queda otro remedio que enraizar en la tierra para no se arrastradas por la tormenta o los fuertes vientos y, a partir de ahí, reconstruirse —siempre cambiar antes que disolverse en la nada—.
Con una prosa elegante, cuidada y al mismo tiempo sencilla, la autora nos lleva de la mano junto a Diana por un camino de evolución personal, del que nos hace partícipe a través de sus miedos, confusión, incredulidad, angustias y sobre todo de su dolor —ese cabrón que la acompaña día y noche para que no olvide lo que le ha sucedido—. 
Unos personajes bien construidos con los que es fácil empatizar y donde los acontecimientos están puestos al servicio de la expresión de sus sentimientos, por lo que hacen que esta novela, contemporánea e intimista, sea muy agradable de leer y de disfrutar. Una novela que te deja muy buenas vibraciones.
Lo que más me ha sorprendido es el énfasis que hace, imagino que la autora y la editorial,  en la plataforma de Amazon, de que se trata de Uromance contemporáneo, una novela romántica de mujeres contemporáneas
Para mí la la historia va más allá de tópicos románticos y de la propia historia que se va fraguando. Personalmente creo que le hace un flaco favor porque quien vaya buscando una novela con las características del género romántico, no lo va a encontrar. 

Como siempre digo, lo que aquí reflejo son las sensaciones que la novela me ha trasmitido al leerla. Nunca una reseña y mucho menos una crítica literaria, para lo que no me encuentro preparada.
María Pilar Fernández en Facebook
Comprar en Amazon


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miércoles, 1 de marzo de 2017

Mal trago de Carlos Bassas del Rey





Mal Trago
Autor: Carlos Bassas del Rey
Pag. 247
Editorial Alrevés

Cuando abrí la novela Mal trago de Carlos Bassas del Rey me bastó leer la primera frase de su primer capítulo para saber que encerraba el germen de lo que iba a ser la trama de una buena novela. Lo supuse y lo confirmé al tiempo que avanzaba en la lectura. Una primera frase de esas que siempre buscas para ese primer capítulo de la novela que estás escribiendo, que envidias y te lleva a preguntarte: ¿cómo nunca se me ha ocurrido una igual?

Mal trago es una novela policíaca. La tercera en la que el autor confía en el inspector Herodoto Corominas para protagonizar una compleja trama de denuncia social y de enredadas relaciones entre padre e hijos, relaciones o más bien malas relaciones auténticas, reales como la vida misma. Una novela en la que la vida pasa por los personajes y, al tiempo que se mezcla con torturadores recuerdos, les va dejando tal impronta que llega a constituirse en parte sustancial, fundamental, de la trama. Corominas, padre y marido ausente, entregado a su trabajo nos muestra en esta ocasión parte de un aterrador pasado que marcará sus actuaciones.

Una casa en demolición en Ofidia, un espectáculo al que asisten impertérritos curiosos observadores. El descubrimiento de  una caja fuerte u oculto en ella el cadáver de  un niño vestido de Primera Comunión. Este inicio pone en marcha al inspector Corominas y da el pistoletazo de salida para la investigación. Una petición de rescate no atendida por parte de una persona influyente en Ofidia (ciudad de nombre inventado, en la que se puede reconocer cualquier pequeña ciudad de provincias) y ni siquiera comunicado a la policía. Otro colegial desaparecido, otra petición de rescate a otro empresario que acepta con tal de salvar la vida de ese pobre niño y el miedo de Corominas de no llegar a tiempo acelera las pesquisas llevándolas por cauces, en algunos momentos, poco legales. El propósito de Herodoto es dar con el secuestrador y asesino,  para ello recurre a todos sus contactos actuales y pretéritos y a técnicas de interrogatorio muy persuasivas. En este punto, la trama se vuelve frenética hasta dar con el asesino, que no imaginas en ningún caso quién es ni tampoco por qué lo hace. Hurgando en su  pasado, Corominas, descubre, como suele ser habitual, una serie de motivaciones inconscientes y conscientes ancladas en su infancia como posible causa de su interés por matar a los niños y, sobre todo, por vestirlos de Primera Comunión, cerrando así el círculo de la investigación. Un inesperado giro final en la resolución del caso te lleva a la auténtica realidad, «la verdad». Un magistral final para esta novela de policías. Una vez más, nada es lo que parece.

Escrita de forma impecable, con frases cortas y cuidados diálogos, me ha llamado la atención como Carlos Bassas salpica su obra de citas en latín (traducidas, por supuesto) —puestas en boca del inspector—, no sé si reducto de su formación humanista con las que va sembrando semillas para la reflexión. Además, al igual que me sucedió cuando leí la novela de Pere Cervantes, La mirada de Chapman, me ha parecido ver en los nombres de los personajes de esta novela cierto guiño hacia determinados autores del género negro y policial. Como ya escribí, en el caso de la novela de Pere, es el autor el que debe decirnos si es cierto o simplemente es fantasía de la calenturienta mente de una psiquiatra escritora de thriller que en todo alcanza a encontrar determinadas relaciones.
 
Estamos ante una muy buena novela, de las que saborear poco a poco. Te la recomiendo. No te vas a arrepentir porque los humanos vivimos y la vida conlleva, sin atisbo de duda, Malos tragos. 




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lunes, 27 de febrero de 2017

Abecedario de flores de Alfredo Cot González

Abecedario de flores
Autor: Alfredo Cot
Editorial Cuestión de Belleza
97 páginas
2016


El año pasado presenté en Valencia mi novela El poder de la Sombra. En esa ocasión tuve la magnífica oportunidad de almorzar con un entrañable amigo juevero, Alfredo Cot. Como era lo normal estuvimos hablando de libros, de los míos y de los suyos. Entonces, me anunció que muy pronto saldría publicado su libro de relatos, Abecedario de flores, y me contó lo que había disfrutado buscando las flores que incluir en su libro y, por supuesto, las historias que debía entretejer alrededor de las mismas. Ahora, después de haber tenido el libro entre mis manos y haber disfrutado cada una de esas historias, comprendo el entusiasmo que trasmitían sus palabras. 
En la solapa Andrés Amat dice que este libro es «...un poema en prosa que pide ser leído apelando a los cinco sentidos, pero entremezclados en iluminadora sinestesia...». Y así es. Cada uno de los relatos nos deja en apenas dos páginas instantes para oler sonidos y colores, ver olores o saborear texturas. 
El autor, gran amante de la música clásica, imita este género y comienza el libro con una Obertura «ad hoc» titulada «El paraguas que quiso ser flor» para terminarlo con un Final «ma non tropo» que nos introduce en un índice «Andante Spianato» en el que cada flor da respuesta a la pregunta: ¿a qué saben las flores? Así nos encontramos que para el autor el Amarilis sabe a pasión fatal, peligro y helado de limón orgulloso, la Fucsia a velocidad descarada con un halo de santidad conventual, la Margarita a juguete de niño,  travieso, caprichoso e inocente o la Ulmaria a mar abierto, sin límites, sin perspectiva, sin horizonte.
Entre esa Obertura y el Final, podemos leer momentos que te llegan al interior, que te hacen reflexionar contigo mismo, que evocan lugares desconocidos que llegas a conocer por su color, por su olor, dibujados en torno a una determinada flor... Flor que guarda en su interior todo un mundo de posibilidades y que Alfredo va desgranando para nosotros mediante unas acertadas frases de gran belleza.

«Mi alma no es una estación, sólo un apeadero donde las hierbas y rastrojos crecen hasta esconder esas dos líneas de hierro que nunca llegan a juntarse...» (Amarilis).
«Perdidas mis pérdidas, me veo de oscuro y gris, no sé cómo iluminarme. Entre nubes, me visto de mentiras, me disfrazo de otro que se me parece, lo intento... pero él no se lo cree...» (Echinopsis).
«Mudo, sordo, ciego, muerto... me siento cuando las palabras oprimidas no fluyen. Nada soy sin mi voz escrita. Nada. Desterrada mi prosa y exiliadas mis rimas en un silencio trabado, obligado...» (Orquídea).

Poemas en prosa... Vida vívida y vivida... Magia de colores, olores, sabores, sensaciones entremezcladas para que los lectores podamos aprehenderlas y emocionarnos. Emoción sostenida en cada frase, en cada párrafo, en cada página. 
Las flores son un producto de gran belleza de nuestra infinita Naturaleza. Las flores son bien conocidas por Alfredo; su familia siempre ha trabajado con ellas y ,además, Alfredo es un mago de las palabras que ha sabido conjuntar haciendo de este libro un imprescindible de nuestras bibliotecas. Te lo recomiendo. 




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sábado, 11 de febrero de 2017

Anécdotas del baúl de la Piquer


No es la primera vez que digo que cuando comencé a escribir pensé que llegaría el día en que vería mis novelas en las mesas de novedades de las librerías. Seguro que en este preciso instante, vuestros labios han dibujado una sonrisa malvada. Lo sé, no hace falta que me lo digáis, era bastante ilusa y confiada, pero es que aún no había conocido este mundillo. Luego vino el rechazo, pocas veces, y la ignorancia, la mayoría, por parte de las editoriales a las que enviaba mi novela y esto me hizo tomar tierra, o más bien, darme de bruces con la realidad.
Mi persistencia y las nuevas perspectivas creadas por la edición digital me llevaron por unos derroteros que, en aquellos momentos, eran impensables. Por eso ahora puedo afirmar con fuerza, que nunca imaginé llegar a donde he llegado. No solo por ver mis novelas en las librerías sino porque me han permitido viajar por toda España para promocionarlas y conocer a mis lectores. Y con este largo preámbulo llego al meollo de la cuestión que quiero comentar. Esta entrada va de viajar, de eso que muchos me dicen: «Viajas más que el baúl de la Piquer».
En efecto, la edición de mis novelas en papel me ha permitido recorrer parte de nuestra geografía hablando de algo que he creado, mimado, engalanado para ofrecerla, de la mejor manera posible, a los que gustan del disfrute de la palabra escrita.

Estos viajes me han enriquecido como escritora y como persona. De un lado, he conocido personalmente a compañeros y lectores con los que compartía amistad en las redes sociales y puedo decir bien alto que en persona ganan mucho, muchísimo. También, personas anónimas me han demostrado su cariño e interés por mis libros y eso llena... nos os podéis imaginar cuanto, o sí.  
Estos viajes están cargados de gente anónima con la que me he cruzado en estaciones, en el tren y en el autobús, de silencios meditadores, de siestas, de lecturas, de escrituras y de anécdotas. 
Anécdotas y anécdotas..., no podía ser de otro modo cuando te expones al contacto con el  género humano. De entre todas hay una que me tocó vivir hace pocos días en mi participación en Aragón Negro. Presentábamos David Lasso y una servidora, La fuerza de Eros, en el FNAC de Zaragoza. Llegamos temprano y departimos con Juan Bolea en la antesala esperando que llegara el público. Mi mirada, siempre receptiva a cualquier cosa que se salga de la normalidad, localizó a un hombre de mediana edad, aspecto bohemio y con una carpeta en la mano que se paseaba de un lado para otro y que de pronto se metió en la sala. Con la charla me olvidé de él hasta que entramos y lo vi en la primera fila. Comenzamos. Mientras David hablaba se contuvo, pero en cuanto yo tomé la palabra, a las mías le seguían comentarios suyos, al principio musitados y con el paso de los minutos cada vez más altos. Cuando se desató la hecatombe fue en el turno de preguntas para el público. Como esperaba, levantó la mano el primero. En cuanto escuché sus primeras argumentaciones supe que aquello no iba por buen camino. Me increpó sobre lo que yo había comentado de los psicópatas, poniendo ejemplos del estilo de que para psicópatas, las fuerzas de seguridad. Y así, cada vez más crecido llegó el momento en que  abrió la carpeta de anillas que llevaba repleta de papeles, con intención de leerme un supuesto informe psiquiátrico... Bien, llegado a ese punto, lo interrumpí, le dije que yo no estaba allí como psiquiatra, que no estaba dispuesta a responder a ninguna de sus preguntas y lo invité, amablemente, a salir de la sala... Se resistió, pero al final conseguí que se fuera para que pudiéramos proseguir la presentación. 
Me dejó un sabor amargo que el resto de los asistentes intentó paliar, pero no se me pasó hasta que tuve la suerte de cenar al lado del actor, Miguel Ángel Muñoz, una hombre cultísimo, amable, simpático, cordial y muy atractivo... Pero esa anécdota la dejaremos para otra ocasión.


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