jueves, 29 de julio de 2010

Este jueves un relato: Quisera encontrarme con...




Era la tercera vez que miraba le reloj en escasos minutos.
—Las siete y aquí no aparece ni Dios. No sé cómo he podido aceptar esta extraña invitación en esta cafetería tan pija.
Miró una vez más la tarjeta, con su nombre completo, el lugar de la cita, pero si firma.
—No tengo arreglo. Me monto unas fantasías yo sólo que vaya chasco que me llevo luego…
—¿Baldomero? —pregunta una chica joven y bien vestida que llevaba en la mano una invitación similar a la suya.
—Sí, soy yo.
—Soy Mercedes Lozano. Encantado de conocerte —dice apretando con fuerza la mano que Baldomero le extendía—. ¿Puedo sentarme?
—Por supuesto que sí y además veo que a ti también te ha llegado la misma tarjetita que a mí.
—Me han citado a las siete en este lugar y me refería que habría un chico que reconocería por…
—Sí, por la puta mancha en la cara que me dejó la cigüeña.
—Bueno, no lo decía de esa manera, pero sí nombraba tu angioma. Voy a pedir un refresco, ¿quieres algo?
—No aún no me he terminado el cacharro —dice señalando el vaso largo que tiene delante—. Pues, en mi tarjeta dice que vendrá una señora de unos cincuenta y tantos años y que se llama Berta. De manera que aún falta alguien.
—Esa soy yo —dice Berta con una cara sonriente— y vosotros sois Baldomero y Mercedes ¿A que sí?
Berta ocupa la silla que quedaba libre y pide una botella de agua sin gas.
—Estoy a plan. A mi edad no podemos permitirnos algunos lujos —dice señalando el cubata de Baldomero.
—Bueno…y digo yo. ¿Qué tenemos nosotros en común para que nos hayan citado aquí a los tres? Yo es que voy para detective —anuncia Baldo muy ufano— y me intriga mucho esta cita.
—El caso es que tengo la idea de haberme cruzado con vosotros en algún instante, pero no sé donde —dice Mercedes.
—Eso mismo me sucede a mí. Me sois como muy familiares —pronuncia Berta.
—Hola a todos. ¿Me hacéis un hueco? Me gustaría hablar con vosotros.
—Pues no sé, señora —respondió Baldomero impulsivo—. Es que a nosotros nos han citado aquí…
—Os he citado yo. Necesito hablar con vosotros.
—Ah, pues en ese caso ¡coño!, siéntese por favor —dice el chico levantándose por una silla.
—Baldomero, tienes que moderar tu lenguaje, si quieres llegar a ser detective, necesitas dar una imagen más serena, que la gente confíe en ti. Fíjate en Mercedes, ella es psicóloga y observa con atención, antes de sacer conclusiones, aunque sufre porque se siente culpable y Berta, mi querida Berta, sigue sin encontrarse. Llegar a los cincuenta trae sus complicaciones ¿verdad?
—No entiendo. Nos citas para hablarnos de algo que ya conocemos, pero no acierto a adivinar cómo lo sabes tú —pronuncia Mercedes enfadada.
—Mi amada Mercedes, yo te creé, durante días, semanas, meses, ocupaste mi mente de día y de noche. Te inventé una vida, un amor, Miguel, una tragedia, Marina, y un psicópata que te persigue, Marcos. Todo salió de mi mente… Berta, fuiste mi día a día, mis cincuenta años reflejados en tus anécdotas, fuiste parte de mí…y Baldomero, mi infeliz y gafoso joven, te concebí una nueva vida con la que intentar salir de la tuya tan desgraciada…
—Muy bien, o sea que eres nuestro Dios —dice Baldomero.
—No, sólo vuestra autora.
—Mira por dónde. Pues me alegro de conocerte, porque tengo bastantes cosas de las que quejarme —dice Mercedes—. Me engatusaste con una trilogía, me dijiste: en la primera sufrirás; el verdadero amor, para la segunda novela y el final…¿Y me dejaste sufriendo porque por medio se metió esta cincuentona?
—Oye chica más respeto que yo no te he faltado —responde Berta—.Ya ni siquiera ocupo una neurona de su cerebro. Se terminó con el cenizo éste.
—Y una mierda, Ya estoy hasta los huevos de que echéis el sanbenito de gafe. Al final me lo voy a creer.
—Bueno, tranquilidad, si os he citado no es para que peleéis entre vosotros. Ninguno es más que otro. Para mí sois todos muy queridos, y tan sólo quería advertiros de que…
—Nos vas a liquidar a todos —dice Baldo.
—Se te ha ido la inspiración —dice Mercedes interrumpiendo.
—¿Y eso que es? —pregunta Baldo. Porque si hay que buscar a esa Inspiración, yo la encuentro seguro. Me acuerdo de que en el edificio donde vive mi madre, Cándida, hay una chica que se llama así.
—¿Cómo? Tío, estás chalado —responde Berta.
—Si os he citado aquí, vuelvo a decir, es para pediros en primer lugar que dejéis de atosigar mi mente, os suplico que os vayáis durante un tiempo de vacaciones, olvidadme, no vengáis a visitarme en los momentos más intempestivo, porque me creáis culpa cuando no soy capaz de sacaros adelante. En segundo lugar, Baldo, no hace falta que busques a Inspiración, esa está conmigo y hasta ahora no me ha fallado y lo tercero la continuidad de vuestras vidas está asegurada, con tranquilidad, sin prisa pero sin pausa, como se suele decir. He de aprender aún mucho. Me dicen que soy muy buena en los diálogos, pero yo quiero algo más y necesito estudiar y cultivarme en otras parcelas.
Todos alegraron el gesto, felices de que sus personajes no se perdieran entre las viejas hojas de unos cuadernos o en las pocas entradas de un blog y sus vidas siguieran adelante.

—Bueno, por fin te encontramos. Esta vez nos los has puesto difícil.
Todos miraron extrañados a unos señores con batas blancas que cogían de los brazos a su autora.
Miren ustedes, esta señora es una loca empeñada en que es escritora y que habla con sus personajes. Se ha escapado de la clínica y llevamos toda la tarde buscándola —dice el más alto.
—Pero es verdad —grita ella—Yo los inventé, Baldo, Mercedes, Berta…
—Mira que tienes labia, siempre acabas convenciendo a pobres infelices. Disculpen ustedes, dicen a los señores que están en la cafetería. Veras si al final vas a tener algo escritora por lo embaucadora que eres. Se la llevaron en volandas ante la estupefacción de los presentes. Cuando el camarero llegó a la mesa con la cuenta comprobó que estaba vacía. Habían desaparecido como por arte de magia. En realidad, todos se marcharon con la loca a ocupar sus respectivos lugares en su creativo cerebro.

Mercedes es la protagonista de mi novela La Caricia de Tánatos.
Berta, la conoceis del blog como Anecdotas de una de cincuenta y...
Baldomero es el protagosnita de ViIda y milagros de un ex
La loca: soy yo
Mas relatos en el blog de Gus


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miércoles, 21 de julio de 2010

¡Este jueves un relato!: Problemas técnicos

Me dolían los pies a rabiar. Llevaba todo el día vagando por las calles de Roma y aquel café, en los sombreados jardines de la Piazza de Fiori, se me antojó un lugar ideal para descansar. Nada más sentarme me descalcé con disimulo las sandalias, para comprobar que aquellas finas tiras que al principio parecieron un guante, con el paso de las horas se habían clavado en mi esquelético pie produciéndome un verdadero tormento.
A un amable camarero, que solícito se acercó al verme sentada en aquel estado, le pedí una botella de agua sin gas, que ingerí sin descanso hasta la última gota. En una mesa cercana un chico me observaba. Pude intuir cierta sorna en sus ojos, a la que respondí con una de mis miradas desafiantes e irresistibles.
Más hidratada, pero igual de dolorida, me disponía a continuar mi camino cuando el hombre en cuestión se me acercó. Su voz sonaba algo aflautada y en un romántico italiano me invitaba a cenar. Su boca era de labios finos y sonrosados, su nariz chata y sus negros ojos bordeados de largas y espesas pestañas. ¿Quién podía resistir aquella propuesta? Me recompuse y me dejé guiar por aquel magnífico anfitrión hasta un pequeño restaurante con mesas de manteles a cuadros, rojos y blancos. Una cena maravillosa a la luz de una vela, una conversación chapurreada entre español e italiano y un ligero roce de nuestros labios a los postres. La envidia que daría a mis amigas cuando le contara lo sucedido, pensé.
Cuando salíamos a la calle un inesperado aire fresco nos sorprendió y presuroso se quitó el jersey para echármelo por los hombros. Me echó el brazo por encima y durante el camino mientras él hablaba y hablaba, yo debatía conmigo mismo qué haría al llegar al hotel. Nada más llegar a la puerta de cristales que daba a la recepción lo tuve claro y le invité a subir a mi habitación. En el ascensor, me tomó de la cintura, me cogió la cara entre sus manos de largos y finos dedos y me besó como hasta ahora nadie lo había hecho y pensé, sin apartarme de su boca: con razón tienen fama los hombres italianos.
En la habitación me llevó hasta la cama. Con mucho cuidado me descalzó las sandalias para masajear mis molidos pies, sus manos me acariciaron los muslos bajo la falda susurrando palabras de amor en italiano, que no entendía, pero que me sonaban a gloria bendita, y todo sin dejar de besarme. Cuando ya no podía más y notó mi excitación a punto de desbordarse, me tomó una mano y me la llevó a su entrepierna. ¡No había nada! Al oído me dijo: Ho un problema tecnico, ma come ben presto affrontare. Sono un uomo intrappolato nel corpo di una donna.
Le miré a los ojos con una boba sonrisa y le dije, continúa, no te preocupes, caro amore, nadie es perfecto.


Traducción de google translator: Tengo un problema técnico pero en breve lo solucionaré. Soy un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer.
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martes, 20 de julio de 2010

Eternidad

Tumbada en la cama le recibí. La noche era nuestra encubridora camarada en la triste contingencia de aquella imposible pasión. Con rubor recordé, de nuevo, nuestras calientes caricias. Necesité su cuerpo y me cobijé en sus brazos, resguardada del tiempo, que corría sin fin, mientras con su cálida voz me cortejaba, repetidamente, con tiernas canciones de amor.

I love you  ( Sarah Mclachlan)

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jueves, 15 de julio de 2010

Unos días de descanso

La brisa del mar, con su fragancia salada, se adentra en la estancia mientras escribo estas líneas. Estoy deseando salir fuera para aspirarla y llenar mis maltrechos pulmones de ese aire húmedo y limpio que les devuelva a su estado original. Estoy en la playa.
He comenzado mis vaciones con muchos proyectos por delante y uno de ellos es descansar. Los demás, vendrán poco a poco.
Necesito unos días perdida conmigo misma, valorando lo habido y por haber; planinficando algunas tareas que aún me quedan por realizar y meditando sobre mi futuro porque fui una ingénua que puse mis expectativas en  alcanzar fortalezas excesivamente altas  y yo, insignificante hormiga escribiente, no puedo sino asomarme a ellas desde el vértigo del deseo pero si medios, a mi alcance,  para escalarlas.
Me voy aprovechando que Gustavo tiene problemas técnicos y no hay convocatoria para este jueves, pero volveré pronto.
¡Nos vemos!
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miércoles, 7 de julio de 2010

Este jueves un relato: Amor eterno


Una suave brisa, aromatizada de azahar, se cuela por la pequeña apertura de la ventana. Ella está en la cama, como un níveo espíritu confundido con las sábanas, semi-inconsciente y su pecho sube y baja en convulsa búsqueda de un soplo de aire.
Desde el sillón, que he colocado a su lado, la observo sin creer que pueda encontrarme allí. Después de casi cincuenta y dos años, la encuentro en su lecho de muerte.
Acaricio con suavidad su mejilla, para no despertarla. Beso su frente y sin querer, una furtiva lágrima se precipita hasta su piel. En ese instante, entreabre los ojos y me mira desde no sé qué lugar.
—Hola, mi amor —le susurro.
—¿Eres real o estoy soñando? —me pregunta.
—Soy yo, en carne y hueso —bromeo.
Una cansada sonrisa se dibuja en su cara, y en sus chispeantes ojos azules descubro un inesperado fulgor. Le tomo la mano y ella me aprieta, para cerciorarse por sí misma de lo que le acabo de confirmar.
—¿Mi familia?
—Espera fuera. Tus hijos son muy agradables, también tu marido.
—No quería morir sin verte por última vez –dice fatigada.
—Lo sé. Han removido cielo y tierra hasta dar conmigo.
—¿Te casaste?
—No. Ninguna era como tú. He vivido de tu recuerdo.
—¡Dios, mío! ¿Cuánto daño nos hicieron?
—Lo intenté todo, pero cansado me marché del país, de esa manera aminoraba mi dolor. Tenerte tan cerca y tan lejos, al mismo tiempo, no lo soportaba. Sin embargo, y sin desearlo, de una u otra forma, los rumores sobre tu vida llegaban hasta mí.
—¿Podrás perdonarme?
—Tú no hiciste nada malo. Sobreviviste, como yo. ¿Qué culpa teníamos nosotros de que nuestras familias se odiaran?
—Sabes —dice con una ligera sonrisa—, me acuerdo de cuando éramos unos niños y jugando me levantabas la falda y luego salías corriendo…
—Ja,ja,ja… Sí, como no lo voy a recordar. Os chinchábamos y de paso os veíamos las braguitas.
—Pero tú siempre me la alzabas a mí.
—Siempre fuiste mi preferida. Cariño, me enamoré de ti cuando aún llevabas trenzas… y aún lo estoy.
La beso en los labios. Más de un lustro deseando saborear de nuevo su aliento.
—Sigues teniendo la boca fresca —le digo.
Ella ríe.
—Siempre que me besabas decías lo mismo. También aquel último día, a la orilla de río, cuando nos despedimos sin saber que no nos veríamos al día siguiente, ni al otro…
Una lágrima escapa de sus ojos.
—Te he echado tanto de menos, a lo largo de mi existencia, que cuando recaí por tercera vez en las fauces de este monstruo que me devora desde hace años, me propuse contar la verdad a mi familia. Quería gritar con todas mis fuerzas que mi amor siempre fue exclusivamente para un hombre, tú —dice acariciando mi cara—. A estas alturas me da todo igual.
—Calla. No hables así —digo con voz temblorosa.
Intento disimular la congoja que invade mi alma. No quiero que se entristezca.
—Mi marido ha sido muy bueno conmigo y he tenido unos hijos excepcionales; a cambio, renuncié al amor. Ahora, puedo permitirme ser egoísta. Y lo quiero todo, aunque sea por unos días o unas horas. Te quiero y hasta el último hálito de vida te querré.
—Te amo y siempre te amaré, en este y en el otro mundo. Tenemos una vida nueva por delante —le digo mientras la arropo con mis brazos.
—Te quiero —me susurra.
Nos abrazamos en silencio hasta que su languidez me revela lo irreparable.
—Nos encontraremos. Siempre nos encontraremos —balbuceo entre lágrimas, a sabiendas de que sus oídos se han cerrado para siempre.


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domingo, 4 de julio de 2010

Vida y milagros de un ex. NO HA GANADO


Al final no pudo ser. Diez novelas finalistas y  mucha la competencia. Mi novela protagonizada por Baldomero no ha sido una de las dos ganadoras. Mis felicitaciones a Sue y a Gloria que sí lo consiguieron con sus novelas Nada es lo que parece y La pensión de la media estrella.
Gracias a todos los que han leido mi novela y me han acompañado a lo largo de estas semanas.
Un beso
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sábado, 3 de julio de 2010

"Vida y milagros de un ex" ¡FINALISTA!



Vida y milagros de un ex, las peripecias de Baldomero, que presenté al certamen de novela corta por entregas de Ediciones Fergutson ha quedado finalista. De las veintitrés novelas que cumplieron con los plazos han seleccionado diez finalistas y el domingo seleccionaran a las dos que serán publicadas en papel. Aún tenemos posibilidades, aunque llegar hasta aquí ha sido una aventura. he tenido que escribir un capítulo por semana durante siete semanas, pero creo que ha quedado una novelita muy decente y sobre todo divertida. El personaje, Baldomero y su madre Cándida, son muy entrañables y lo cierto es que me ha sabido a poco, por lo que tengo prevista continuar con estos personajes en otro proyecto.
Si alguien quiere leer esta novela puede pinchar en los distintos capítulos que aparecen debajo de la imagen de Baldomero en la columna derecha del blog.
Gracias a Ediciones Fergutson por el certamen y al jurado por la valoración de mi novela.
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