miércoles, 23 de junio de 2010

Este jueves un relato: Recuerdos

Mamá y yo


El olor a canela en rama y cáscara de limón impregnaba la cocina. Mamá removía, con una cuchara de madera, de manera lenta pero rítmica, para que no pegara, en el fondo, el arroz con leche que borboteaba en una cacerola. Yo observaba atenta y divertida desde mi asiento preferente en el pollete de la cocina al que me encaramaba cada vez que ella cocinaba.

Recuerdo que me contaba muchas historietas. Era una enamorada de la geografía, de la historia… y de las novelas de Agatha Christie. También le gustaba que yo le leyera o le relatara lo que estudiaba mientras ella se afanaba en la cocina. ¡Qué buenos ratos!

En aquella ocasión, la del arroz con leche, intentaba aprenderme una poesía que me habían puesto de tarea en el colegio: La canción del pirata de José de Espronceda. Yo, atascada, repetía una y otra vez Con cien cañones por banda, viento en popa a toda vela…y ahí terminaba mi inspiración. Mamá me miraba de reojo y sonriendo me obligaba a comenzar de nuevo, pero no había manera. Aquello no era para mí. Harta y enfadada me marché de la cocina mientras ella terminaba de rellenar los cuencos con el arroz con leche y los espolvoreaba con la canela molida.

Al poco, fue al salón, donde yo seguía dale que dale, y se sentó a mi lado en el sofá. Cogió de la librería un libro muy pequeño, de hojas finas y pasta marrones con adornos dorados. Su libro preferido de poesía: Obras completas de Gabriel y Galán y me leyó unas estrofas de una que se llama Mi vaquerillo:


He dormido esta noche en el monte
con el niño que cuida mis vacas.
En el valle tendió para ambos
el rapaz su raquítica manta
¡y se quiso quitar-¡pobrecito!-
su blusilla y hacerme almohada!
Una noche solemne de junio,
una noche de junio muy clara...
Los valles dormían,
los búhos cantaban,
sonaba un cencerro,
rumiaban las vacas...

Quedé impresionada con su manera de entonar aquella poesía. Cuando terminó, me habló de la belleza de las palabras y de la importancia de la lectura, que nos trasladaba a exóticos o desconocidos lugares y nos acercaba a gente que nunca podríamos conocer. Me regaló su libro de poesía (que ahora mismo tengo en mi regazo) y se dispuso a echarme una mano con la Canción del pirata, hasta que conseguí recitarla de memoria y entonando, tan bien, que con el paso del tiempo no la he olvidado. Tampoco a ella. Un cáncer nos la arrebató cuando acababa de cumplir sesenta años y yo, veintitrés. Su poesía, su amor por los libros, su saber estar y hacer, su ternura, su amor por la vida…quedó en mí. En una grandísima parte, lo que soy se lo debo a ella.

Le encantaba esta canción. Mi pequeño homenaje a su recuerdo.
Nunca te olvidaré, mamá.



Más recuerdos en casa de Gustavo
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miércoles, 16 de junio de 2010

Este jueves un relato: Bichos

El bicho

La noche era un infierno. El sol llevaba horas escondido y ni por ello descendían las temperaturas. La ventana abierta de par en par y ni un hálito que refrescara el ambiente y secara el sudor que bañaba su camiseta de tirantes con la que acostumbraba a acostarse. No debía de haberle prestado atención cuando repetía sin parar: Lo mejor que podemos hacer es pasar el verano en el campo. He encontrado una casa estupenda, de una sola planta, con un huerto monísimo y con montones de árboles alrededor. Verás como allí refresca por la noche. Por lo menos cinco o seis grados menos que en la ciudad.
¡Y una mierda!, pensó mientras se secaba la frente con el dorso de la mano. Además, tenía que sufrir los cansinos ladridos del perro guardián que no se acostumbraba a que después de tanto tiempo vacía, la casa estuviera de nuevo habitada. Insoportable.
No sabía qué hora era, pero sí que llevaba tiempo acostado sin poder conciliar el sueño. De manera obsesiva, aquellas frases reiterativas de su esposa ocupaban su pensamiento y se arrepentía sobremanera de ser tan condescendiente. Si hubiera sido más enérgico ahora estaría en su cama, con el aire acondicionado a toda potencia, fresco y durmiendo como manda Dios. Y todo porque nuestros amigos habían alquilado una casita rural y nosotros no podíamos ser menos, se decía.
El zumbido de un mosquito vino a interrumpir su perturbadora reflexión.
—¡Joder lo que me faltaba! ¡Que este bicho me breará a picotazos! ¡Qué delicia el campo con su calor, sus bichos…! — farfulló, mientras cogía la sábana, que descansaba arrugada a los pies de la cama, y se tapaba hasta la nariz.
Prefería el calor a la picadura. Dándole la espalda, su mujer roncaba sin tregua, con el cogote mojado pero sin que ello turbara, lo más mínimo, su plácido sueño.
De pronto, en el reflejo plateado, que la estela de la luna llena dejaba en la habitación, pudo observar con los ojos entornados, como el bicho se posaba sobre la rolliza espalda de su mujer. Atento, para no perderse nada, esperó a que el mosquito posara su trompa chupadora y libara el suculento néctar sanguíneo. Una sonrisa se dibujó en su rostro al pensar en el habón que tendría al día siguiente.
—No quieres campo, pues toma campo— musitó tapándose la boca para que no se escuchara su carcajada.
Aguardó la partida del mosquito con el estómago repleto, pero parecía incapaz de despegar. Se acercó para ver mejor y con asombro pudo comprobar que el mosquito yacía exánime sobre la piel de su esposa. No podía creerlo.
—El pobre bicho se ha envenenado. ¡Qué mala sangre!, ¡menudo bicho está hecha!
—¡Andrés, despierta! ¡Despierta! Tienes una pesadilla.
—¿Qué pasa? ¡Dios mío, qué calor hace! Estoy sudando.
—No exageres. Aquí en el campo se está genial. Me has despertado con tus gritos acerca de alguien que ha muerto envenenado.
—No recuerdo nada —dijo preso de la confusión.
—Mejor así. Venga, duérmete otra vez que no son nada más que las dos de la mañana.

La mujer se giró decidida y reventó el cuerpo sin vida del pobre mosquito. Sobre la sában blanca quedó la marca roja, del impune delito.
Más de bichos en casa de Gustavo
 
 
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miércoles, 9 de junio de 2010

Este jueves un relato: Berta y el deporte


















La báscula no engaña, cinco kilos más que la última vez y eso que me he pesado desnuda —pensó Berta muy cabreada.
Mañana comienzo con la dieta otra vez, a mi edad no me puedo permitir coger ni un kilo más, si no el médico me dirá que las rodillas no me aguantarán, que me va a subir el colesterol, el del malo, por supuesto y como no, el azúcar… se decía para sus adentros, mientras se colocaba la camisa, que le hacía una chorrera por cada michelin y se embutía en el pantalón.
Camino del trabajo seguía erre que erre, con los cinco kilos, por más que su compañera Marta, intentaba quitarle importancia.
—Me voy a buscar un gimnasio —dijo Berta de pronto.
—¿Tú crees que estás para esos trotes?
—Desde luego, hija, que desagradable eres. ¿Qué tengo yo que no tengan esas que se pasan el día haciendo deporte subidas en las máquinas o bailando sobre un cajón?
Step.
—Stepe, ¿Eso qué es?
—Así se llama la plataforma antideslizante sobre la que uno se sube y se baja. Es una palabra inglesa y se traduce por escalón.
—Que repipi eres a veces, Marta. Bueno pues tendré que hacer eso o cualquier otro deporte porque con dieta sólo no volveré a mi peso.
—Han inaugurado un gym nuevo y dicen que está genial.
—Dame la dirección que me voy a llegar en la media hora del café.
Cogió un taxi que la llevó hasta la misma puerta del gimnasio. Una amable señorita la paseó por las instalaciones explicándole con detalle todo a lo que ella tenía acceso por una modesta cuota de 100 euros al mes. Berta la miraba asombrada ante lo que veía, y desconcertada por el precio. Mentalmente echó cuentas, lamentándose de que justo ahora el gobierno hubiera decidido bajarle un cinco por ciento el sueldo, pues con ello habría podido hacer frente al pago, pero…
—No se lo piense —le dijo la señorita leyéndole el pensamiento—. Es una ganga.
—Bueno, eso de que es una ganga —repitió con ligera sorna.
—Claro que sí. Mire, usted tiene una edad…
—¡Vaya con la edad! Hoy a todos les ha dado por llamarme vieja.
—Perdone señora, no era mi intención ofenderla, le decía que tiene una edad en la que no puede arriesgarse a hacer ejercicios bruscos que puedan dañarla.
—¡Ah! Eso es otra cosa. Es verdad, lleva toda la razón, pero es que me tienen una liada con la edad.
Rieron.
—Pues eso, que ahí es donde está la ganga; porque en el precio se incluye un personal training.
—¿Un qué? —preguntó asustada.
—Un personal training o un entrenador personal, en español, le indicará lo que debe hacer en cada momento vigilando que lo realice bien y no se haga lesiones. Mire allí, al fondo de la sala, hay un señor con Enrique, uno de nuestros entrenadores.
—Berta, entrecerró los ojos para ver mejor, porque la coquetería le impedía llevar gafas para corregir su miopía, y entrevio a un anciano de pelo blanco y bigote del mismo color con un Adonis a su lado.
Aquella visión fue suficiente para que se decidiera. Cuando se despidió de la joven, tras abonar tres mensualidades adelantadas y reservando cita con Enrique, el entrenador, para esa misma tarde, pensó que era lo mejor que podía hacer. Dieta y deporte con aquel chico, todo iría de maravilla.


A las cinco de la tarde rebasaba nerviosa el umbral de la puerta de entrada. Otra chica, aún más joven, la recibió. Ella, orgullosa, enseñó el carnet y fue directa a los vestuarios. Se había comprado un conjunto azul celeste que era una monería.
—Señora, su entrenador la espera —le gritó la joven desde la puerta.
Berta se apresuró, no quería hacerle esperar. Se atusó el pelo y se puso glos en los labios. El deporte no estaba reñido con el glamur. Salió sonriente y seductora.
—Hola, Berta. Soy Enrique —dijo el señor anciano de pelo blanco y bigote del mismo color adelantando la mano para estrechársela.
Berta no pudo pronunciar palabra alguna…

 
Más sobre deporte aquí. Gustavo en micro
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martes, 8 de junio de 2010

Posología




POSOLOGÍA
Este es un ejercicio del taller que me costó mucho esfuerzo, por eso lo comparto con vosotr@s, seguro que a much@s os recordará el que hicísteis

Se basaba en esto: Seguro que en casa tienes algún prospecto de un medicamento. Aunque solemos utilizar la palabra “prospecto” sólo para referirnos al impreso informativo que acompaña a las medicinas, también recibe ese nombre cualquier anuncio breve de una obra, espectáculo o que describe el mecanismo y funcionamiento de una máquina.
En esta propuesta vamos a imitar la estructura del prospecto de una medicina; pero describiendo una frase hecha. Este tipo de frases, interpretadas literalmente, se prestan al juego lingüístico, resultando muy humorísticas.

Yo escogí la frase :

PENSAR EN LAS MUSARAÑAS
Vía cerebral



Composición

Pensar: (Verbo) Imaginar, considerar o discurrir.
En: (Preposición) Denota en qué lugar, tiempo o modo se realiza lo expresado por el verbo a que se refiere.
Las: (artículo determinado femenino plural) Se antepone a un sustantivo femenino plural para indicar que el referente es conocido por el hablante y el oyente.
Musarañas: (sustantivo plural) Nombre común a varias especies de mamíferos del orden insectívoros, de pequeño tamaño (3-10 cm de longitud), cabeza pequeña y hocico puntiagudo.

Contenido del envase:



Frase hecha: Estar una persona distraída y sin poner atención en lo que se hace o se dice a su alrededor.

Indicaciones:



Método resolutivo para largas sesiones de aburrimiento. Úsese en clases, conferencias, discurso del jefe, largas cenas en casa de los suegros, fiestas familiares, amigos tediosos que cuentan batallitas…

Contraindicaciones:

No usar cuando a uno le vaya la vida en ello: conduciendo cualquier tipo de vehículo, estudiando, trabajando con máquinas peligrosas, en el juego amoroso…

Precauciones:



Pensar en las musarañas debe ser administrado con precaución en ciertas edades. En la infancia y adolescencia no hay peligro. Cuando se toma en la edad adulta para escapar del tedio, puede llevar a la alienación y al delirio fantástico, por lo que de usarse debe hacerse de la manera siguiente: con los pies firmes en la tierra y un oído atento al exterior, para volver cuanto antes a la realidad.
Abstenerse de su uso los histriónicos, fantasiosos, mitómanos, soñadores, lunáticos, ilusos por su vulnerabilidad a perder la razón.

Interacciones:

La administración de “pensar en las musarañas” debe interrumpirse ante la presencia de los padres, de la pareja, de un extraño, ante la llamada de atención del profesor o del orador, y en cualquier momento en que el sujeto se vea transportado al espacio sideral.
Puede alternarse con “mirar a las musarañas”, pero nunca usar de manera simultánea

Posología:
En la situación adecuada, enviar notificación al cerebro. Entornar con disimulo los ojos, respirar pausadamente y relajar los músculos del cuerpo, comenzando por los dedos de los pies y terminado por la cabeza. Poner la mente en blanco durante unos instantes y después, dejar que nuestra imaginación vuele libre, hasta que se detenga por sí sola. En ese momento, debemos recrearnos en aquello que tenemos en la mente, hasta nuevo aviso.
Para su correcta utilización, sería conveniente llevarla a cabo, al menos, una vez al día.

 

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domingo, 6 de junio de 2010

Micros para una calurosa tarde de domingo


Faltan dos semanas para la fecha oficial de entrada del verano. Sin embargo, me he adelantado cambiando los ropajes de mi blog.
Los cuarenta grados de temperatura que disfrutamos desde hace unas semanas han agostado mis primaverales flores, despintado mis  azules y rosas intensos y han obligado a mis pajarillos a marcharse buscando sombras más frescas, de manera, que nos vamos a trasladar aunque sólo sea como fondo a la  orilla del mar.
Así podremos disfrutar de la  brisa fresca, de la espuma blanca de las olas mojando nuestros pies, del  suave y monocorde sonido de las olas en su eterno ir y venir y a la sombra de la palmera, saborear un mojito helado, una piña colada...o cualquier otra bebida fresca que prefirais. 
Y mientras, nada mejor para esta calurosa tarde que compartir algo ligero, que no cueste leer y que nos entretenga. Espero que os guste estos minicuentos, algunos de ellos son ejercicios del taller y otros presentados a concursos.

La cabra encontró unas hojas de la Ilíada que devoró con ansia. Mientras, Homero se lamentaba de su mala cabeza y buscaba desesperado las páginas perdidas.

La última persona sobre la tierra dio origen a una nueva especie de hombre unisexual.

Un pastor se encuentra a un lobo y le dice: Has de saber que soy el padre de Caperucita.

No falla nunca. Hay luna llena, me transformaré en hombre lobo.

Ya han comenzado las conversaciones de paz. Estallará la guerra.

No quedaban libros… en las estanterías. Cubrían el suelo, despanzurrados unos y estrellados otros. Hartos de que no los leyeran, se suicidaron por precipitación.

No quedaban libros… en la librería desde que la frases de pusieron en huelga de letras caídas.




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sábado, 5 de junio de 2010

Sábados literarios de Mercedes: "Conversación con Dios"


Hola, Dios:


Soy Blanca y tengo cinco años, pero seguro que eso ya lo sabes. Yo no sé escribir, aunque sé leer la m con la a, que juntas forman la palabra mamá; me lo ha enseñado la seño, Toñi. Tengo una hermana muy mayor, con diez años, la que te está escribiendo, que se llama Ana.

Yo vivo en Málaga y tú, dice mi mamá, que vives en el cielo. Cuando le pregunté qué dónde quedaba eso, me dijo que por encima de las nubes. Ahora entiendo por qué cuando mami reza conmigo antes de que me duerma, me cuenta que desde lo alto tú nos vigilas a nosotros, tus hijos, y también a los animales, a las plantas, a la piscina, a la playa, al puesto de chuches… y no sé cómo no has visto que mi tortuga, Manolita, lleva unos días pachucha y sin ganas de comer. Anoche le dije a mamá, después de rezar, ¿si Dios lo ve todo, cómo no sabe que Manolita está enferma? Me contestó que te lo preguntara a ti y por eso te escribo esta carta, bueno yo no, Ana.

Mi hermano Javi, dice que Manolita se va a morir y cuando voy llorando a papá para contárselo, me abraza y me dice que eso es mentira, que mi hermano quiere chincharme. Dios, mi tortuga no  puede morirse.
Le doy de comer su comida preferida, hoja de lechuga, y ni la prueba. Me da mucha pena y lloro mucho.

Yo sé que tú eres viejo, como mi abuelo Antonio. Mi abu usa gafas para leer los libros y los periódicos y a veces le escucho: ¡Mierda, que guarras están las gafas! Y mi yaya le riñe por decir palabrotas y entonces, va al lavabo y las lava con agua y jabón y otras, utiliza unas toallitas con las que las deja muy limpias y ve muy clarito.

Seguro que tú también usas gafas porque eres viejecito, y seguro que las tienes sucias, y por eso no te has dado cuenta de lo que le pasa a Manolita. De manera, que como no sé si hay cuarto de baño en las nubes, te envío unos sobres con toallitas limpiadoras, que le he cogido a mi abuelo, de su cajón de la mesilla de noche, para que las limpies y veas porqué Manolita está malita y la cures.

Mi papá va a echar esta carta en el buzón, porque yo no sé donde está, y me ha contado que te la llevarán en avión hasta una nube cerca de tu casa.

Te mando un besito de pez, que a mi mami le gustan mucho.
Recuerdos de Ana.
Blanca

Más conversaciones aquí: Sábados literarios
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miércoles, 2 de junio de 2010

Mi primer cumpleaños.


Hoy se cumple mi primer año en el mundo de los blogs.
Ignorante ante este tema y por ello, aconsejada de un amigo que sabía moverse por estos lares, inauguré, con muchísima ilusión este Lugar de Encuentro; sin saber muy bien con quién me encontraría, ni para qué serviría este blog, pero sabiendo  qué era lo que quería, de ahí el nombre.
Un año después, tengo algunas respuestas.
Este blog me ha proporcionado el encuentro con personas afines en el campo literario, con las que disfruto participando en los encuentros de los jueves de Tésalo y ahora, de Gus; o en los viajes de los sábados literarios de Mercedes y demás conductores... He utilizado este blog, para compartir momentos y vivencias personales... Desde este blog he dado a luz personajes entrañables como  Berta y sus anécdotas de una de 50 y ... De la mano de este blog he llegado a los enlaces de otros  blogs y de esa manera me he introducido en la casa de mis amig@s para conocerlos un poco más aunque no sea en persona, pero sí mediante sus palabras. He disfrutado y he sentido con ellos. Este blog ha permitido que 163 personas me sigan, algo que nunca podía imaginar.
Por ello mi agradecimiento a todos los que han hecho posible que este blog haya alcanzado su primer año, con su ayuda técnica, con sus visitas, con sus comentarios, con su apoyo... Ahora que ya tengo edad para comenzar a andar...;-) no desaparovecharé la oportunidad de seguir recorriendo el espacio virtual que me separa de vosotros,  con lo que me enriquezco no sólo literariamente, sino lo que es más importante como persona.
Mi regalo para vosotros es este video. Ahí estais todos, aunque sea en pequeñito. Estais invitados a un trozo de tarta; es de galletas, moka y fresa. ¡Espero que os guste!

Un beso muy fuerte


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