lunes, 30 de noviembre de 2009

Cinco minutos de relax

Siempre me ha gustado esta dulce cancion My endless love (Mi interminable amor) cantada a duo por Lionel Richie y Diana Ross. La dejo aquí para compartirla con vosotros en esta tarde de lunes.
Sentaros en un lugar cómodo, silencioso, poneros los auriculares, centraros en las imágenes, intentar dejar la mente en blanco o por lo menos intentarlo.
Daros cinco minutos de relax en este turbulento mundo en el que vivimos.
También está permitido llenar la mente de aquel/aquella que cautivó nuestro amor.
En el fondo soy una romántiica.:-)
Feliz tarde






EL: Mi amor,
estas solamente tú en mi vida
la única cosa que es brillante
ELLA: Mi primer amor,
eres cada respiración que tomo
tú eres cada paso que doy
EL: Y yo
ELLA: Yoooooooo
AMBOS: deseo compartir
todo mi amor contigo
ningun otro habrá
ELLA: Y tus ojos,
EL: tus ojos, tus ojos
me dicen que cuánto cuidas
ooh sí, estarás siempre
mi amor sin fin
AMBOS: Dos corazones,
dos corazones que unieron
como nuestras vidas acaban de comenzar
ELLA: por siempre,
EL: Ohhhhhh
AMBOS: te sostendré cerca en mis brazos
no podré oponerme a tus encantos
ELLA: Y amor
EL: Oh, amor
AMBOS: seré un tonto
por ti,
estoy seguro
ELLA: sabes que no importo
EL: oh, tu sabes que no importo
AMBOS: tu causa
significa el mundo para mi
oh
ELLA: yo sé
EL: yo sé
AMBOS: he encontrado en ti
mi amor sin fin
EL: Oooh-woow
AMBOS: boom, boom
boom, boom, boom, boom, booom
boom, boom, boom, boom, boom
ELLA: Oooh, y amor
EL: Oh, amor
AMBOS: Seré un tonto
Por ti
Estoy seguro
ELLA: Sabes que no importo
EL: Oh, tu sabes que no importo
AMBOS: Y, si
Serás la única
Causa nadie lo podrá negar
Este amor que tengo dentro
Y te lo daré todo
EL: Mi amor
ELLA: Mi amor, mi amor
AMBOS: Mi amor sin fin
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LA LOTERIA MÁS BLOGGUERA: Un guiño a la suerte



AnaLaprofe desde su Recreando momentos, me ha invitado a participar en un juego realmente curioso. Compartir un décimo de lotería de Navidad del próximo sorteo del 22 de diciembre, sin gastar un céntimo.
"Una vez más vamos a depositar un poco de esperanza en la Lotería de Navidad para que la suerte, a la que queremos tentar, nos favorezca con unos cuantos € que nunca vendrán mal… Este año Z-13 Lotería nos vuelve a regalar un décimo para compartir entre muchos blogs. Algunos ya sabéis cómo funcionó el año pasado. Este año haremos lo mismo con alguna pequeña diferencia."
Asi es cómo comienza el post publicado por Carlos en su blog
Pueden participar todos aquellos blogs que lo deseen, basta con difundirlo entre nosotros, haciendo un enlace al artículo del blog de Carlos, que os dejo aquí. Se trata de compartir y regalar suerte a nuestros amigos, así que también hay que ser generosos con ellos invitando,al menos a otros cinco blogs, a participar con nosotros de esta iniciativa, e incluirlos en vuestro artículo debidamente enlazados.
Una vez realizados estos dos sencillos pasos, debemos dejar un comentario con el enlace a nuestro artículo en el post de "alas de plomo", y desde allí, nos confirmarán el número de participante en la parte proporcional que nos corresponda a cada uno de los que hayan cumplido con lo poquito que se pide.
El plazo límite para publicar un artículo será: las 24:00 horas del día 20 de Diciembre de 2009.

El depositario del mismo es la Administración:
Z-13 Lotería, en Gran Vía 36 de Zaragoza.
Tfno: 976 235 769.
De cualquier manera si tenéis dudas podéis resolverlas directamente con un comentario en el blog de Carlos "Alas de Plomo" o enviándole un correo a blogalasdeplomo@gmail.com.

Así que desde aquí invito a:

Gustavo.....Gustavo en micro
Luna..... Blog de la IAIA
Tag.... Castelldefoc
Annick... Annick en el pais de las maravillas
Veronica Mársá.... Hel-Leniko
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sábado, 28 de noviembre de 2009

¿Hombres o tiramisú?



Todos los sábados del año, mis amigas y yo, nos reunimos para almorzar. Festejamos que el marido de Purita la abandonó por una chica, más joven, que conoció en internet y que ella se quedó en la gloria. Como repite hasta la saciedad: Lo que le ha caído a la internauta, no tiene nombre.
Esta amiga disfruta comiendo, por ello pensamos que lo que más le gustaría sería instituir ese día, libres de trabajo, para congregarnos en una opípara comida.
Estos largos almuerzos suelen terminar en un prolongado café con chistes.
Tengo que confesar que no me gustan demasiado los chistes, pero sobre todo ¡ODIO LOS CHISTES MACHISTAS Y FEMINISTAS! Cuando mi amiga Patro se entretuvo en explicarnos, por enésima vez, qué son dos neuronas en el cerebro del hombre (había aumentado una respecto a la semana anterior), desconecté.

En la mesa contigua a la nuestra, cuatro hombres celebraban un almuerzo de trabajo. Discutían, sobre unos folios desplegados en el mantel, cada vez más acalorados. No soy muy fiable, pues me suelo equivocar, pero juraría que ninguno sobrepasaba los cuarenta. Vestían uniformes de ejecutivos y no dejaban de beber el tinto que, repetidamente, el camarero vertía en sus copas.
Pendiente de lo que hacían y decían, mi mirada se cruzó con la de uno de ellos. Alto, moreno de pelo, aunque con entradas canosas, bronceado por el sol o los rayos UVA, nariz egipcia y unos ojos, azul cristalino, de esos que te sumergen en un mar de sensaciones.

Para una soltera, como yo, este tipo de encuentro perceptivo visual supone, siempre, una descarga de adrenalina en sangre, una bobalicona sonrisa de oreja a oreja y un entretenimiento en mi rutinaria vida.

Al darme cuenta de que él también se fijaba en mí, entorné los ojos, tras un aleteo triple de pestañas, haciéndome la interesante, y bajé la cabeza seductoramente. En ese punto, me encontré con el tiramisú que saboreaba antes de aquella extraordinaria visión y con el que soñaba desde hacía una semana. La vista de aquel colosal postre me devolvió a la realidad.

Los cincuenta me pillaron desprevenida. Sin darme cuenta aumenté dos tallas y no conseguía bajar el sobrepeso a pesar de la estricta y permanente dieta. Mi piel se volvió seca, áspera y el pelo perdió el brillo. Me compré lo último para remodelar el óvalo facial. Comencé a maquillarme más, para disimular las arrugas, y a usar ropa de marca con la que compensar la decrepitud que sentía sin conseguirlo. Acaparé lo más novedoso en libros de autoayuda y algo leído en el último, retumbó en mis oídos: Tienes que quererte más. No puedes abandonarte. Si te cuidas te sentirás bien, atractiva…

Con disimulo aparté el tiramisú. Trescientas calorías menos. Suspiré orgullosa de mi hazaña.

Levanté la vista hacia el morenazo, decidida a continuar con el coqueteo. Me siguió el juego y sonrió. Le devolví la sonrisa. Retiré de mi vista el postre y me levanté contoneándome. Me acompañó de reojo.

En el baño, saltaba de alegría. Me sentía la mujer más atractiva del universo. Tomé la determinación de acercarme a él antes de marcharme. No debía desperdiciar aquella ocasión que el azar que brindaba. Salí, pisando fuerte, y… casi me caigo de espaldas. Una rubia, no demasiado guapa pero sí resultona y muy joven, le besaba en los labios antes de sentarse a su lado.

A duras penas me recompuse de aquella traición. Al pasar a su lado, practiqué mi mirada de:  Así te fulmine un rayo y te deje achicharrado. Me sentí mucho mejor.

Nada más sentarme, Purita me preguntó:
—Berta, cariño ¿Te terminarás el tiramisú?

Dirigí la vista hacia él, luego hacia mi amiga y de nuevo hacia él. Me sorprendió con un cómplice guiño. Dudé un instante y...

Continuará
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viernes, 27 de noviembre de 2009

¡¡¡Me sumo a la fiesta de Ardilla!!!




Enhorabuena y chin-chin.....por ese relato finalista que se va a publicar
Te lo mereces Ardilla.
Me sumo a tu fiesta, con más globos.
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jueves, 26 de noviembre de 2009

Este jueves un relato




Ornitología


No necesito la luz


En la oscuridad soy capaz de ver toda la miseria que me rodea. Un ejercicio mental que me mantiene cuerdo.
A mi derecha la pared de color gris, sucia y rugosa. En ella, unas señales alargadas profundas hechas con la uña y que reflejan los meses que llevo aquí, por plasmar por escrito lo que pienso. ¿Veinte?, ¿treinta?…no recuerdo. Qué tontería ¿Cómo es posible que no lo sepa? Una extraña sensación me sobreviene. El vértigo de la duda. Repaso centímetro a centímetro la zona con los dedos. Doy con las marcas. Una, dos, tres… veinte. Respiro profundamente. Sí, ahora todo está bien.
Al frente la puerta de frío acero que me retiene entre estos macilentos muros.
A mi izquierda el catre vacio de un compañero ausente. Sin palabras.
Detrás de mí un pequeño ventanuco con barrotes. Diez, del grosor de un dedo, atravesados por otros tantos hasta formar una red de amplios agujeros, pero insuficientes.
El suelo de barro, frío, áspero y manchado de toda clase de inmundicia.
Todo igual. Sin novedad, me digo. A la espera de que termine la noche y comience otro día. El imperturbable paso del tiempo de un preso.

¡Pío, pío! ¡Pío, pío!

¿Qué es eso? Me incorporo y aguzo el oído en la oscuridad.

¡Pío, pio! ¡Pío, pío!

El corazón me brinca imparable y la boca se me seca. No necesito la luz para saber que es un pájaro lo que viene a perturbar mi nauseabunda paz. Me levanto del catre y me acerco al ventanuco.

Un pardo gorrión de dorso rayado practica malabarismos en el estrecho pretil. Lo cojo con cuidado y despliega sus pequeñas alas blancas, miedoso. Su obsesivo trino retumba en la vacía estancia. Amanece. Una bocanada de aire fresco desempolva el enrarecido aire de la celda. Un pedazo de libertad en mis frágiles manos. Una esperanza… ¿Por cuánto tiempo?



 

Más relatos en Tésalo
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domingo, 22 de noviembre de 2009

Amig@s

Un día,  no recuerdo como ni cuando, racalé en el blog de Nancy . Paseé por su lugar y me prendé de sus dibujos. Tan simples y a la vez tan complicados. Tan lineales y al mismo tiempo con tanta profundidad... Le escribí diciéndole lo mucho que me había gustado su blog y le pedí, por favor, que  dibujara algo para el mío.
Pasó el tiempo y me avisó de que esperaba que las musas le inspiraran para hacer mi regalo.
Hace cinco días me envió este regalo: Que yo he puesto en mi blog para entrada a mi perfil. ¿Por qué? Pues muy sencillo, porque se parece mucho a mí o por lo menos yo así lo veo y se lo hice saber. Se inspiró en la imagen de mi perfil y yo me reconozco cuando lo miro. Lo quiero compartir con todos vosotros, porque considero que es una obra de arte.
Hoy me encuentro con la sorpresa de que en su blog hay una  entrada titulada "Una cadena de abrazos" aparecemos las dos ofreciendo un abrazo virtual que le entregúe a ella hace unos días.



Estamos estupendas, como podeís observar y me ha alegrado porque este es, realmente, nuestro primer encuentro virtual, y espero que de la magía de sus manos salgan muchos más de éstos.
Si quereis nuestro abrazo virtual podeis recogerlo ticando en Una cadena de abrazos.



Se termina el domingo y mañana una nueva semana. Os deseo lo mejor para los próximos días... y para siempre.
Dedicados a todos vosotros: La amistad de Laura Pausini
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sábado, 21 de noviembre de 2009

¡Tonta del c...!



A cuestas con el abanico





Aquel día celebrábamos el ochenta cumpleaños del tío Enrique. Como era habitual en cualquier reunión familiar, Raquelita, mi sobrina nieta, una encantadora aunque algo repipi niña de seis años, se sentó a mi lado. Le gusta estar conmigo, según dice, porque soy la única que le hago caso. Tres hermanos en muy poco tiempo la arrastraron, sin remedio, al ambivalente mundo de los celos y la envidia. No me quitaba ojo y al poco escuché su aflautada vocecita que me preguntaba:
—Tía Berta, ¿por qué te abanicas si estamos en invierno?
¡Vaya mierda! Yo, abstraída en conseguir aminorar la temperatura de mi calenturiento cuerpo, creía que nadie prestaba atención al impetuoso movimiento que aplicaba a mi floreado abanico cuando de pronto  esta niña perspicaz, me puso en evidencia.
Esperaba impaciente mi respuesta y yo no sabía que contestarle. De pronto, se me ocurrió:
—Mi querida Raquelita, me abanico porque voy a la moda. El abanico es señal de distinción y resulta muy fino.
—¿Aunque haga frío?
—Eso no importa. Es lo mismo que perfumarte. Lo haces en verano en invierno.
—Pues como la única que te abanicas eres tú, que pasa, ¿las demás no van a la moda?
—Tú lo has dicho. Ni tu mamá, ni la tía Paquita, ni la prima Adela, ni …
Me dejó con la palabra en la boca y se levantó de asiento con prisa para acercarse a su madre. Desde la distancia que ponían cuatro asientos, escuché que le explicaba:
—¡Mamá, mamá, tía Berta dice que no vas a la moda!
La madre, que andaba ocupada alimentando a su último cachorro, ni la miró pero la niña insistió, por aquello de llamar la atención:
—¡Mami! Que dice la tía Berta que no vas a la moda porque no usas abanico.
Esta vez, su madre, más atenta por los convulsivos golpes que la niña imprimía en su brazo, a la vez que hablaba, respondió:
—Dile a la tía Berta que se deje de estupideces, que con la menopausia está perdiendo la chaveta.
Aquellas palabras me llegaron al alma. No merecía esa agresión y menos viniendo de una mujer. Estaba acostumbrada a las bromas masculinas al respecto, pero que ella, mi sobrina preferida, me tratara con tan vil desprecio, no se lo perdonaría nunca.
¡Así te veas llenas de sudores y sofocos sin tener nada a mano para hacerte aire!, le maldije para mis adentros.
—Oye tita, que mi madre dice que tienes la “minoposia”.
—Raquelita, vamos a dejarlo —dije muy enfadada—. Ahora mismo guardo el abanico y no hablemos más.
De esa manera confié calmar su desaforada curiosidad.
—¡Vale, tita! Pero… ¿quieres que te ayude a encontrar la chaveta?

El abanico posee un lenguaje propio. Durante el siglo XIX y principios del XX se consideró un medio de comunicación gestual que empleaba la oprimida mujer para coquetear. Si te abanicabas muy rápido expresabas que le amabas con intensidad y si lo hacías de forma lenta insinuabas tu estado de casada y así, una sarta de movimientos de abrir, cerrar, sostener, golpear…, con los que la mujer declaraba su intención en el simbólico juego amoroso.

En el siglo XXI, cuando la mujer utiliza el abanico, sobre todo si el resto del mundo se queja de frío, es señal de que su cuerpo protesta ante la pérdida de los tan deseados estrógenos y como antaño, también posee un lenguaje peculiar que he sistematizado para conocimiento público: si la mujer lleva en el bolso el abanico y no lo saca, aunque sienta el cuerpo a punto de combustión espontánea, significa que no acepta lo que le sucede.
Si la mujer mira de reojo, para todos los lados, antes de sacarlo del bolso y se ruboriza mientras se abanica con disimulo, expresa que se avergüenza de lo que le ocurre.
Si la mujer lo extrae del bolso, libremente, cuando tiene el sofoco, se abanica y luego lo guarda de nuevo de manera espontánea, va por buen camino para asumir su nueva etapa.
Si la mujer lo lleva siempre en la mano y se abanica cuando le apetece, sin rubor, en cualquier circunstancia y lugar, quiere decir que lo tiene aceptado y no se preocupa, en absoluto, por el que dirán.
Y, si una mujer se abanica, pero ante la pregunta de por qué lo hace, comete la estupidez de responder que es una moda o algo por el estilo, significa que es ¡tonta del culo!, con perdón. Y eso es lo que yo fui, porque desde aquel día, además de abanicarme, sufro el martirio de Raquelita preguntándome por la “minoposia” y si ya encontré la chaveta.

¡A quién Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos y con el tiempo, sobrinos nietos!

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viernes, 20 de noviembre de 2009

Regalo de Abrazo

Adelaida me ha hecho este bonito regalo de abrazo que yo he de compatir con cinco personas. De entre todos he escogido a estos:
Gus, Mimí, Igraine, Nancy, Eliss
espero que vengan a recogerlo


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martes, 17 de noviembre de 2009

¡Y una mierda!




Una encuesta llevada a cabo por Dior y realizada en Europa por la empresa Ipsos confirma que a los 50 años muchas mujeres se sienten más  bellas que a los 20.

De manera que nos encontramos más guapas a los 50 que a los 20. ¡Y una mierda! ¿Y los 30? y ¿los 40? Ésos sí que son buenos años..., pero ni nombralos. Y si sigo leyendo, con seguridad sacarán a relucir lo estupendísimas que se conservan la Sharon Stone, la Pfeiffer o la Demi Moore. ¡Venga! Bonita manera de empezar el día. ¿Para qué habré abierto el periódico por la página de sociedad, teniendo los sucesos y las esquelas?
¡Ajá! He aquí la trampa. Se sienten más bellas porque se consideran más seguras. ¡Dios mío, que estupidez! Encuesta viciada, como siempre.
¡Huy!... Voy a tener que dejar de hablar sola.
Me marcho al trabajo que se me hace tarde. Eso sí muy segura, porque yo soy una de ellas.

Por cierto, me llamo Berta y te invito a conocer  mis venturas y desventuras en "Anécdotas de una de 50 y ..."
Te espero  ;-)


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sábado, 14 de noviembre de 2009

¿Estamos en peligro?

La otra cara de Facebook

Rosa Maria, del Club de las primeras esposas, ha colgado este video que me ha parecido interesante




y he recibido estos comentarios de amigos:
---"otra sala llena de personajes con anteojos y puros"....... que demagogia!!!!, de aqui al fin del mundo en el 2012 :-). Manolo
---Hola Maria José.. bueno.. por mas que queramos borrarnos.. ya está, ya tienen todos nuestros datos.. y... que se puede hacer.. ?? ya saben q mi color favorito es el azul.... que hago fractales y escribo.... q tipo de música me gusta... y... a ver q mas... no solo en facebook estamos siendo evaluados, robados y mas… al entrar en internet ya estamos expuestos y por mas que no pongamos nuestra dirección, ellos ya la tienen en nuestro servidor de Internet, lo de Face ya se sabía hace 2 años atrás y sin embargo.. cada día hay mas personas q se incorporan a face, netlog, twiter y tantas mas… ojo… no estoy defendiendo a Face, para nada… mi opinión es que toda internet es así.
Pero, aunque no entres en Internet estamos siendo vigilados, ya sabemos quien tiene el poder sobre nosotros, es el mismo poder que toma pueblos y países y los empobrece, sabemos q somos solo un números, ya no somos seres humanos, sabemos que mientras tu estas en tu casa leyendo un libro y yo escribiendo este mensaje, hay alguien que nos puede ver desde el espacio… o no…?? Desde que enviaron los satélites al espacio, ya estamos siendo vigilados y manejados a su antojo, ese es el poder de unos pocos, son los mismos que manejan las guerras bacteriológicas, por ende… los medicamentos, el agua… y aquí freno mi deseo de decir algo mas que va mucho mas allá… y no por cobardía…
Amiga…. Ya no hay escapatoria, estamos hasta la coronilla y ni siquiera el Chapulin colorado nos podrá salvar.. jajaja… (un poquito de humor para no caer en depre… :) )
Lo único que no pueden manejar son nuestros sentimientos…. mmmh… será así…?? :) ... Leer más
Te mando un gran abrazote, al menos... que Face sirva para conocernos..:) que tengas un lindo día. Eliss

Espero que no les moleste que los muestre en mi red, al fin y al cabo lo han hecho publico...

Yo no sé qué pensar. En parte comparto estos comentarios, pero...

Me gustaría saber vuestra opinión.

Encontré estas paginas  en imágenes de google:

¿ESTAREMOS NOSOTROS TAMBIÉN?




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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Este jueves, un relato

Tú eres hábil



Cocinera 
Recuerdo que de pequeña mi lugar preferido de la casa era la cocina. Grande, cuadrada,  revestida de azulejos blancos y con un gran ventanal por donde entraba el sol de la mañana. Los muebles eran de mampostería y se cerraban no con puertas, sino con unas rizadas cortinillas de tela de cuadritos blancos y verdes. Sentada en una silla alta observaba a mamá ir y venir de la despensa al fogón y de éste al fregadero; de vuelta se paseaba por la alacena o la nevera. Sabía, porque aún se conservaba allí aunque en desuso, que al principio hubo una estufa de carbón que luego se sustituyó por una pequeña cocina de butano.
En ese entrañable lugar aprendí a conocer los alimentos, a manejar las cantidades y a mezclar de manera sutil las especias: pimienta, comino, curry, cayena, canela… con las que condimentar  hasta obtener deliciosos manjares. Ella me instruyó.
Con el paso de los años me alejé de los fogones. Cuando mi trabajo me lo permite rebusco en el recetario de mamá qué hacer para cenar o almorzar. Disfruto guisando, y nunca he olvidado sus magistrales enseñanzas que ahora aplico en mi vida personal y profesional.
Os dejo mi receta preferida

Pastel Terapéutico

1 Taza de Educación
1 Taza de Escucha
1 Tazas de Comprensión
2 taza de Tranquilidad
3 Tazas de Empatía*
1 Taza de Buenas palabras
1 taza de Sonrisas
1 taza de Ternura
5 cucharadas de perspicacia
4 Litros de Sentimientos
1 Barril de Conocimientos

Poner sobre una superficie plana la educación formando una montaña, hacemos con los dedos un hueco en el centro de ella y vamos añadiendo la escucha, la comprensión y los sentimientos. Amasar con suavidad hasta que comience a adquirir consistencia, es el momento de mezclar con la tranquilidad y  la empatía. Con un rodillo damos forma de lámina a esa pasta y forramos un molde con ella.
Derretir las sonrisas, la ternura y las buenas palabras al baño María y verter sobre la pasta.
Recubrir todo con los conocimientos y hornear durante treinta minutos. Espolvorear con unas cucharadas de perspicacia antes de servir.

El médico dará una  ración de este pastel terapeútico a cada paciente.

*Empatía: Ponerse en el lugar del otro.
 
Otros compañeros con sus habilidades en Tésalo
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Premios de amigas

El final del día me ha llegado con dos premios de mis amigas  Elena y Nancy.
El de Elena ha sido el primer premio personalizado que he recibido. Gracias por acordarte de mí (lo pongo en la columna de la derecha).

El de Nancy tiene unos requisitos que paso a cumplir

el Premio Amig@s de Internet de Nancy


Al recibir el premio debo:


1- Enlazar al blog que te lo entregó (ya está, en el nombre de mi amiga).


2- Poner en tu blog las reglas (ya están puestas).


3- Entregar a seis amigos (Se los entrego a todos)

4- Avisarles en su blog que tienen un premio (Ya les aviso desde aquí: Venid amigos a recoger vuestro premio)

5- Contestar las siguientes preguntas:

a- ¿Por qué te decidiste a tener un blog?
Porque era una forma de encontrar a gente como yo interesada en contar hstorias.
b- ¿Cuánto hace que lo tenés?

Cuatro meses y trece días (desde el 2 de agosto de 2009).
c- ¿Qué sentimientos tuviste a través del mismo?
Muy gratificante
d- Has hecho muchos amigos?
Eso espero
e- ¿Qué significa la amistad?

Un hermoso regalo
f- ¿Qué te gustaría decirle a un amigo hoy?
Gracias por estar ahí.

Gracias Nancy
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Esta vez tampoco quedé finalista...


Intento aplicarme estas palabras y seguir adelante...

El fracaso no significa
que somos unos fracasados
Significa que todavía
no hemos tenido éxito

El fracaso no significa
que no hemos logrado nada
Significa que
hemos aprendido algo

El fracaso no significa
falta de capacidad
significa que
debemos hacer las cosas de distinta manera

El fracaso no significa
que somos inferiores
significa que
no somos perfectos

El fracaso no significa
que hemos de echarnos atrás
significa que
hemos de luchar con más ahinco

El fracaso no significa
que jamás alcanzaremos nuestras metas
significa que
tardaremos más en conseguirlas

Autor desconocio (corregido por mí)

El título de esta entrada no es mío, lo tomé prestado de un blog amigo, que me es imposible recordar ahora, pero que al leerlo me sentí identificada. Por eso lo uso. Si llegas por aquí, dueño/a de este título, dímelo, por favor
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martes, 10 de noviembre de 2009

El último viaje de Elena (III)



El avión se puso en marcha camino de la pista de despegue y Elena se agarró con fuerza a los brazos de la butaca mientras miraba por la ventanilla. De nuevo sintió palpitar su corazón. Desde hacía días, ese órgano  poseía un ritmo propio que ella era incapaz de controlar. De pronto, una mano se posaba sobre la suya y giró la cabeza.
—No te preocupes. Cierra los ojos y verás que estupenda sensación. No hagas caso del ruido. Aíslate y fantasea con unas enormes alas con las que vas a comenzar a volar. Es lo que yo hago siempre.
Elena hizo lo que le aconsejó su compañera y comprobó que llevaba razón. Se sintió como un pájaro, libre de ataduras y con el cielo por morada. Abrió los ojos y le agradeció las indicaciones. Ella le respondió con un entrañable apretón en la mano y una tierna sonrisa.
—Perdona, no me he dado cuenta y te he tuteado —le dijo la chica.
—No importa, vamos a compartir muchas horas en este avión.
Abrió el bolso para coger un pañuelo y vio la tarjeta postal, una instantánea de la Estatua de la Libertad con Nueva York al fondo. La sacó y volvió a leerla de nuevo. “Nunca he podido olvidarte. Nueva York es muy grande y sigo sólo. Siempre te esperaré. Ricardo”. La recibió hacía ya dos años. Desde entonces la mantuvo oculta entre su ropa interior para que Tomás no la descubriera.
—¿Un amigo o un novio? —preguntó la compañera.
Elena la miró extrañada y, sin saber cómo, empezó a relatarle la historia:
—Cuando comencé mis estudios de enfermería me enviaron a la sala de infecciosos. El profesor visitaba los pacientes acompañado por un estudiante de medicina: alto, moreno, y muy guapo. El chico me miró y yo me puse roja como una amapola, con la consiguiente risita por su parte. Después me enteré que se llamaba Ricardo y estudiaba el último curso de la carrera. Desde entonces, cada vez que nos encontrábamos nuestras miradas se cruzaban; y así, poco a poco, nos fuimos enamorando.
—¡Qué emocionante! —dijo ella.
—Es la primera vez que lo cuento. Nadie lo sabe. No sé por qué te doy la lata con estupideces de mi pasado. Discúlpame.
—No. Por favor, sigue. Me interesa mucho tu vida.
Elena no entendía cómo podía sincerarse con una desconocida, pero esa chica tenía algo que invitaba a confiar y ella necesitaba hablar con alguien. Demasiado tiempo en silencio.
—Pasamos unos meses tonteando hasta que me invitó a dar un paseo. Yo acepté de inmediato y nos citamos en el kiosco de la música del parque. Me puse mi mejor vestido y mi compañera de cuarto me peinó con un moño para parecer mayor. Nunca he olvidado la cara que puso cuando me vio aparecer por el paseo de los tilos. Me comía con los ojos y yo me creía la mujer más feliz del mundo. Paseamos durante un buen rato y luego nos escondimos detrás del enorme tronco de uno de los árboles y nos dimos nuestro primer beso. Fue mi primer amor y único amor.
—Has sido muy afortunada al poder sentir algo así.
—¿Tú crees? Cuando terminó el curso y nos despedimos, se me vino el mundo abajo. Además, al llegar a casa supe que mi madre estaba muy enferma. Nunca retomé mis estudios porque tuve que cuidar de ella. Ricardo intentó ponerse en contacto conmigo; mi padre se lo impidió. Su intención era casarme con Tomás, el hijo mayor de una rica familia del pueblo. Y así fue.
Al rememorar aquellos momentos, Elena volvió a sentir un intenso odio hacia su padre. Odio que no le impidió besarle cuando él en su lecho de muerte insistía en que le perdonara. Aprendió a vivir para los demás, a conformarse con lo que tenía.
—¿Qué pasó después?
—Me casé con diecinueve años con un hombre de veintiocho al que no amaba y que me llevó de pueblo en pueblo hasta que consiguió establecerse en Valladolid. Era director de banco. Visité a todos los médicos importantes de la época porque no me quedaba embarazada, hasta que con veinticinco años di a luz a su hijo y dos años más tarde a su hija. Había cumplido con mi función reproductora y comenzaba el cuidado de la prole. Noches de insomnio y días de preocupación sin nadie a mi lado, sin nadie con quien compartir la tristeza o la alegría; pero, eso sí, siempre dispuesta al requerimiento de mis funciones como esposa cuando a él se le antojaba. Así durante treinta y seis años. Sin personalidad propia, siendo sólo la mujer de Tomás. Hace dos años, recibí esta postal de Ricardo. La guardé como si fuera mi mejor trofeo. Aún me recordaba y me esperaba.
—¿Vas a buscarle?
—Sí. Aunque no tengo ninguna dirección. Sólo sé que trabaja en un hospital de allí. Pero no importa. Es el momento de comenzar a vivir. Cuando tomé la determinación de marcharme, sentí una gran liberación. Volvería a ser yo. Volvería a amar.
—¿Qué te hizo decidirse?
—Recibí un sobre.
—¿Cómo?
—Cogí del buzón un sobre a mi nombre que contenía un DVD, en el que habían filmado a mi orondo marido manteniendo relaciones sexuales con diversas mujeres relativamente jóvenes, en distintos lugares semipúblicos. Algún enemigo suyo había hecho un buen trabajo.
—¿Le dijiste algo?
—Nada. No merecía la pena. Además, no quería que me embaucara con su excelente palabrería. Lo guardé y en una semana, sin que se diese cuenta, lo preparé todo. Ayer, después de sacar el dinero que teníamos en la cuenta común, cogí el AVE a Madrid. Y aquí estoy.
—Has sido muy valiente.
—¡Qué va! Estoy muerta de miedo. No quería seguir viviendo en una mentira. Nunca le he querido y quizás tampoco él a mí. Lo poco que me quede de vida, quiero estar con Ricardo. Sé que ya no será el mismo, como yo tampoco lo soy; pero lo que surgió entre nosotros era sincero y puede resurgir, ¿no crees?
—El amor es lo mejor de la vida. Con amor nunca te sentirás sola.
—He tenido mucha suerte de que te sentaras a mi lado. Qué extraño es el destino. Siendo tan joven como eres y sin conocerte de nada he logrado contigo más confianza que con nadie en toda mi vida. Me alegra saber que piensas como yo. Voy a la búsqueda de mi primer amor. Me siento feliz. ¡Uff! ¡Qué sueño me está entrando! Llevo una semana que no pego ojo.
—Aprovecha para dormir. El viaje es largo. Sujeta con fuerza la postal y soñarás que estás con Ricardo.
—Gracias, eres un encanto. Despiértame cuando lleguemos, por favor.

El Mundo
Europa Press
Pasajera muere en un vuelo de Madrid a Nueva York.
E.G.J. mujer, de cincuenta y cinco años de edad, fue encontrada muerta en el asiento que ocupaba en el vuelo IB 6251 que salió ayer por la mañana de Madrid con destino a Nueva York. La pasajera viajaba sola, según hemos sabido. Interrogado el sobrecargo, manifestó que la tripulación pensaba que dormía y, dado que los asientos contiguos a ella no fueron ocupados, no se percataron de lo que sucedía hasta que el avión tomó tierra y se acercaron a despertarla. A la espera del dictamen médico tras la autopsia, todo parece indicar que fue un fallo cardíaco la causa del deceso.

FIN
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lunes, 9 de noviembre de 2009

EL último viaje de Elena (II)




Ahora, sin embargo, estaba aterrada, aunque el miedo disminuía a la vez que aumentaba la distancia entre ella y el asunto que la había forzado a tomar la decisión más importante de su vida.
En la agencia de viajes le habían reservado una habitación en un hotel cercano a Barajas. Hasta él llegó en un taxi y con una única maleta por equipaje. Se metió en la cama sin cenar. Llevaba una semana con insomnio. De un lado, la ansiedad que le provocaba el viaje que iba a emprender, y de otro los acontecimientos que acaecieron, suponían un lastre del que difícilmente podía librarse. Amanecía cuando se levantó harta de dar vueltas en la cama, sintiendo una arcada seca como única manifestación exterior del miedo que la asfixiaba por dentro.
Se vistió con un conjunto de pantalón y chaqueta que había escogido por su comodidad, tal como le habían recomendado para un viaje largo en avión; y cuando se miró al espejo para ponerse algo de maquillaje, comprobó que a pesar de las ojeras su cara seguía siendo agraciada y las arrugas le habían respetado hasta el punto de que solamente unas imperceptibles líneas atravesaban la frente y el entrecejo. Al pasar los dedos por ellas, le vino la imagen de la primera vez que las notó y del estremecimiento que sintió al darse cuenta de que enfilaba la recta final de la vida sin haberla vivido como ella hubiera deseado. A sus cincuenta y cinco años huía, pero no del suceso que la golpeó, sino de sí misma, de su vida de falsedad y aburrimiento, de todo lo que había querido aparentar en los últimos treinta y seis años sin llegar a creérselo ni ella.
Era la última oportunidad. En la nota que le dejó a Tomás antes de partir escribió: “No sólo es culpa tuya”.


A las ocho de la mañana se sentó en un taxi que en quince minutos la dejó en la puerta de la terminal. Se sabía de memoria los pasos que tenía que seguir, pero viajar sola le producía una gran inseguridad. Comprobaba de manera obsesiva que la cremallera del bolso estuviera bien cerrada y no perdía ojo a la maleta, no demasiado grande, donde había metido alguna ropa con la que comenzar su nueva vida.
Cuando entró en la zona de embarque, quedó sorprendida de la cantidad de tiendas. El hecho de llevar encima todo el dinero de la cuenta corriente compartida con Tomás le hacía sentirse poderosa. Sin embargo, por más que buscó no halló nada que fuera de su agrado. Al fondo vio una librería. Una sonrisa iluminó su serio rostro. Una revista y alguna novela eran lo mejor para ayudarle a soportar las ocho horas y media que duraban el vuelo.
Elena descubrió en la lectura una forma de escape a una rutinaria vida. Cuando sus hijos se fueron de casa, el vacío fue tan inmenso que creyó morir, unas veces de nostalgia y otras de aburrimiento. Gracias a La casa de los espíritus, de Isabel Allende, que por casualidad su hija dejó olvidada en el dormitorio, se sintió transportada a otra dimensión. Desde entonces, cuando comenzaba a leer una novela dejaba de ser ella y se identificaba hasta tal punto con la protagonista que a partir de ese instante era ella la que reía, odiaba, amaba, disfrutaba del mayor placer o se ahogaba en un mar de lágrimas.
El sol entraba como una lengua de fuego por los grandes ventanales de cristal invadiendo de luz y calor la sala de embarque del vuelo de Iberia 6251 con destino Nueva York. Aún faltaban treinta y cinco minutos, según marcaba el panel situado sobre el dintel de la puerta. Varios niños corrían nerviosos de un lado a otro sin que sus padres pudieran sujetarlos. En la cuarta fila de asientos, algo alejada de la puerta, se sentaba Elena intentando leer. Sus ojos se posaban en la página, aunque era incapaz de entender lo que veía. Su mente se encontraba en otro lugar.
Cuando vio que la gente se levantaba para acceder al avión, hizo lo mismo. En la cola, comprobó una vez más que llevaba la tarjeta de embarque en el bolsillo exterior del bolso y miró por enésima vez el número del asiento. Mientras esperaba nerviosa que le llegara su turno, repasó mentalmente el plan de viaje. Sintió un pellizco de angustia en el pecho al recordar que nunca había montado en avión y su corazón se aceleró de nuevo.
—La tarjeta y el pasaporte, por favor —le pidió la azafata.
—Tome —dijo Elena.
—Gracias y buen viaje.
Se introdujo por el túnel y el corazón comenzó a palpitarle con fuerza una vez más al ver la puerta que daba paso al interior del avión. Ya no había vuelta atrás. Dejaba una vida para empezar otra.
—Bienvenida a bordo. ¿Cuál es su asiento?
—El 11 A —dijo de memoria.
—Debe ir hasta donde se encuentra mi compañera —le indicó el sobrecargo.
Elena agradeció la información y allí se dirigió obediente. La azafata le dijo cuál era y ella se sentó. Se abrochó el cinturón a la espera de conocer al compañero de viaje mientras jugaba nerviosa con las manos y hojeaba, sin mucho interés, su revista.
Una chica alta y guapa con pelo rubio, largo y liso, vestida totalmente de blanco recorría el pasillo mirando los números de asiento. Elena deseó con todas sus fuerzas que fuera su compañera de butaca y cuando comprobó que así era sintió que todo saldría bien. La incertidumbre desapareció y volvió a sonreír.
—Creía que no llegaba a tiempo —dijo mirando a Elena—. El tráfico está cada vez peor. Era imprescindible que cogiera este avión y he tenido que presionar al taxista para que tomase un atajo. Pero ya estoy aquí, que es lo que importa. ¿Viajas mucho? —le preguntó.
—No. Es la primera vez que monto en avión. Sólo he viajado en tren, y poco.
—Yo estoy todo el día de un lado para otro por motivos profesionales. Es muy cansado.
Continuará


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EL último viaje de Elena (I)





El aire gélido se estampaba contra la cara de Elena sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo. Sus manos, ocupadas con cuatro bolsas de la compra para varios días, le impedían abrigarse con la bufanda que colgaba de su cuello.

Llegó al portal de su vivienda y como pudo extrajo la llave del bolsillo de su abrigo. Otro día que vengo cargada como una burra, pensó suspirando. En el portal, guarecida ya de la ventisca, dejó caer la compra en el suelo a fin de reponerse antes de emprender la subida hasta el piso. Al levantar la cabeza comprobó que un sobre de color marrón asomaba por la hendidura del buzón. No podía abrirlo porque su marido se encargaba de recoger el correo. Pensó que alguien podría llevárselo y tiró suavemente de él hasta que consiguió extraerlo. Enfiló la escalera subiendo despacio, como había hecho tantas veces desde que él se empeñó en mudarse a ese piso en un precioso edificio antiguo rehabilitado y sin ascensor.
Nada más entrar en el hall se sintió reconfortada. Dejó lo que llevaba en la cocina, aliviando sus maltrechos brazos. La casa estaba caliente y, al instante, le asaltó la imperiosa necesidad de quitarse la inútil bufanda y el abrigo.
Comprobó en el reloj que había tardado más de lo previsto y se dispuso a guardar la compra antes de comenzar a preparar el almuerzo. Cogió el sobre para llevarlo hasta el escritorio de Tomás y entonces descubrió que iba dirigido a ella. Confundida más que impresionada, lo abrió y extrajo de él un DVD como los que tantas veces había visto a sus hijos.

Cuando Elena cerró la puerta de su casa se le encogió el corazón. Con ese gesto puso punto y final a treinta y seis años de rutinaria convivencia con un hombre al que nunca había amado. Lo que más le dolía era dejar atrás a sus hijos y nietos, pero había llegado el momento. Era inevitable; no estaba dispuesta a seguir con aquella farsa.
Sentada en un moderno AVE que le alejaba vertiginosamente de Valladolid, contemplaba el paisaje que se dibujaba desde la ventanilla. El leve traqueteo del tren le llevó directamente a aquel otro, viejo y destartalado, que la trasladó de Medina del Campo a Valladolid para comenzar sus estudios. Tenía entonces dieciséis años y toda la vida por delante.
Su pensamiento voló a la inolvidable noche en la que a la hora de la cena se le ocurrió comentar que quería seguir estudiando para enfermera. Ninguna mujer de la familia lo había hecho antes. Su destino, según le aclaró su padre, por si no lo sabía, era el matrimonio y, a ser posible, con algún hijo de buena familia en todos los aspectos; sobre todo el económico, lo mismo que habían hecho sus hermanas mayores.
Elena lloraba, desconsoladamente, tumbada sobre la colcha adamascada que cubría la cama noche tras noche. Enfermó y se marchitó como una flor. Siempre seria y entristecida, no tenía fuerzas para respirar, se ahogaba y sólo quería morirse.
La madre, más preocupada que el padre, la llevó a don Nicolás, el médico, que le diagnosticó una neurastenia. Al conocer la causa,  el doctor, muy amigo de su padre, intercedió por Elena convenciéndolo con argumentos a favor de los importantes cambios que se estaban produciendo en el mundo; en poco tiempo todas las mujeres tendrían estudios. Además, le aclaró que la carrera que pretendía estudiar su hija era muy adecuada para una mujer y que debía sentirse orgulloso de que dedicara su vida al cuidado de los enfermos.
Tras unos días de conciliábulo, el padre se ablandó y a la semana siguiente viajaron a Valladolid para formalizar la matrícula. Encontró hospedaje en una residencia para señoritas regentada por monjas, a la que acudieron por recomendación de doña Úrsula, la viuda del farmacéutico, que frecuentemente viajaba a la ciudad para reunirse con su querido hijo que vivía allí desde que terminó los estudios de Ingeniería. A finales de septiembre, con una maleta de cuero que había rescatado del desván de su casa, se montaba en el tren con más ilusión que miedo...
Continuará


Dibujo de Gustav Klimt, tomado de: http://mash.net78.net/blog/category/ARTE/pintura/
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viernes, 6 de noviembre de 2009

Sábados literarios de Mercedes

El lugar desde el que  escribo


Inspiración

Mi interés por la escritura surgió en un cementerio.

Tras probar con diversos trabajos y oficios me encontraba en un período de reflexión, más bien largo, en el sentir de mis padres que de manera continúa me acuciaban a que dejara de meditar y buscara algo con lo que mantenerme. Dábamos sepultura al tío Remigio y amaneció gris y frío como siempre que un suceso luctuoso te lleva al Campo Santo.

Me situé en segunda fila, la destinada a los sobrinos no carnales, y observaba con desidia, embutida en un grueso abrigo y envuelta en una larga bufanda, como descendía la caja al fondo de la fosa. Mi tía Dolores, la viuda, lloraba calladamente y apretaba, con fuerza, unas gerberas blancas que un anónimo le entregó en cuanto las arrancó de una corona.

Sucedió en un instante. Mi tía se acercó al filo para lanzar las flores que tenía entre las manos y una fracción de segundo después, caía, despanzurrada, dentro de la tumba. ¡Dios, mío! Cien kilos de Dolores esparcidos sobre el ataúd.

Un ¡oh…!, entonado a coro por los presentes, precedió a la maniobra con la que los sepultureros se aprestaron a subirla. Me tapé la boca con la intención de abortar una carcajada que amenazaba con salir de mi garganta y al mirar, como quien no quiere la cosa, a mi alrededor contemplé como entre el resto de parientes y amigos del difunto unos volvían la cara, otros inclinaban la cabeza y la mayoría hacían como yo, ahogar la risotada con disimulo. Fue en ese preciso instante en el que sentí la necesidad de poner por escrito aquello que acababa de presenciar.

Y así lo hice. Llegué a casa, cogí una libreta, un bolígrafo y me dispuse a relatar lo ocurrido. Una, dos, tres….cincuenta veces arranqué la hoja escrita y la arrojé, hecha un gurruño, a la papelera que las devoró como un monstruo hambriento. Insistí, y a la sesenta supe, con certeza, que lo escrito reflejaba lo que quería transmitir.

A partir de aquel día camino por la vida buscando inspiración. Si mi espíritu percibe algo que le impresiona, en la calle, en el trabajo, en el coche, en la consulta… lo anoto. Durante el fin de semana, con tiempo por delante, subo a mi refugio: una habitación acristalada, desde la que contemplo el cielo y a mis plantas bailar al pairo del viento. Alejada del teléfono, de ruidos y de familia, pero acompañada de mi perra, Popy, que acomodada en su cama ronca a mi lado, voy al encuentro de las Musas, y cuando la papelera se llena a rebosar de arrugadas bolas de papel, el recuerdo de la tía Dolores me hace sonreír.


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miércoles, 4 de noviembre de 2009

FELICIDADES





Con unos pocos días de retraso, pero sin querer dejar pasar el momento tengo que felicitar a Internet por sus cuarenta años.
El 29 de octubre de 1969 se compartió por primera vez un documento entre dos ordenadores, un hito en la historia de la humanidad comparable al invento de la imprenta de Gutenberg.
Pero en estos cuarenta años, la red ha cambiado tanto que lo que en su día fue una revolución ahora nos parecen objetos de museo. De hecho, la World Wide Web es veinte años posterior al primer envío de información.
Leonard Kleinrock (nació 13 de junio de 1934) es un científico de la computación y profesor de Ciencias de la Computación en la UCLA, autor de diversas contribuciones extremadamente importantes en el campo teórico de las redes de ordenadores y nunca pudo imaginar que fenómenos sociales de escala global como Facebook, Twitter o Youtube serían fruto de la invención que acababa de dar a luz a su equipo: Internet. Él consiguió conectar un ordenador de la Universidad de California con otro de la Universidad de Stanford; eso ocurrió en 1969, y lo demás es historia ya conocida por todos. No deja de ser curioso de todas formas, el hecho de que el propio Kleinrock imaginó en su momento que la comunicación sería entre máquinas, no entre personas, tal y como ocurre cada vez más gracias a las redes sociales.

Y ahí es a donde yo quería llegar. Con independencia de los que suponga desde un punto de vista exclusivamente científico, Internet ha conseguido comunicar a millones de personas, algo impensable años atrás. La comunicación se ha extendido, globalizado, generando un tipo de relación interpersonal que está por describir y definir con rigor. Los detractores de la red y del ordenador propugnan la anomia que conlleva una relación mediatizada por una computadora, sin embargo aunque sea así el contacto a través de Internet posee una información más allá del contenido concreto: lo que se dice, cómo se dice, cuando se dice, lo que se calla, lo que se pregunta, incluso el lugar o el modo como los interlocutores han llegado a tener ese contacto, etc. se convierte en el marco que da sentido. Pero probablemente la imaginación empezará a funcionar antes que en otro tipo de interacciones, unos preferirán quedarse con sus fantasías, otros optarán por lanzarse y preguntar, algunos tenderán a la desconfianza y otros aprovecharán las circunstancias y expresarán más de lo que comunican en sus relaciones diarias.
La mayoría de nosotros entramos en Internet por una curiosidad intelectual, el principal incentivo es la búsqueda de información, pero posteriormente ésta deja paso a la relación con los demás como primera motivación para continuar en la Red. Es entonces cuando las personas empiezan a unirse por intereses, en las listas de correo, los chat, etc. y los lazos comienzan a estrecharse.
Yo soy un claro exponente de ello y este blog mi insignia.


http://www.elmundo.es/elmundo/2009/10/26/navegante/1256551638.html
http://www.cop.es/colegiados/ca00088/pag14.htm
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lunes, 2 de noviembre de 2009

Nos encontramos








Mercedes vino a "su" Córdoba en visita familiar y tuve la suerte de poder reunirme con ella. Comprobé de primera mano que en persona es mucho mejor de como la imaginé cuando se ofreció amablemente a ayudarme con un texto y en los posteriores mensajes que cruzamos.
Tras la primera duda de si yo era en realidad o no porque mi pelo era más largo que en la foto del blog (frecuente cuando el primer contacto que se tiene es virtual) nos dispusimos a pasar un buen rato. Charlamos, junto a su encantadora hermana Carmina, de todo aquello que se nos ocurrió y por supuesto de literatura. El timpo pasó volando y al poco nos despedíamos, con la firme decisión de un nuevo encuentro, aquí en Benalmádena o donde sea.
Mercedes es inteligente, despierta, risueña, amable, educada, cordial y llena de vitalidad, por nombrar algunos de las cualidades que he descubierto en ella, amén de enorme corazón.
La visita de Mercedes ha sido para mí un soplo de aire fresco en este enrarecido y complicado, para mí, mundo de la literatura.
Gracias por tu visita y tu amistad.
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